sábado 7 de noviembre de 2009

Los queremos en casa



Estamos aquí ante un tema delicado. Extremadamente delicado. Y ojalá que en pocos días se solucione de forma positiva y esta entrada pierda todo el interés, aunque por el camino que van las cosas, el final se antoja lejano y agónico para su entorno más cercano.

He hablado con muchos de mis amigos y conocidos sobre el tema y hay opiniones para todo. Y lo peor es que a ninguno les falta su parte de razón. Unos dicen que sabiendo que aquellas aguas son peligrosas, que para qué cojones van allí. Que es como pasear con veinte añitos y estando buena por el barrio chino. Otros, a ese mismo comentario le añaden la prohibición del Gobierno Vasco a los barcos cántabros de pescar en aguas vascas. O lo que es lo mismo, lo mío, mío, y lo tuyo y lo de los demás, de todos. Otros muchos y sin tampoco faltarles su buena parte de razón, hacen referencia a la alarmante crecida de la delincuencia de calle, con atracos a comercios y a personas físicas un día sí y otro también y tampoco nos colocan a un policía o un militar armado hasta las cartolas en cada tienda, restaurante, gasolinera o portal para evitarlo.

El caso es que ahora y dejando de lado tanta y tan poco productiva reflexión, muchos trabajadores de la mar están en grave peligro. Tantos como treinta y seis. Y eso no podemos permitirlo. Y algunas almas de cántaro aprovechan mientras para sacar tajada política del tema a toda costa, cambiando incluso de chaqueta las veces que haga falta. Los nacionalistas vascos solicitan la presencia urgente en los atuneros de un ejercito español al que nunca ha querido ver ni en fotografía. Los populares le piden al gobierno que tome unas medidas que ellos mismos tampoco tomarían de estar en el poder, pero ponerse del lado de la lógica consigue futuros votos. (Aunque la postura de ambos partidos en estos momentos se agradece, las cosas como son). Y los que faltan, los del poder, los que gobiernan, erre que erre en sus trece de no hacer nada y contar que lo hacen todo. (Palabras de los allegados de los secuestrados). Y aunque algunas voces se oyen en sus filas para que muevan ficha rápidamente, quienes han de tomar la decisión, se hacen los locos y le pasan la pelota a la Justicia. Esa misma que a la vez que alega no ser legal soltar a los negritos de marras, permite el libre albedrío por despachos de chorizos, mangantes y meapilas del mundo político más corrupto que hayamos tenido jamás en democracia. De antes mejor ni hablar. Y es que bien podían haber cerrado el pico unos y otros, pero fanfarrones como niños de colégio, corrieron a presumir de hazaña. Como si juzgarles aquí cerca les colgase más medallas. Que en boca cerradan no entran moscas. Y ya se sabe de la buena relación existente entre moscas y la mierda. Y cagarla, la han cagado pero bien.

Y tras ello, dale que dale con que no se pueden meter militares en los atuneros. Que la Ley no lo permite y tal. Pues si no lo permite, se cambia la ley y a tomar por el culo. ¿O acaso no se cambian otras leyes cada dos por tres? Fíjense en la de Tráfico, que cada poco la complican un poco más. Y tú y yo a callar. Eso sí, corriendo el armador con todos los gastos que ello conlleve, que a mí también me acojona pasar por ciertas sitios y nadie no me acompaña ningún armado.

Será mejor, digo yo, tener a los soldaditos allá en Afganistán, en una absurda guerra que no va con nosotros. ¿Verdad?. O preparándose mañana, tarde y noche para desfiles que aburren hasta al mismísimo rey. Sin ser conscientes - o sin querer serlo - estos ministruchos de pacotilla, de que ellos no se toman ni un mísero café si no es compañía de sus cuatro o cinco escoltas, a veces más. Por no hablar de aquellos mítines, bodas oficiales, actos inaugurales o demás gilipolleces burocráticas de los huevos en las que además movilizan a cientos de agentes de todas las policías, incluso la local, que a veces llegan hasta sitiar cualquier ciudad como si estuviésemos en guerra. Helicópteros y tiradores de elite incluidos.

Y me pregunto yo: ¿como serían las cosas si en vez de treinta y seis marineros secuestrados, fuesen treinta y seis ministros?

Por mi parte, cansado de tanta palabrería barata, de tantas sandeces, hipocresías, afán de protagonismo y demás tontería política y judicial, quiero en sus casas a todos los marineros y tripulantes del Alakrana. Y los quiero ya. Que suelten a esos dos membrillos, que de poco o nada nos sirven detenidos y lo que nos interesa es lo que nos interesa. Y si las leyes están para darnos por el culo en vez de para protegernos, que dios nos pille confesados. A mí que me borren de esta mal llamada democracia.


Va por ellos. Y por su libertad.

jueves 29 de octubre de 2009

Paracuellos y otros cuentos





- ¿Que haces leyendo un puto tebeo? - fue la pregunta que hace ya un tiempo me hizo un compañero de trabajo (por denominarle de alguna manera) cuando me vio leyendo "Paracuellos". Yo me limité a mirarle con la misma cara que se les mira a los idiotas y le respondí que aquello no era un tebeo sin más. Aquello era una puta obra de arte. Y solo un ignorante sin remedio y un paleto de media tinta como él, podía ser capaz de escupir semejante chorrada y quedarse tan ancho.

Paracuellos puede ser un tebeo. De hecho lo es. O un cómic. Como cada uno prefiera. Aunque personalmente prefiero llamarlo tebeo. Cómic me resulta friki, aunque no sabría exponer una buena razón. Pero no es un tebeo cualquiera. Es Paracuellos. Una gran obra de Carlos Giménez que gira en torno a unos niños que no tuvieron nada. A veces ni un mísero trozo de pan que llevarse a la boca. Unos críos que vivieron una etapa que jamás debería de haber vivido nadie. Y mucho menos un niño. Paracuellos relata las vivencias de unos niños huérfanos y algunos otros con sus padres encarcelados simplemente por no pensar de la misma forma que sus carceleros. Paracuellos es la triste realidad de unos niños que sin comerlo ni beberlo tuvieron la mala fortuna de nacer poco antes o en el mismo momento de que estallase una guerra que nunca debería de haber empezado. Y como no, en Paracuellos aparecen también algunos personajes adultos, casi siempre en forma de educadores o educadoras que reflejan la cantidad de hijos de puta que vivieron a sus anchas en unos tiempos que nunca debieron existir. Y encima creyéndose ellos con la razón absoluta y bajo el amparo de las Leyes y de una iglesia no tan justa como siempre nos han hecho creer. Paracuellos se desarrolla en el Hogar de Paracuellos del Jarama, un lugar al que se le coje mucho asco tan solo a través de unas pocas viñetas.

Paracuellos es uno de esos libros que no te cansas de leer. Una vez. Dos. Tres. Y las que haga falta. Nunca cansa. Y es uno de esos libros, cómics o tebeos, que cada cual lo llame como se le ponga en la punta del nabo, que deberíamos leer todos. Niños y mayores. Aunque solo sea para saber lo que pasó. Para que todos nos sintamos aunque solo sea por un rato y sentados en el sofá de nuestra casa, como se sintieron aquellos niños. Para que nos demos cuenta de lo miserable que puede llegar a ser nuestra especie. De lo miserables que fueron muchos

Ahora, tres o cuatros años después de aquella primera lectura de Paracuellos, que por cierto, aun no he dicho, me recomendó Alberto, un viejo amigo de Mérida del que ya he hablado en este blog más veces, me he hecho con la colección de "36-39 Malos Tiempos", del mismo autor. Al igual que Paracuellos, no son más que cuatro putos tebeos. Pero cuatro tebeos que también todos, niños y mayores, deberíamos de tener en nuestra estantería, aunque solo fuese para echarles un ojo de vez en cuando y darnos cuenta de lo que vivieron muchos de nuestros padres o abuelos y que esperemos no vuelva a pasar. Nunca jamás. Bajo ninguna circustancia.

"36-39 Malos Tiempos" trata sobre la Guerra Civil española. Como dice su autor al principio de sus cuatro obras: para muchos historiadores, la última guerra romántica. Para los que la vivieron, la guerra. Para mí, la puta guerra. La puta guerra organizada por el puto y miserable hombre hambriento de poder y de dinero. Y como dice una de las protagonistas en una de las viñetas: maldito aquel que disparó la primera bala. Él es el responsable de todas la muertes. Las de un bando y las del otro. Porque al final, que nadie piense que en un lado todos eran buenos y en el otro todos malos malísimos. Porque en ambos hubo mucho hijo de puta y en ambos murieron muchos que a buen seguro hubiesen preferido no tener que morir ni tener que haber apretado en su vida un gatillo.

En fin, que no voy a seguir, que una imagen vale más que mil palabras. Mi intención es solo recomendar estos libros, que estoy seguro, no os defraudarán. Unas verdaderas obras de arte de las que pocas veces se habla en prensa y televisión.

Por cierto, ¿mi libro preferido a día de hoy? Paracuellos. Sin lugar a duda. Sí, un puto tebeo. ¿Y qué?

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Paracuellos es una serie de seis libros, aunque existe una edición de bolsillo (recomendable al 100%) que los reune a todos en un solo volumen. (20 euros aprox.)

36-39 Malos Tiempos es una colección de cuatro libros. (15 euros aprox. C/U) De momento no existe edición de bolsillo.

martes 6 de octubre de 2009

Aterrizaje de aviones. Despegue de emociones.


