lunes, 14 de febrero de 2011

El blog de Janire



Janire tendría como cosa de quince años cuando hace al menos otros quince que la perdí la pista. No era más que una niña, una mocosilla, las cosas como son. Y tampoco podría aventurarme a lanzar una opinión sobre ella. Ni buena, ni mala. Por una parte, debido a que tampoco la conocí lo suficiente y no pretendo juzgar. Tampoco soy quien. Y por otra, que son ya muchos los años que han pasado y tampoco me acuerdo. Digo yo que típica niña con cien millones de fantasías, sueños locos de adolescente y muchas ostias por pegarse en esta puta vida. Es lo que hay. Ni más, ni menos.

No hace mucho, se me cruzó uno de mis tantos cables y en un cortocircuito cerebral de los tantos que me dan, rebusqué entre mis dos enormes, viejas y desgastadas cajas de zapatos, repletas de todas aquellas cartas que recibí en otros tiempos a lo largo de mi edad del pavo y del postpavo, con el objetivo de buscar y con suerte encontrar a aquella gente que olvidé o que me olvidó por culpa del tiempo, de la distancia o por simple falta de interés, y gracias a los remites de los sobres, intentar localizarles en este otro siglo a través del Facebook. Y Janire fue una de esas personas. Que igual ni se acuerda, pero conservo un par de cartas suyas mataselladas en Francia, creo que allá por el 96.

Por su perfil de la página social mencionada, descubrí que como yo, ella también tenía un blog. Pero no un blog cualquiera. Nada que ver con este que estás leyendo ahora. El suyo no es un blog donde Janire exprese aquello que se le pasa por la cabeza, haciendo crítica o metiéndose con todo bicho tonto y raro viviente. Tampoco es un blog divertido, ni de los que de verdad agrada del todo leer. Pero no me malinterpreten, porque a mí me ha encantado. No me hizo falta más que empezar a leer, para darme cuenta de por donde iban los tiros. Y me impresionó hasta el punto de que ya no pude parar. Y una vez situado, decidí buscar su primera entrada y leerlo al revés. Quiero decir, empezando desde el principio, cuando Janire empezó a escribir hace ya casi tres años e ir leyendo hasta la actualidad. Creo que he sabido explicarme, verdad? No obstante, creo que es así como se deberían de leer todos los blogs cuando uno entra por primera vez. Puede que el mio también. Pero en este caso tampoco es del todo necesario. En el de Janire, sin duda, sí.

El caso es que Janire, aquella a la que perdí la pista hace ya más de una docena de años, había pasado por una enfermedad de esas que no dejan indiferente a nadie que la padece. Y en su blog no solo habla de temas relacionados con dicho mal, sino que además intenta darnos a conocer casos similares al suyo y nos explica como nadie en que consiste, por ejemplo, ser donante de médula. Aunque lo que más me sorprendió, y por cierto, me ha llevado a escribir esto, es como cuenta el día a día de su enfermedad. Con una valentía asombrosa. Ganando terreno al miedo. Y con una sinceridad que hizo que se me pusiesen los pelos de punta. Nos recuerda que tenemos que vivir cada día como si fuese el último de nuestras vidas. Y cada año, como si de repente alguien nos dijese que este era el último. Porque seamos sinceros; la señora de la guadaña pasea a diario junto a nosotros. Como bien dice mi suegro, calle arriba, calle abajo. Decidiendo a quien coño llevarse con ella esta vez. Quien sabe si a un sitio mejor, pero por si las moscas, mejor que pase de largo también esta vez.

Y cosas así, como las que cuenta Janire, te hacen ver lo frágiles que somos. Hoy tenemos unos proyectos estupendos y mañana todo esto puede esfumarse y nuestra única inquietud consiste en la mera supervivencia. Y me hace regresar a aquellos días de no hace tanto, cuando un médico un tanto hijo de puta y sin escrúpulos me dijo de buenas a primeras que yo tenía cáncer. Y me pasé una semana dándole vueltas a toda mi vida. Cagado de miedo, pero plantándole cara como nunca hubiese imaginado. Pensando en mi hijo y en mi mujer. Y en lo puta que era la vida. Aunque tras soltar unos duros en la medicina privada, por aquello de que la salud es lo primero y en casos como este que le den por el culo al dinero, descubrí que el tal Doctor Robador, así se apellidaba y se seguirá apellidando, había confundido mis pruebas con las de otra persona, que encima ya ni siquiera formaba parte de los vivos. Manda cojones. Mi angustia duró solo una semana, pero me pareció toda una vida. Y aunque ganas no me faltaron de partirle el careto a aquel subnormal de bata blanca, otros de su gremio me recomendaron no hacerlo. Al fin y al cabo, había sido un error y yo estaba perfectamente. Decidí entonces olvidarlo, aunque creo que aun no lo he conseguido.

Por ello que entiendo a mi vieja amiga Janire. Aunque me alegra saber que a estas alturas todo está bien. Que lo ha superado. O en esas está. Y por ello desde aquí, os animo y qué cojones, os suplico que entréis en su blog. Que lo leáis. Que le prestéis atención. Que dejéis de cruzaros de brazos y de miraros solo el ombligo. Que os hagáis donantes. Donantes de órganos. Donantes de sangre. Donantes de médula. Donantes de vida.

(El blog de Janire de momento no está en servicio, debido a una decisión personal)