Aquella era la primera vez que yo pisaba tierras malagueñas. Y mira por donde que sin saberlo ni predecirlo, se iba a convertir desde entonces en lugar habitual de mis vacaciones. Y sin relación alguna con dicho primer viaje.
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Era una noche de finales de agosto. Mis amigos, con los que compartía casa alquilada en una zona llamada Guadalmar y yo, decidimos que queríamos ver aterrizar aviones. Y es que el aeropuerto estaba a tiro de piedra de aquella casa de dos plantas con piscina, de la que solo veinte metros nos separaban de la playa. Playa incómoda para el paseo por ser de piedras en vez de arena, pero playa al fin y al cabo.
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Cogimos el coche y buscamos el lugar apropiado para poder ver aterrizar a aquellos mastodontes cuanto más cerca mejor. Preguntando se va a Roma. Y al aeropuerto de Málaga también. Y sin darnos cuenta, de repente nos vimos dentro de sus instalaciones, sin saber casi ni por donde habíamos entrado. Nos enteramos por una garita de la Guardia Civil, aunque nada más verla, dimos la vuelta como si nada hubiese pasado y allí nadie dijo nada. Ni ellos a nosotros, ni nosotros a ellos. Buscando la salida, pasamos junto a una patrulla de la Policía Nacional, que tampoco dijo ni hizo nada, aunque nos dio tiempo a observar que nada más vernos cogieron la pastilla de la emisora y alguna información pedirían sobre nosotros. Volvimos a dar la vuelta y aun no se como, logramos salir de allí. Dimos varias vueltas por los alrededores, pues no habíamos cesado en nuestro empeño y al final como por el humo sabe uno donde está el fuego, conseguimos encontrar un lugar privilegiado desde donde poder ver aquellos aviones. Nos pasaban rozando y daba la sensación de que si estirabas la mano, podrías tocarlos. Aunque no tocamos ninguno. El lugar estaba justo en un cruce, sobre un pequeño puente con barandillas a ambos lados. Aquello estaba desierto. No pasaba ni un alma. Serían la 11 de la noche. O las 12. Yo que sé. Aviones y aviones aterrizando. Era una pasada. Sentías el aire encima tuyo. Nuestro coche con matrícula de Vitoria aparcado en la cuneta a escasos diez metros. De repente se acercan unas luces. Luces azules. Se paran y miran el coche. Continúan hasta llegar a nuestra altura. Nos miran, pero como ya viene siendo costumbre en esta historia, no nos dicen nada. Continúan y se detienen más adelante. Da la sensación de que nos están vigilando. Las luces azules les delatan. No las apagan. Como si quisieran que nos diésemos por aludidos. Era un todo terreno de la Guardia Civil. Nosotros a lo nuestro, pero en nuestra conversación dejamos claro que aquello era raro. No habíamos hecho nada malo. Pero quizás ellos pensaron que tampoco habíamos hecho nada bueno.
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No volvimos a ver más aviones. De repente se apagaron las luces del aeropuerto y los aviones empezaron a aterrizar por el lado contrario. Lejos de donde estábamos nosotros. Quizá no fuese más que una casualidad. Alguna vez he oído que esto sucede cuando de repente cambia el viento. Pero aquella noche no soplaba ni un poquito. Y las luces azules seguían observándonos. Al final nos acojonamos. A ver si nos trincan por algo. Vete tú a saber. A veces la psicosis hace estragos. Y cuando el diablo se aburre, suele ponerse de tu parte. Decidimos marcharnos. Ya de vuelta nos perdimos. Entramos en un extraño poblado. Gente tocando la guitarra y dando palmas. Algunos nos miraban como se mira a quien nos es bien recibido. De nuevo marcha atrás y a volver por donde habíamos venido. Casi que parecía una pesadilla. Menos mal que no estaba solo y sé que todo fue cierto. De vuelta a casa. A nuestra casa alquilada. No era gran cosa, pero era acogedora. Lo bueno, que tenía piscina. Lo malo, la dueña, que era algo imbécil. Pelín indiscreta.
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Aquella noche escuchamos ruidos de sirenas. Y nos despertamos por la mañana con la noticia de que a escasos metros del aeropuerto se había caído un avión. Nosotros no teníamos nada que ver, pero remitiéndonos a todo lo aquí contado, empezamos a preguntarnos si no tendríamos problemas. Nunca los tuvimos. Pero me quedó esta anécdota para poder contar hoy aquí.
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Quizás otro día regrese a ver aterrizar aviones.

viernes 2 de octubre de 2009

Noche de miedo


Principios del mes de agosto, un año cualquiera de no hace muchos, aunque sí unos cuantos. Un bonito y pequeño pueblo zamorano del que ya he hablado aquí más veces. Algunos de mis amigos. Una poca de familia por parte materna. Mi madre, mi mujer, entonces aun novia y un servidor. Un paseo por la carretera después de cenar. La meta, al igual que lo había sido durante años y años en aquel pueblo, un lugar conocido como "el empalme", que no es más que un cruce de carreteras en medio de la nada. Solo una señal informativa te dice que cerca de allí hay vida. Que no estás perdido. Pero no es un cruce cualquiera. Aquel es especial, pero que nadie me pregunte la razón. No sabría explicarlo. Muchos años atrás tuvimos allí hasta un colchón medio escondido donde descansar. Suena raro, pero juro que es cierto. Y el lugar aun me emociona. A mí y a muchos. Quizás ya para siempre.
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Aquella noche llegamos a la meta como lo habíamos hecho decenas de veces antes. Quizá más de cien. Quien sabe si muchas más. A veces de noche. A veces de día. Unas andando, otras en bici. Una vez en el empalme, decidimos sentarnos un rato a descansar antes de iniciar la vuelta hacia el pueblo. Era de noche, pero había buena luz. La luna y las estrellas estaban de nuestra parte. De parte de los diez. Porque aun no lo he dicho, pero éramos diez. Y en noches así apetece charlar. Poco después algo llamó nuestra atención. La de todos. Un ruido. Como una voz. Y decía: - " eeooo" -. Una y otra vez: " - eeooo" -. Unos decían que aquello era una persona. Otros un animal. Pero, ¿qué animal?, ¿qué persona?. La voz seguía cada vez más cerca: "- eeooo -". "- eeooo -". Al final la cosa asustaba un poco y no por miedo, si no más bien por prudencia, decidimos bajar. Y digo bajar, porque el empalme está más alto que el pueblo. Un pueblo pequeño donde en invierno no llegan a cuarenta los que allí habitan. Y eso contando algún niño. Creo que hay más vacas que vecinos. Y ovejas. La noche estaba despejada. Totalmente despejada y llena de estrellas. Tantas, que daba la sensación de que no cogiese ni una más. Es lo bueno que tienen los pueblos. Las noches son preciosas. Pero de repente nos envolvió la niebla. Dejaron de verse la luna, las estrellas y casi hasta las jaras que bordeaban la carretera. Todo era niebla a nuestro alrededor. Una niebla espesa. Y aunque algunos trataban de justificarlo, yo no había visto aquello jamás. Y menos en verano. Poco después empezamos a ver una luz a lo lejos. Aparecía y desaparecía. Pero cada vez más cerca. Como una linterna. Pero una linterna gigante. A lo mejor como la de un faro de costa. - Igual es un coche - decían algunos. - O una moto - pues solo era una. Pero se movía muy rápido. Aparecía y desaparecía. Y no venía precisamente de la carretera. Seguimos andando hacia el pueblo. A veces nos reíamos, otras parecíamos acojonados. Pero incluso en los ratitos de humor, nadie quería ir en los extremos. Eramos diez y todos bajamos pegados. Unos a otros. Por el centro de la carretera. Como si allí hubiese miedo.
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Llegados al punto desde donde ya se divisa el pueblo, aquella niebla desapareció. La luz dejó de verse y aquel "- eeooo -" no he vuelto a escucharlo jamás. Ni a una persona, ni a un animal. Seguramente no fuese más que una tontería. Pero hoy, más de siete años después, reconozco que pasé miedo. Y estoy seguro que no fui el único.

sábado 19 de septiembre de 2009

¿La crisis de hoy o la crisis de ayer?

Mis abuelos jamás tuvieron televisor en su casa. La primera tele en blanco y negro que vieron mis padres, fue la misma que vi yo. Una sola para todos en el salón con dos botones. Uno el de la primera y el otro el de la UHF. Después vino aquella de 21 pulgadas en color. Tenía más fondo que pantalla. Hoy tenemos como poco un par de ellas. Incluso tres. Algunos más. Planas y de cuarenta pulgadas como mínimo. Imagenio, Digital Plus y parabólica con dos millones y medio de canales.
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Mi abuelo nunca supo lo que era el VHS. Mis padres lo descubrieron cuando lo compré yo, aunque nunca supieron utilizarlo. Hoy tenemos deuvedé grabador con 500 gigas, Blue Ray y disco duro multimedia grabador de última generación con hdmi, lector de tarjetas y varios puertos usb.
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Tus abuelos jamás llegaron a ver un ordenador. Tus padres aun alucinan con que tú seas capaz de manejarlo. Tú tienes el de sobremesa, el portátil, el neetbook y una pda. Cuatro llaves de memoria, escáner, impresora, router y un par de cámaras de fotos digitales con tarjetas de 8 gigas. Y lo que salga mañana o pasao.
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Mi abuelo escuchaba las noticias en una vieja radio mono colgada en la pared. Mi padre ponía cintas en aquel radio-cassette. Yo tengo un reproductor de mp3, un Ipod, tres amplificadores de sonido, dos sowbofer, home cinema, tres reproductores de cedé, mini-disc, plato giradiscos, 15 altavoces, dos millones de canciones en un disco duro que por cuestiones lógicas de tiempo jamás escucharé y un armario lleno de vinilos y cedés.
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Los abuelos te escribían cuatro letras cada mes. "Estimados hijos y nieto: solo cuatro líneas. ¿Que tal todo por la capital? Aquí en el pueblo todo bien. Llueve poco y aun tenemos el grano sin recoger. Muchos besos. Los abuelos". Tus padres no te dejaban ni acercarte al teléfono porque aquello salía caro. Y cuidadito con las conferencias. Tú tienes móvil de última generación que cambias cada año, un Iphone, inalámbrico en la sala y 20 megas de internet.
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Tus abuelos jamás salieron del pueblo más que para ir al médico. Tus padres era ese mismo pueblo el único lugar que pisaban en verano. Tú te conoces la cuarta parte de los hoteles y balnearios del país.
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Mis abuelos jamás pisaron un restaurante. Mis padres solo en bodas, bautizos y comuniones. Tú y yo no salimos de ellos. Por cierto... ¿cuando quedamos para comer?
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Tu abuelo viajaba en burro. Tu padre unos días en tren y otros en autobús. Más tarde y con mucho esfuerzo pudo hacerlo en Seat 127. Tu viajas en un Audi A no se qué, con asientos de cuero, gps y dvd. Y si el viaje es largo, dejas el coche en el garaje y te vas en taxi a coger un avión.
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Mis abuelos dormían sobre la paja. Mis padres en un barato Flex que apenas superaba el metro de ancho. Mi mujer y yo lo hacemos en un colchón viscolástico transpirable con vías de entrada y salida multi escape que aun no se lo que es.
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Tu abuelo bebía orujo y vino que hacía él. Tu padre cerveza con gaseosa y vino peleón. Tú, reservas de Rioja y cubatas de Brugal.
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Mi abuelo le cortaba el pelo a mi padre. Mi padre le cortaba el pelo a mi abuelo. Yo voy a la pelu una vez al mes.
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Mi abuelo no tuvo ni un juguete. Mi padre tampoco. Yo cinco o seis. Mi hijo los tiene todos.
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Tu abuelo nunca jugó. Tu padre se subía a los arboles. Tú jugabas conmigo a las canicas, a la peonza y al balón. A tu hijo le has comprado la Play, la Wii y la Psp.
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Mi abuelo no sabía leer. Mi padre compraba el periódico los domingos que madrugaba. Yo me compro revistas de coches, de fotografía, de salud, de informática, de humor y un par de libros al mes.
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Tu abuelo bebía el agua de la fuente. Tu padre del grifo. Tú, Solán de Cabras.
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Mis abuelos jamás tuvieron microondas, ni lavadora, ni lavavajillas, ni aspiradora, ni pañuelos de papel. Tampoco tenedores diferentes para carne o "pa" pescao. Ni siquiera gas en casa y jamás soltaron duro alguno a ninguna Oenegé. Tampoco pisaron en la vida un gimnasio, ni un solarium, ni un spá.
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¿De verdad que esta es la peor de las crisis? Anda ya...!

viernes 11 de septiembre de 2009

Pobre Don José.



Les presento al Señor Don José. Empresario. Dueño de una importante y conocida empresa de la que no daré datos para no perjudicar su imagen y también para no hacerle una publicidad que de momento ni me ha pedido, ni me ha pagado, elementalmente.
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Hablemos del Señor Don José. Hombre adinerado. Ruin y egoísta. Quizá algo explotador. Padre de dos hijas medio tontas, conocidas en su círculo como "las osea". Vive en un fabuloso chalet en las afueras de la ciudad. Jardín arbolado con piscina. Servicio las venticuatro horas. Segundo chalet en la costa mediterranea. Pero lo usa poco. Le gusta más ir de hotel. A veces Menorca. Otras Ibiza. Italia le encanta. ¿A quién no? Estados Unidos es otro de sus destinos favoritos. Solo por placer. Acostumbra a moverse en un Audi A8. Un cuatro mil doscientos con trescientos y pico caballos. En el puerto deportivo guarda un pequeño yate. También con servicio. Él solo no puede navegar. Tiene tela, pero no es muy listo. Lleva consigo a su patrón. Siempre bien cuidado. Una capa de pintura cada año. La salitres es muy mala para el lujo.
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Al Señor Don José no le iban muy bien las cosas. O eso decía. Se juntó con otros golfos como él con los que jugaba al pádel y al golf y lloraron un poco. El gobierno les ayudó. Les untó con dinerito. Dinerito del tuyo y del mío. De nuestros impuestos. De esos que con talante, amenazan con subirnos. Seguían llorando, pero un poco menos. Seguía viajando, pero solo por placer. No cambió de coche. Siguió con su A8, pero se hizo también con un Mercedes CL. Quería algo grande, pero más deportivo, solo para el finde. Casi veinte kilos. ¿Qué más da?. Durante la semana mejor el Audi. A veces vestía de Armani. Otras de Prada. Pero todo de serie, nunca exclusivo. No era tan importante. Un tipo sencillo, del montón. Así se definía. Que majo Don José. La gente se ríe con él, aunque no tiene ni puta gracia el tío. Será la tela, que hace reir. O el ser pelota. Que majo Don José.
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Poco después dijo no poder seguir adelante. Despidió a 300 de sus empleados. Puta crisis. Que mal trata a los poderosos. Porque los pobres ni se enteran. Si hoy no tiene, ayer tampoco. De seguir así, este año no repetiría ganancias. El pasado fueron 3.000 millones de euros. Este parece que solo van a ser unos 2.300. La diferencia es elevada. Pensará que no le llega pa vivir. Pobre Señor Don José. El gobierno se reune con él. Le promete más ayudas. Él dice que toda ayuda es poca. Que las cosas están mal. Que el gobierno no hace nada. Que el despido sale caro. Hay que abaratarlo. O mejor aun, por si cuela, ponerlo gratis. Y bajar los sueldos. Y subir las horas. Su empresa se hunde. Y nadie le comprende. Los bastardos de sus currelas se manifiestan los martes y los jueves frente a su empresa y la policía no hace nada. ¿Para eso paga impuestos Don José? Y para colmo gritan "readmisión". Como si yo pudiese pagarles tantos sueldos. Son 300 tíos... y cada uno se llevaba de mi empresa 900 eurazos al mes... serán desgraciados. Y solo trabajaban 11 horas al día. Deberían de darme las gracias. ¿Y todos aquellos años, qué? Ahora podrán pasar más tiempo con sus hijos. Si fueron previsores y ahorradores, no tienen de qué quejarse. El hambre con pan se pasa. Serán desgraciados... Que le dejen en paz. Pobre Don José. Tuvo que vender su Audi. Se sentía bajito montado en él y se compró un Porsche Cayenne. Mucho más alto. A donde vas a ir... Desde aquí os veo a todos. Pero Don José no se siente feliz. Las acciones han bajado.
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Pobre Señor Don José. Con los problemas que tiene y el resto de la gente, los currelas, los pringaos de medio barrio, dando tol puto día por el culo. Putos sindicatos. Les comen la cabeza. Pandilla de muertos de hambre. Dichosos socialistas. Acaban con el país. Basurillas de izquierdas. Esto no hay quien lo arregle. Si el generalísimo levantase la cabeza... Me conformaba con Aznar. Ese tipo sí que era serio. Que vuelva la derecha, coño.
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Yo le entiendo, Don José. Es mucha la tensión y usted no lo puede aguantar. Yo tengo el remedio. Le quiero ayudar. Tome, beba de esta, mi botella. Solo un trago. Un trago nada más. Es cianuro. Rico cianuro del bueno. Cianuro del mejor. Tome un trago e invite a sus amigos. Pago yo. Tome un trago y váyase a criar malvas. Solo un trago... un trago nada más.
Con todos mis respetos, que le follen, Señor Don José.




















A Tino, mi compi de currelo. Un tío grande y cojonudo que varias veces me dijo: habla de estos hijos de puta en tu blog.

miércoles 26 de agosto de 2009

Una de gallos.



Que las calles están llenas de gallos, es algo evidente. A la mínima que salta, la peña no se anda con charletas ni saca a relucir la buena educación que quizá un día le brindaron sus progenitores, si no que la emprende a bofetones porque sí. Sin más argumento que el que puede ofrecer un encefalograma plano. Pero igual de evidente es que siempre o casi siempre hay un roto para un descosido. Y al final quien a hierro mata... a hierro muere.
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El paseo se presentaba monótono, como casi todas las tardes. Y en esto que se escucha un frenazo. Les falta muy poco, pero no llegan a darse. En uno de los coches viajaban dos personas. Una de ellas, casi un anciano. Curiosamente, el que conducía. En el otro, el de la monumental pirula, el típico matón de mala muerte. Un tipo grande, calvo y con cara de pocos amigos, así como del estilo de los hermanos Matamoros, que va y se mosquea porque el abuelo del otro coche, aun con cara de susto, le ha pitado por su hazaña. Y es que han estado a punto de darse un buen ostión. Y todo por culpa del soplapollas cachitas así como de gimnasio de un día sí y el otro también. Y en esto que el pirulas sabiéndose fornido y fortachón, se baja del coche a grito pelao y se dirige hacia el hombre mayor, quien con cara de acojonado quizá piense en que la ha cagao. Que para qué habrá pitado y todo eso. El cachas le llama de todo y le dice que le va romper la cabeza. Y como aquello se llena de curiosos, el muchacho se envalentona un poco más y sube su tono de voz, invitando a apearse al anciano. - Tiene huevos la cosa - comenta alguno, pero nadie hace nada. Como para hacerlo, después de casos como el de Neira. El hombre entonces intenta seguir su camino, pero aquel mastodonte se pone delante, cada vez más gallo. Y todo por nada, porque el hijo de la gran puta ha sido él, que casi los mata a los dos, pero los gallos son así. Y en esto que le da un puñetazo a la ventanilla donde estaba sentado aquel hombre con cara de miedo, pero por suerte esta no se rompe. Aunque la hazaña termina con la paciencia de quien le acompañaba. Un tipo más joven y con cara de majo. De buena persona. Como si nunca hubiese roto un plato. Se baja del coche y se dirige hacia el notas casi sonriendo. El grande se crece y le suelta que le va a coser a ostias. Pero esto no desanima a aquel poca cosa a seguir acercándose al que no tenía ni una mierda de respeto ni tampoco educación. Y cuando el otro levanta la mano para sacudirle, no sé ni como ni cuando, el poca cosa con cara de bueno le sacude una patada en todo el careto y en esto se saca de no se donde una pipa, le apunta a la cabeza y cambia su cara de majo por otra de capullo y le espeta: - si vuelves a dirigirte a mi padre otra vez en ese tono, te vuelo la cabeza, cacho de mierda. Y haré lo mismo si otro día te vuelves a cruzar en mi vida -.
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La masa de gente se esfuma. Los cuatro que se quedan aplauden. El cara de bueno del fusco se guarda la pipa y vuelve a su asiento. El viejete sonríe y desaparece con el coche, seguro que pensando aquello de "batalla ganada". Y el notas de la pirula con cierto símil a cualquiera de los Matamoros, oliendo como huelen solo aquellos que se cagan encima, se dirige a la gente y les dice: - llevaba una pistola, llevaba una pistola. ¿Alguien le ha cogido la matrícula? -. Y un testigo de aquellos también con cara de buena persona le mira y le dice: - anda y que te den, gallo de mierda... Gilipollas. -.

miércoles 19 de agosto de 2009

La montaña del adios para siempre.


Con la montaña me pasa como con los toros. O con los encierros. ¿De verdad merece la pena arriesgar al límite tu vida por disfrutar un rato de algo que te gusta? Porque yo muchas veces he pensado: - coño, como me enrollaría volar... ¿y si me tiro de la azotea de mi casa? A lo mejor voy y pillo vuelo -. Pero al final desisto. No porque no me encantase la idea de volar, si no por que probablemente me metería un ostión de campeonato. Que aunque algunos luego juzgaran que "el Salva era la polla porque palmó haciendo lo que le gustaba", como que a mí eso no me va. Ni la polla, ni la repolla. Prefiero ser un mierda y seguir vivo disfrutando de los pequeños placeres de la vida, que jugármelo todo por un rato de orgasmo virtual. Y es que yo me tengo que morir, pero no quiero que sea ni follando ni comiendo chuletón. Y mira lo que gusta... Y al fin y al cabo, cosa parecida hace el yonky y "to dios" quiere sacarle de ese mundo.


Y es por ello que no acabo de entender el empeño de muchos montañeros en jugarse la vida en la montaña. Que sí, que cada uno es libre y hace lo que le sale de la castaña, - aunque el yonky esté peor visto -, pero aquí el menda no lo entiende. Lo curioso es que no puedo evitarlo y me llama la atención, porque de sobra es sabido mi odio hacia el fútbol, pero a diario busco en la prensa noticias sobre la montaña. Y flipo con Edurne Pasaban. Los cojones que le cantan a la tipa. Eso tiene "mérito", entre comillas, claro está, y no darle patadas a un balón. Pero coño, Edurne... ¿de verdad merece la pena? Que la vida es la mejor de las joyas. Y lo más importante: solo hay una. Una para ti y una para mí.


Ahora otra vez en boca de todos. La montaña vuelve a demostrarnos que la naturaleza es más fuerte y sabia que el humano. Y yo la creo. Le ha tocado a Oscar. Oscar Pérez. De Aragón. 32 años. A tomar por el culo. Y quizá más fuerte que su propia muerte - al fin y al cabo murió haciendo lo que le gustaba -, dirá mucho ignorante, puede ser la decisión de suspender el rescate. No me gustaría una mierda estar en el pellejo de Oscar, pero tampoco en el de cualquiera de los miembros del operativo de rescate. Tiene que ser muy duro decidir así. No dudo que ha sido una decisión inteligente. Pero tiene que doler. Aunque mañana volverán a jugarse la vida solo por hacer lo que les gusta. Aunque ello les ayude a morir un poco antes. Coño, les admiro. Les admiro y les respeto un huevo. Pero no puedo comprenderles. Y una vez más vuelvo a hacer incapié en los cinco bomberos muertos hace unas semanas, a los que se les dio mucho menos bombo y de los que ya nadie parece acordarse. Solo sus familias y yo. Unos mueren en acto de servicio evitando males mayores y otros intentando ser los primeros en colgarse medallas de escaso o nulo valor moral.


Lo que sí que me despista bastante, es pensar que en todo el puto globo terráqueo no haya una puta nave, un avión, un helicóptero, un parapente, un misil, una motonabo o qué se yo, capaz de llegar hasta allí. A seis mil y pico kilómetros de altura. Y sin embargo seamos tan listos - algunos, que yo no -, de mandar a tipos al espacio, a la luna, e incluso robotijos hasta Marte o hasta Venus. Como si allí la climatología fuese idéntica a la de Benidorm. Cuanta mentira y cuanta patraña. Pero cada uno que se crea el cuento que quiera.



Aunque no alcance a entenderles, a Oscar Pérez y a todo el equipo humano que hizo todo lo que pudo. Y como no, a esos cinco bomberos.

martes 18 de agosto de 2009

18 y 19 de Agosto en Lober


Hace ya muchos años, probablemente mucho antes de yo nacer, los días 18 y 19 de Julio se celebraban las fiestas en honor a Santa Marina en el pueblo que vio nacer mi padre. Como aquellas fechas pillaban a los lugareños en plena faena de la trilla, un trabajo duro que ya expliqué en este blog hace tiempo, los mismos vecinos decidieron cambiarlas a los mismos días del mes de Septiembre. Yo solo tuve ocasión de disfrutarlas un par de años y aunque era muy pequeño, recuerdo que aquellas fiestas se basaban en una pequeña verbena en la que con dos músicos era más que suficiente. Uno al tamboril y otro al acordeón. Aunque a veces el acordeón era sustituido por una dulzaina.

A mediados de la década de los ochenta, la gente que un día emigró a diferentes lugares de la península en busca de un futuro algo más prometedor y sobre todo los hijos de estos, entre los que podría incluirme, decidieron cambiar aquellas fiestas de Septiembre al mes de Agosto. La idea partía de una lógica aplastante, puesto que en Agosto el pueblo estaba lleno de gente y en Septiembre, para que andar con rodeos: allí no había más que cuatro gatos. Aun así, a muchos vecinos de aquel pueblo no les gustó nada la idea y durante al menos un par de años, creo yo que más bien por una absurda pataleta que por usar la razón, en aquel pueblo se celebraron dos fiestas. Las de Agosto y las de Septiembre. Unas con todos los veraneantes y aquellos vecinos que entendían el cambio. Otras con los cuatro gatos que no querían o no alcanzaban entender. Siempre bajo el punto de vista de quien suscribe. Al final cedió todo el pueblo y quedaron solo las de Agosto, sin tener nunca claro al finalizar un año, si volverían a celebrarse las del siguiente. El presupuesto era bajo y las orquestas caras.

Y desde entonces, cuento como una docena las veces que he podido disfrutar de aquellas fiestas, que aun siendo de lo más pobre que uno se pueda echar a la cara, para mí son de lo mejor. Guardo infinitos recuerdos de muchos dieciochos y diecinueves de Agosto en Lober. De aquellas verbenas que hoy se hacen sobre un pequeño y a veces cutre escenario y ayer se hacían sobre el remolque de un tractor. De las bombas que nos preparábamos a base de mezclar todo el alcohol que había en el mal llamado bar. De las horas y horas de botellón en el pajar de los abuelos de Juanan y Jose Manuel. De los partidos entre solteros y casados, que para un año que me da por pasar de público a jugar, va Gualter y me jode el pie de un patadón. Del buen rollo con algunos de los miembros de las orquestas, especialmente con aquella del 95, Caribú, y su voz cantante, Rosa Eva, con la que mantuve el contacto durante años, hasta que la distancia y el olvido pesó más que el buen rollo. De los enormes pedos que me pillaba con todos aquellos buenos amigos de medio mundo: Valladolid, Vitoria, Madrid, Zamora, Barcelona... Unos de veraneo en Lober. Otros en los alrededores: Gallegos, Tolilla, Flores, Rabanales o Valer. De amaneceres con resaca entre los montones de paja de la era. Y hasta de lo triste y duro que se hacía el día después, cuando todo se había terminado.

Hoy es de nuevo 18 de Agosto y a pesar de que me hubiese gustado, no puedo estar allí, aunque sé de sobra que a día de hoy ya nada sería lo mismo. Pero como leí no hace mucho no recuerdo donde, "la nostalgia es el patrimonio de los adultos".

viernes 7 de agosto de 2009

La coctelera de mis vacciones


Cuanta verdad hay en aquella frase que dice que lo bueno dura poco. Aunque luego algún iluminado lo intentase arreglar con aquello de que lo bueno y breve, dos veces bueno. Y así la masa tan contenta. Como aquella de lo del dinero y la felicidad. La felicidad la da la pobreza y el no tener donde caerte muerto, no te jode. Pero bueno, a lo que iba, que me lío y al final para nada.
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Mis vacaciones pasaron casi en un suspiro y hoy ya no son más que un recuerdo. Un bonito recuerdo, eso sí. Diferentes al resto de mis vacaciones. Muy diferentes. Pero no por ello peores, ni mucho menos. Todo lo contrario. Han sido mis primeras vacaciones con mi hijo y he disfrutado un montón con él. Y realmente he hecho todo lo que me ha dado la gana, así que creo haber llegado a la conclusión de que quien dice que un hijo te cambia la vida a peor, o miente o es bobo. Pero bobo con cojones. Claro, que no me he emborrachado ni tan solo un ratito, como me gustaba hacer en años pasados, pero es que tampoco me apetecía, así que sigo haciendo hincapié en que he hecho lo que me ha dado la gana. Estar con mi mujer y con mi hijo. Pasear, salir a cenar, ir a la playa, a la piscina, visitar a viejos amigos, merendar con tíos, primos y demás familia, comerme cientos de helados y beberme docenas de horchatas, mis tapitas, andar en bici y poco más. Vamos, que salvo visitar el barco de Chanquete - es la primera vez que voy a Málaga y no me dejo caer por Nerja -, he hecho lo mismo que hacía siempre. Pero esta vez con mi hijo. Y es que ha sido su compañía la que nos ha marcado esa gran diferencia, no el niño en cuestión.
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Y entre tapita de jibia frita y rebozada y horchata de chufa, fueron muchas las veces que durante mi estancia en Málaga quise escribir en mi blog, pero al final siempre tenía mejores cosas que hacer, aunque entre esas tareas estuviese también el no hacer nada y tocarme la vaina a veinte dedos. Porque ponte tú a pasear el portátil por ahí y a buscar una red wi-fi abierta... Anda ya...! Que prefiero seguir aquí tumbao. Además, como me dijo la extraña pareja de una muy buena amiga mía, ¿a quien coño le interesa leer la opinión de otro? Yo creo que por eso se leen tan pocos libros, pero a mí plim. Así que me quedé con las ganas de dar mi punto de vista sobre aquel muchacho fallecido en San Fermín. Que soy de los que están en contra de los toros, pero a la vez consciente de que sin corridas, estos no existirían. Y cuidadito con comparar la fabulosa vida que lleva un toro de lidia con la macabra de aquella res de engorde, matadero, a la brasa y al plato Que pocas voces se oyen en contra. Que si quieren lo explico mejor, pero a estas alturas queda poco por aprender sobre depende qué cosas. Y no juzgo los encierros, pero ni loco me pongo delante de un toro. Que bastante puta es la vida como para jugarte a los dados la muerte con ella. Que paradojas... Me dejan jugármela delante de un toro, pero no correr con el coche. - Lo malo de correr con el coche no es que te mates tú, si no que mates al que viene de frente -, justifica mi cuñado y razón no le falta, aunque a veces parezca el abogado del diablo. Que sí, coño, que sí, pero cojones, entonces que dejen de tocarme las pelotas con el cinturón y con el casco. Que ese sí que es tan solo mi problema. Tema aparte que también me alucina, es que posiblemente Pamplona sea el único lugar de toda España donde no se suspende un festejo cuando alguien muere derivado de un acto del mismo. En cualquier otro punto del estado hubiesen suspendido las fiestas. En Pamplona suben de nivel. Y a ver si mañana cae otro, coño... A San Fermín pedimos...
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Pero bueno, que coño puedo esperar del humano... El mismo que hace héroe y alaba a cualquier paleto millonario que vista de blanco impoluto, aunque su misión sea solo darle patadas a un balón. Treinta minutos para él de telediario, mañana, tarde y noche y tan solo un par de ellos para cinco bomberos muertos en acto de servicio. Ríete tú de los verdaderos héroes. Pero así es la vida. O así queremos, borregos en masa, que sea.
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Y puestos a mezclar churros con merinas, que es lo que estoy haciendo con esta entrada, que no tiene ni pies ni cabeza, diré un par de cosas que nada tienen que ver la una con la otra. La primera, es que debido a mi mala cabeza, durante mis vacaciones olvidé recargar la batería de mi vieja PDA y perdí un montón de cosillas que tenía preparadas para escribir en el blog. No es que fuesen interesantes, la verdad y menos si tengo en cuenta la opinión de la extraña pareja de mi buena amiga antes mencionada, pero vamos, que a mí me ha jodido. Tendré que empezar de nuevo.
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La segunda tiene que ver con aquella enfermera que la cagó hace unas semanas al equivocarse a la hora de alimentar a un bebé el cual falleció. Políticos, directores, y gallifantes varios corrieron a lapidarla, como si aquello hubiese sido un hecho aislado. Como si la culpa fuese solo de ella y no de quien la puso allí. Como si el sistema, o mejor dicho, la mierda de sistema, fuese perfecto y nunca nadie la cagase. Como si nunca se hubiesen tapado o pasado casos similares por alto. Como si todos fuésemos bobos y tan solo nos preocupasen los goles que va a meter en esta temporada el paleto de antes. Vamos, que aquí un servidor no justifica a la muchacha, pero si buscamos culpables, ella es la que menos culpa tiene de todos los implicados.
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En resumidas cuentas, que este verano me lo he pasado de puta madre. Y todo, gracias a mi hijo. Ah, y también a mi mujer, no sea que luego se me enfade.

viernes 29 de mayo de 2009

Mes y pico después... casi dos


Ya no se ni el tiempo que llevo sin escribir nada en mi Blog. Bueno, miento, porque en realidad sí que lo sé. Todos lo sabemos. A cada entrada le acompaña su fecha de publicación, pero es que tampoco se me ocurría otra forma mejor para empezar, qué coño. Así que insisto: ya no se ni el tiempo que llevo sin escribir nada en mi blog.
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Digamos que apenas saco tiempo para ello, pues no solo necesito los quince o veinte minutos que me puede llevar el teclear estas letras en un ordenador, sino en ocasiones horas, muchas horas de pensar. Porque ya de ponerse a la faena, hacerlo con fundamento, no? Aunque a veces aun pensando, uno no diga más que tonterías. Pero en un simple blog de un simple mortal, eso es lo de menos.
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Pero las cosas están como están. El papel que desempeño desde hace ya unos meses de padre me roba mucho tiempo. Demasiado. Aunque no sea esta la definición correcta, pues es una tarea que realizo con cariño. Pocas cosas hay más gratificantes que ver crecer a tu hijo. Verle jugar. Dormir. Comer. Sonreír. Hacerse grande. Y luego el trabajo. De noche. Siempre de noche. Soy de ese tipo de gente al que nunca gustó madrugar. Y eso de levantarse después de las 3 de la tarde solo es cosa de artistas de mala vida y de pringaos como yo, pero no me quejo, aunque al despertarme ya haya jodido medio día.
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Pero a lo que iba. Mi absoluto abandono del blog. Que ya me ha supuesto alguna regañina. Como la de la muchacha de Los Viernes Al Sol, que cada vez que me localiza por la red, bronca al canto. Y en este tiempo fueron muchas las cosas que quise contar, pero a veces y aparte de ese tiempo del que uno carece, la falta de inspiración y la forma de abordar ciertos temas, hacen que pase la ocasión. Y aunque vale más tarde que nunca, o eso dicen los remolones, en ciertas cosas el paso del tiempo hace que el producto caduque sin remedio.
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Quise hablar en su momento sobre la recuperación de Jesús Neira, pero hablar de ese gran hombre, suponía hacerlo también de una gran miserable. Y pasé. Quise hablar de Marta, la chica desaparecida de Sevilla, pero me pareció un tema demasiado serio y yo que me caliento enseguida, hubiese jurado más alto que lo que se suele jurar. Y al final la justicia acostumbra a ser demasiado injusta. Y pasé. Quise hablar de la final de la Copa del Rey, pero no de fútbol precisamente, sino de lo hasta los huevos que estábamos aquellos a los que no nos gusta y pasamos semanas aguantando el circo. Y pasé. También con la resaca de aquella dichosa final, quise hablar sobre las críticas que algunos lanzaron contra aquellos que hicieron negocio con la reventa de entradas. Como si el fútbol no fuese ya de por sí un gran negocio. Tiene cojones la cosa. Yo si hubiese conseguido alguna, la hubiese puesto a millón. ¿O es que los futbolistas son hermanitas de la caridad? Ni colores, ni sentimientos, ni pollas. La pela es la pela, cojones. Pero también pasé. Quise hablar de Antonio Vega. Para muchos solo un puto yonki hasta el día antes de morir. Sin embargo el día después era ya un gran artista. Para mí un simple gran músico y compositor. Ayer y hoy. Para otros, una dulce vía de negocio. Libro, disco, deuvedé y la madre que les parió a todos. Putas ratas de cloaca. - País de miserables, mire usted -, por si me lee algún gallifante de la industria. Y también pasé. Aunque mira tú, sin querer, acabo de decirlo todo. Quise hablar de nuevo de la muerte. De alguien que perdió a su padre como yo perdí al mío, pero no me atreví. Y tampoco saqué fuerzas. Ánimo, Silvia. Y quise hablar de otro montón de cosas sin apenas importancia, pero si no tenía que cambiar un pañal, tenía que aprender a jugar. Y si no vete tu a saber el qué, pero siempre sin parar. Pero aquí estoy. Nunca me fui. Y seguiré contando cosas. Aunque a veces no sean más que tonterías.

martes 31 de marzo de 2009

Lo que me gusta y no regalaré más


Aquella mañana de Reyes de 1.989, mi amigo Xaho me regaló un libro. Lo recuerdo como si hubiese sido ayer, a pesar de haber pasado ya más de veinte años. Estábamos en el Aitor, una taberna del barrio que parecía nuestra casa. Y es que a cualquier hora del día nos podían encontrar allí. Aquel libro se titulaba "El Profeta" y lo firmaba un tal Gibrán Kalhil. La verdad es que me encantó, pues hablaba de la vida. De la amistad. Del amor. Del matrimonio. De la familia. Del dinero. De los hijos... Aquel libro era una pequeña maravilla y una obra de arte, ameno y de fácil lectura incluso para mí, más preocupado entonces por mis quinitos de fin de semana y por babear por las niñas, que por la literatura. Pero me rendí al regalo de mi buen amigo y en una noche de insomnio me lo leí.

A partir de entonces, me pareció una buena idea seguir con aquella cadena que había iniciado mi amigo Xaho y decidí regalar de vez en cuando El Profeta. Visité varias veces la misma librería de Bilbao y me hice cada una de ellas con un ejemplar, pidiendo que me lo envolviesen para regalo. Y cuando lo regalaba, casi siempre contaba que a mí me lo habían regalado también hacía muchos años. Incluso envié algún ejemplar por correo.
Hace unos días leí algo sobre Gibrán en un periódico y de repente se me vino a la cabeza un curioso detalle: con el paso de los años, he perdido el contacto con todas aquellas personas a las que en su día les regalé el libro. Unos cayeron en el olvido y no tengo forma alguna de contactar. Otros abandonaron mi camino sin decir nada ninguno de los dos al hacerlo y algunos decidieron que yo no era buena persona para seguir queriéndome como un día lo hicieron. Hasta ese momento no me había dado cuenta de ese detalle. Incluso durante la mudanza, me había olvidado de aquel que en Reyes del 89 me habían regalado a mí, así que me decidí a buscarlo. Busqué en mi casa y busqué en la casa de mis padres. Pero no lo encontré.
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Quizá un día vuelva a buscarlo. O quizá no. Porque quien sabe si por estar desaparecido es por lo que aun después de estos veinte años, quien me lo regaló, la única persona que me queda relacionada con ese libro y yo, seguimos siendo buenos amigos.
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Si algún día lo lees, hazme un favor: cuentame si dentro pone algo sobre esto, que yo ya no lo recuerdo. Y si de repente te das cuenta de que ya sabes de quien es ese libro que tenías olvidado y que te dejaron hace tiempo... y que nunca devolviste... no me lo digas. Aunque corres el peligro de que algún día perdamos el contacto. Si es que no lo hemos perdido ya, claro está.

domingo 15 de marzo de 2009

Nerea

La verdad es que tuve mucha suerte al poder hacer la mili al ladito de casa. Tan solo pasé un par de meses dentro de un cuartel militar, donde salvo el capitán de la compañía y un par de sargentos bonachones, el resto de los mandos no eran más que una cuadrilla de desgraciados, sobre todo el más "pringao" de todos, el cabo primero. Un imbécil de reemplazo al que se le subió el papel a la cabeza de tal forma que fueron muchos los que juraron partirle la boca en cuanto terminase aquella mierda. Pero de esto quizá hable en otra ocasión. Hoy me centraré en Nerea.
Una vez terminados aquellos dos meses de instrucción en un cuartel militar cualquiera, pasé a realizar mis funciones como conductor de ambulancias en la Cruz Roja, institución a la que pertenecía desde dos años atrás ya y a la que aun sigo unido, aunque últimamente apenas puedo dedicarle tiempo.

Aquella tarde era una de tantas y a mí me había tocado hacer guardia en el puesto de socorro de Munguía. No era difícil encontrarme de guardia, pues al ser militar, las guardias que hacíamos eran de 24 horas seguidas y luego librábamos otras 24. Corría el mes de Noviembre de 1.990. Una tarde de sábado. Un sábado cualquiera. Sonó el teléfono que teníamos junto a una vieja emisora de radio frecuencia, por donde también recibíamos los avisos desde un centro coordinador llamado "Sos Deiak" y nos dieron una dirección con un mensaje muy claro: una persona herida por arma de fuego. Rápidamente nos subimos los tres miembros de dotación de la ambulancia y nos dirigimos al lugar. Cuando hay armas por el medio, uno hace el viaje más tenso, aunque la verdad es que te vas acostumbrando a todo y aquella no era más que una urgencia como tantas. También se nota más la tensión cuando te diriges a un accidente grave de circulación o a un atentado, pero es lo que hay y cuando uno decide entrar en ese mundo, ya sabe con lo que se puede encontrar. Solíamos salir entre ocho y diez veces diarias. A veces más. A veces menos. Aunque muchas de ellas no eran tan urgentes como para llegar a movilizar a una ambulancia, pero ocurre que el miedo a la muerte y al dolor suele vencer al sentido común.

Cuando llegamos al caserío que nos habían indicado por teléfono, nos encontramos con una chica jovencita tirada en el suelo, consciente y con un disparo de escopeta en el estómago. El tiro había sido fortuito, sin querer y a simple vista tampoco parecía extremadamente grave, pero elementalmente requería el traslado urgente de la muchacha a un hospital.

Se llamaba Nerea y no dejó de hablar con nosotros durante todo el trayecto. Iba estable, pero he de reconocer que fueron veinte minutos de viaje entre luces y sirenas eternos. Al mando de una ambulancia esto sucede a menudo. Nos contó que tenía dieciocho años, solo uno menos que yo en aquellos tiempos y que se estaba sacando el carnet de conducir. Ahora aquel desgraciado accidente le iba a hacer perder tiempo para poder sacárselo cuanto antes y eso la mosqueaba un poco, pero incluso se lo tomaba a broma y en varias ocasiones se rió con nosotros.
Una vez en el hospital, le deseamos la mejor de las suertes y regresamos a nuestra base. Otras llamadas nos volverían a movilizar y había que estar preparado para cualquier cosa cuanto antes. O en "Estado 2", como se denomina internamente el hecho de que la ambulancia esté lista para actuar en su base.

No se que fue lo que me llevó a telefonear al siguiente lunes al hospital donde la habíamos dejado ingresada, pues era algo que no acostumbrábamos a hacer, pero aquella chica nos había dejado preocupados, así que nada más entrar aquella mañana de guardia y tras comentarlo con mis compañeros, cogí el teléfono y llamé al centro.

- Hola, llamo de Cruz Roja Munguía, era para preguntar por el estado de Nerea tal y tal, que llevamos el otro día a urgencias -

- Pues está en la planta no se qué, habitación no se cuantos... Un momento , que te paso con la planta -

- De acuerdo, gracias... -

Tras unos segundos de espera en los que ya no recuerdo si fueron de silencio o acompañados de esa típica absurda musiquita, cogen el teléfono en la susodicha planta.

- Hospital tal cual, planta no se cuantos, dígame? -

- Si, buenos días, llamo de la Cruz Roja de Munguía. Era simplemente para preguntar por el estado de Nerea tal y tal, a la que trasladamos en ambulancia el otro día con una herida de arma de fuego -

- Pues mira majo, está muy bien y si Nerea quiere, podéis incluso hablar con ella y todo, así que espera un poquito que la pregunto -.

- Ostia, genial - pensé yo, aunque en el fondo he de decir que me daba un poco de palo, pues no me esperaba esto y a ver que cojones le decía yo ahora a esta tía. Igual se pensaba que éramos unos chalaos o algo así. Pero que va, nada más lejos de la realidad. Nerea se alegró un montón por aquella llamada y por nuestro interés y nos dijo que estaba muy bien, aunque aun tendría que estar ingresada varios días. Y se comprometió a que en cuanto estuviese bien y saliese de allí, nos haría una visita por la Cruz Roja y nos llevaría una cajita de bombones, unos pastelitos o lo que se terciase. Volvió a darme las gracias y quedamos en que un día volveríamos a vernos. Y lo mejor de todo, el buen cuerpo que se nos quedó a todos al saber que ella estaba bien. Era un alivio.

Un par de semanas después, estaba tomándome un cafecito en una cafetería que había a cincuenta metros escasos del puesto de socorro, a la vez que le echaba una ojeada al periódico, cuando al llegar a la sección de las necrológicas me encontré con una desagradable sorpresa. Era la esquela de Nerea. Había fallecido y no tenía más que dieciocho años. Uno menos que yo. Me quedé helado. Sin voz y sin ganas de seguir leyendo más. No la conocíamos de nada pero nos había caído bien. Además había prometido hacernos una visita. Jamás volví a saber nada sobre ella. Ni un "¿como?", ni un "¿porqué?". Al fin y al cabo daba igual y ni mis compañeros de ambulancia ni yo éramos nadie para aquella dolida familia, así que para qué enredar...? Y después de todo, a uno tampoco le quedan ganas de involucrarse más. Recuerdo mi primer curso de primeros auxilios, donde nos dijeron que jamás nos involucrásemos con las desgracias de nadie, que eso solo podría traernos problemas emocionales. - Esta vida es una mierda -, fue lo que coincidimos a decir cuando les conté al resto cual era el motivo de mi cara al regreso del café. No la conocía de nada, pero algo hizo que aquel café me resultase extremadamente amargo y aquella puta tarde no pude evitar que se me cayesen algunas lágrimas.

No la conocía de nada, pero sé que solamente tenía dieciocho años, que aun guardo aquella esquela y que se llamaba Nerea.


viernes 13 de marzo de 2009

La pasarela del arte y sus tonterías



Comenzaré situando la historia que voy a contar. Bilbao centro. Entre ambas márgenes de la ría Nervión existen varios puentes que unen a la Noble Villa con más de setecientos años documentados de historia. Uno de ellos, de reciente construcción y casi con la misma antigüedad que el famoso museo Guggenheim, culturalmente sobre valorado en exceso, siempre bajo mi punto de vista, recibe el nombre de "Pasarela Zubi Zuri". Este une por encima del Nervión, el Paseo de Uribitarte con la calle Campo Volantín y fue encargado por parte del Ayuntamiento de Bilbao a un arquitecto llamado Santiago Calatrava, excelente personaje según los entendidos en la materia y un gran desconocido hasta entonces para los ciudadanos de a pie que como yo, utilizamos dicho puente, ya sea a menudo o de forma ocasional. Bueno, desconocido hasta entonces y desconocido hasta hoy, pues jamás le he puesto cara yo a este hombre, aunque tampoco es algo que realmente me quite el sueño. .
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El resultado de Zubi Zuri para mí, al igual que para otros muchos de los usuarios de la misma, pasa por ser una pasarela bonita, pero también por ser una gran chapuza. Su suelo, de baldosas de cristal, ha ocasionado numerosas caídas, haciendo casi imposible el paso por el puente los días de lluvia. Y las pasarelas de acceso para minusválidos, tienen tal pendiente, que cualquier persona con una silla de ruedas sin más motor que el de sus propios brazos, se las ve y se las desea para subir o bajar por ellas, convirtiéndose la tarea en algo más propio de malabaristas del Circo del Sol, que de un impedido en su día a día.
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Hace un par de años, quizá tres, el levantamiento de dos torres de viviendas y oficinas junto a la pasarela, a la vez que la completa urbanización del lugar, llevó al Ayuntamiento a encargar la prolongación del puente a otro arquitecto, esta vez uno japonés llamado Arata Isozaki. El mismo que diseñó las torres. Dicha prolongación poco o nada tiene que ver con el puente ya existente de las baldosas de cristal y quizá hasta desentone un poco con el resto de la obra, pero jamás se ha caído nadie al suelo, con lo que se pierde en belleza, pero se gana en servicio al vecino y al turista.
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Elementalmente, al Señor Calatrava esta prolongación diseñada por su colega japonés no le debió hacer ni puta gracia y tras un "rifi-rafe" con las autoridades del Consistorio, con el Señor Iñaki Azkuna al frente, demandó al Ayuntamiento, solicitando ni más ni menos que la cantidad de tres millones de euros en concepto de daños, por vulnerar la propiedad intelectual de su obra sin su consentimiento, reduciéndose tal cantidad a trescientos mil euros si la prolongación de la pasarela era demolida de inmediato. Tras un primer fallo favorable al Gabinete del Señor Azkuna, ahora la Audiencia Provincial de Bizkaia le ha dado la razón a Calatrava y condena al Ayuntamiento junto con la constructora encargada de la obra al pago de treinta mil euros, anteponiendo así y de nuevo bajo mi humilde punto de vista, el arte sobre el sentido común.
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Porque seamos sinceros, cojones, y dejemos las pantomimas a un lado. El puente lo habrá diseñado José, Pepe, Juan o la madre que les parió a los tres, pero su trabajo ya fue abonado en su día y ahora la mierda de pasarela que tan cara nos va a salir, muy bonita, muy de diseño, muchos derechos de autor de los cojones y mucha polla con cebolla, pero de práctica, la mismo que un botijo sin agujeros. Y digo yo, que es como si me compro una camiseta diseñada por la "Puta Doña Inés" y mañana me sale de los cojones cortarle las mangas y ponerle parchecitos de los Iron Maiden y de los Pitufos Makineros. Es mi puto problema. Y mi puta camiseta. Y la Puta Doña Inés a callarse su puta boquita. Que tal y como están las cosas. hasta mi amigo Jose, camarero y propietario del Oli, un lugar pequeñito pero discreto y acogedor donde me gusta tomar café, dice que le vamos a tener que pagar cinco céntimos de más al mes por cada cafelito que nos ponga, en concepto de derechos de autor. Y razón no le falta, porque si Victor Manuel y Ana Belén llevan toda la puta vida viviendo de La Puerta de Alcalá, ¿porque Jose no puede vivir de los cafés que con tanto mimo y cariño preparó ya el año pasado?
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Pero claro, ahí está el hombre, gilipollas de nacimiento, que antepone el arte al sentido común y al factor humano, sin darse cuenta que el arte lo hemos inventado nosotros mismos. Y que el arte está al servicio del ser humano, no el humano al servicio del arte. Y sin hombre, no hay arte. Y siempre con mi eterna duda: ¿qué es el arte? ¿quien decide lo que es arte? ¿lo decides tú o lo decido yo? ¿o lo deciden ellos? ¿y quienes son ellos?. Porque a mí me ocurre que cuando visito lugares de esos llenos de arte, a veces solo me sale: - la ostia... vaya puta mierda! -. Quizá sea un ignorante en la materia, que lo soy. O quizá tan solo sea que no soy tan tonto como para darle importancia a lo que no la tiene. Digas lo que digas, no es más que tu opinión, tan respetable como la mía. Sin más.
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Pero la cosa no acaba aquí, porque no solo rechazo la postura del Señor Santiago Calatrava, que al fin y al cabo solo defiende lo que es suyo, sino que también rechazo la del Consistorio. Podrían haber sido más humildes, pero no, que se note que somos de Bilbao. Y van y se ponen gallos: - Denuncie, Don Calatrava, denuncie, que total, si perdemos, no pagamos de nuestro bolsillo, si no del de todos los bilbainitos. Con tu dinero y con el mío. Y ahora amenazan con recurrir al Tribunal Supremo, que por un lado está bien, pues el Calatrava ese ya me empieza a rayar un poquito, pero por el otro no me acaba de hacer ni puta gracia, pues al final se hace con la tela de todos y como salga mal... Con lo fácil que hubiese sido ejercer una vez más de político: - Si Séñor Calatrava. Perdone Señor Calatrava. Cuanto lo sentimos Señor Calatrava. - Ale, dos palmaditas en la espalda y váyase muy discretamente a tomar mucho por el culo. Ah, y no se olvide de que en Venecia también anda con jaleos, pues según tengo entendido, diseñó otra chapuza similar. Aunque seguro que allí serán algo más listos.
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No obstante, si me tengo que posicionar en toda esta historia, me pongo del lado del Señor Iñaki Azkuna, que para algo somos de Bilbao, cojones.


domingo 8 de marzo de 2009

Gracias, Señor Impresentable



En un diario cualquiera de esos que cuentan las cosas a su manera dependiendo en gran parte del grupo político al que pertenezcan, me daba de morros hace solo unos días con una noticia que aunque en un principio no quise darle importancia, al final la curiosidad hizo que volviese la página y que le prestase un poco más de atención. El enunciado decía: "Rouco pone en marcha la fundación Madrid Vivo" e iba acompañado de una fotografía donde posaban junto a él varios personajes de dudosa confianza.
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Comienzo a leer la noticia y me entero de que Antonio María Rouco Varela, cardenal arzobispo o yo que sé qué pollas de Madrid, ha constituido dicha fundación, encargada de organizar la jornada mundial de la juventud en 2.011, que será presidida por un tal Benedicto XVI o algo así. Tal fundación estará así mismo gobernada por el presidente de Iberdrola, esa compañía que me cobra la electricidad, un bien de primerísima necesidad , a precio de angulas, mientras obtiene con ello unos beneficios brutales, y contará entre sus miembros con el presidente del grupo Vocento o con la presidenta editora de ABC, entre otras personalidades de la vida social y económica del país. Casi nada, eh? Buena gente todos ellos, sí señor...
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Sigo leyendo y hasta aquí nada me sorprende del todo, pues soy consciente de que son muchos los grandes que se apuntan al carro de lavar y prelavar sus conciencias y su imagen apoyando o creando proyectos solidarios de todo tipo. Pero a final acaba de hervirme la sangre cuando llego al párrafo donde leo: "Dicha fundación apuesta por la espiritualidad para combatir las raíces morales de la crisis económica y tiene como objetivo contribuir a que Madrid sea cada vez más la ciudad de los valores". Así mismo hacen público que "tal fundación se dirige a creyentes y no creyentes que compartan el interés por ampliar los limites de la dignidad humana más allá del materialismo economicista".
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Termino de leer la noticia y me quedo un buen rato pensando en lo que leído. Juro que no sé ni por donde me da el aire, pues no acabo de entender nada de lo que pone. Lo vuelvo a leer y sigo pensando, a la vez que le echo otra mirada a la fotografía que acompaña a la noticia, donde posan todos ellos con la mejor cara de buenos samaritanos que los negocios que al resto de mortales nos aplastan les enseñaron y de repente me dan ganas de vomitar. De vomitar y de cagarme en la puta de alguno, sin decir de quién. Y me planteo añadir dicha fotografía a esta entrada, pero al final decido que depende que tipo de gentuza, es considerada non grata en mi casa. Y al final con las arcadas aun calientes y sin tener claro del todo que no la vaya a echar, saco mis propias conclusiones: Cierta gente cada día me da más asco. Hablan de "espirituaidad", de "valores", de "dignidad humana" y de la crisis de las pelotas, cuando no tienen ni puta idea de lo que significa ni tan siquiera ser persona. Y siento que se ríen de la peña a la puta cara. De los creyentes y de los no creyentes. De los pobres y de los ricos. De los viejos y de los jovenes, a los que a puertas de los setenta quieren representar. De ti y de mí. De tus padres y de mis hijos. De los buenos y de los trozos de mierda. Y de repente se me ocurre que de poco sirve mi pataleta, pues solo les servirá para reírse un poco más, así que me acuerdo de mi blog y me digo: - coño, ya hacía mucho tiempo que no escribía nada -. Y mira tú por donde, al menos esta pandilla de impresentables me han servido para escribir mi primer post de este segundo año de Mundos Azules. Gracias señores. Muchas gracias por aportarme su granito de arena. Y sobre todo, recen porque de verdad no exista el infierno. Les conviene.

domingo 22 de febrero de 2009

Los Mundos Azules cumplen un añito


Parece que fue ayer y llevo ya un año contando historias en este blog. Empecé el 22 de febrero de 2.008 con la entrada más emotiva: una dedicatoria a mi padre, al que cada día hecho de menos. Y llevo ya 53 entradas. Y casi 6.000 visitas. Eso significa mucho. En realidad este blog no es más que una forma de desahogo para uno mismo, donde escribo lo que me apetece en cada momento, pero lo que es la tecnología, cualquiera puede leerlo desde cualquier parte del mundo. Quien nos lo iba a decir hace veinte años, ¿verdad?
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Ha pasado un año. Quizá uno de los años más duros de toda mi vida y a la vez uno de los mejores. Extraño cruce de sentimientos que a uno le cuesta digerir, pero la vida es así de extraña. Un año ya de mis Mundos Azules. Los Mundos Azules de Salva.
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Gracias a todos los que aunque solo sea de vez en cuando, os dais un paseo por aquí. Y gracias a aquellos que aportáis vuestro granito de arena dejando algún comentario de vez en cuando. Espero seguir contando tonterías durante mucho tiempo, al menos hasta el día en el que no tenga ya nada que contar. Y si durante este año alguien se ha sentido ofendido por algún comentario, solo decir que no era mi intención. Solo pretendía ser sincero.
Gracias.

jueves 19 de febrero de 2009

Los ochenta y tantos con Ana



Hay que ver lo creída que es la muchacha. Si hasta ella misma lo reconocía en el e-mail que me enviaba hace unos días, donde me sugería que hablase en mi blog sobre "aquellos maravillosos años" y que de paso diese mi visión de los hechos, sin tener yo muy claro a qué hechos se refiere - o sí, quien sabe -. Lo que sí que tengo claro, es que la época a la que ella hace referencia, es a la de los últimos coletazos de la década de los ochenta. Y que son infinitos los recuerdos que guardo de aquellos días y de aquellas gentes. Recuerdos que por cierto, de vez en cuando me gusta desempolvar.
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Ana entró en nuestras vidas a finales del año 1.986, cuando mis mejores amigos, Mikel, Juan Carlos y yo, no éramos más que unos mocosos que pasábamos las tardes comiendo pipas en los bancos del parque donde un día hubo un ferial y suspirábamos por tener coche y por conocer a alguna niña que fuese guapa, agradable y sobre todo que nos hiciese algo de caso. Aunque no fue hasta 1.988 cuando debido a la proximidad de las fiestas del barrio y al proyecto de montar una cuadrilla para ambientar las mismas, de verdad se amplió el grupo y aparte de Victor, Miguel Angel, Dani, Xaho, Nekane, Idoia, Mertxe o Marimar, también se nos unió Ana.
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Ana lo tenía todo. Entraba dentro de ese tipo de niñas por las que suspirábamos mientras nos hinchábamos a pipas en el parque. Era guapa, agradable, inteligente y supo ser una buena amiga, aunque no todo van a ser elogios; también era algo repelente en ocasiones y extremadamente pija y repipi. Pero nos encantaba a todos. Creo que no hubo uno solo de la cuadrilla que no se enamorase de ella, aunque Ana era especialista en pasar de todos y en regalarnos calabazas un día sí y otro también. A todos, sin excepción. Incluido Juan Carlos, que siempre era el resultón del grupo.

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Pero como no éramos más que unos niños, todo nos daba igual. Ayer nos había enamorado y mañana sería nuestra mejor amiga, nuestra confidente y hasta mi celestina. A Ana le pedía consejo sobre aquella amiga suya que me gustaba ahora, sin contarle nada de que ayer había ocupado ella su lugar. Y ella nos soltaba la paliza a nosotros con aquellos que la gustaban, a la vez que la ayudábamos en lo posible a conseguirlos. Por mucho que tratásemos de convencerla de que solo la gustaban los tontos, como el Txetxu aquel. Incluso en la cuadrilla llegamos a bautizar unas patatas fritas de bolsa como "patatas de Ana", aunque ya no recuero el porqué. Y si lo recordase, tampoco sería plan de enrollarse contándolo aquí.

Tardes y tardes de lluvia en la Taberna Aitor. Aquel primer concierto de El Norte y sus diamantes para siempre en la Plaza Nueva de Bilbao. Una pregunta sobre cine: ¿Quien engañó a Roger Rabbit?. Las reuniones de confirmación los viernes por la tarde o los domingos por la mañana, según les cuadrase a nuestros monitores Julio, Maite, Conchi, Julia o Montse. Las excursiones la Txarlazo, al Kolitza o al Pagasarri. Noches de verbenas en nuestro barrio y en los de alrededor. El inolvidable fin de semana rodeados de guitarras y de nieve en Ubidea. Los mejores amigos del mundo. Y cientos de horas gastadas en los bancos de aquel parque que aun hoy miro con nostalgia. Con mucha nostalgia. Con la seguridad de que allí nos juntábamos hace más de veinte años muchos de los mejores.
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¿Mi visión de los hechos dices? Gracias, Ana. Un millón de gracias por aquellos años. A ti y a toda aquella estupenda cuadrilla, algunos de los cuales aun siguen compartiendo el camino conmigo.

lunes 2 de febrero de 2009

Mi fracasado y absurdo plan

Hace ya muchos años tuve en mente un plan que al final nunca llegué a realizar y que me hubiese gustado llevar a cabo. La inspiración me vino a raíz de un hecho que me llamó extraordinariamente la atención y que se remonta al verano de 1.991, cuando me recorrí media Castilla y León haciendo autostop y caminando por los arcenes con la única compañía de una mochila y de un viejo walkman destartalao donde ya entonces sonaban Los Secretos. Aquel 14 de agosto, poco después del mediodía y bajo un sol abrasador, llegué a Herrera de Pisuerga. Agotado, sin comer y muerto de sed, le pedí a una anciana que estaba junto a la puerta de su casa un poco de agua para beber. Y no solo me dio agua, sino que aquella buena mujer me invitó a pasar a su casa para descansar e incluso me ofreció quedarme a comer. Me bebí casi dos litros de dos botellas distintas sacadas de la nevera; dos botellas de cristal de un litro cada una, con el viejo logotipo de Kas y tras una breve y amena charla con aquella agradable y bondadosa viejecita, continué mi camino rechazando aquella invitación para comer, no por falta de hambre o por querer hacer el feo, sino por las ganas que querer llegar ya a mi destino tras más de ocho horas de extraño viaje. Durante el resto de aquel verano no fui capaz de quitarme de la cabeza aquel gesto ni a aquella anciana. Años después he pasado varias veces por aquel lugar y me he quedado mirando la casita, contándole la historia a quien me acompañase en ese momento y aunque me hubiese gustado parar y llamar a la puerta, algo me decía que aquella mujer ya no iba a estar allí, así que nunca me atreví a probar suerte.

Inspirado por este hecho, aquel plan que nunca llegué a realizar consistía en pasarme una semanita en algún lugar de la península donde, elementalmente, no me conociese nadie y buscarme la vida para todo. Para comer, para dormir, para subsistir, incluso para pasada esa semana, poder regresar a mi casa. -Pues vaya plan - pensarán algunos. Al fin y al cabo eso es lo que hacemos todos cuando salimos de vacaciones o de fin de semana y no lo contamos en un blog. Pero mi plan era algo más complicado, pues consistía en no llevar ni una sola peseta en el bolsillo, ni tampoco tarjeta de crédito con la que poder sacar dinero. Ni tan siquiera teléfono móvil para llamar en caso de que las cosas se complicasen. Aquella sería una aventura de una semana tan solo con lo puesto, así que habría que escurrir el ingenio incluso para poder ponerse cada día un calzoncillo nuevo o limpio y no oler a jabalí. Y elementalmente en mis planes no figuraba cometer falta o delito alguno contra la propiedad. Para eso ya están los bancos y las cajas.

Mis planes pasaban por pedir si fuese necesario o por montar cualquier tipo de numerito para conseguir dinero, incluso hacer cualquier trabajo de pronto pago y si llegado el momento de tener hambre y no haber conseguido un duro, pues a la panadería y a la charcutería de turno a meter la paliza al tendero o tendera para conseguir al menos un churrusco de pan y unos gramillos de jamón york o de mortadela "by the face". Y si en una no había suerte, pues a por otra. Muy mal tendría que darse para no conseguir algo que llevarse a la boca. Y a la hora de dormir, más de lo mismo. Hostal por hostal, pensión por pensión y a tratar de conseguir cama gratis y si no había suerte, algo muy probable, pues a la iglesia del pueblo, a la Cruz Roja o a intentarlo con cualquier vecino que te quisiese cobijar.

Algunos de mis amigos al contarles el proyecto, pensaron que de un tiempo a esa parte se me había ido la pinza un rato largo. Otros lo veían como algo curioso, pero no evitaron decirme que estaba "chalao". Pero dos de ellos se ofrecieron a acompañarme y a vivir aquella experiencia conmigo, aunque querían negociar al menos la posibilidad de llevar una tarjeta de crédito por si acaso y un teléfono móvil. Por si las moscas. El asunto prometía, pues ya no iba a ir solo.

Tras aquella aventura, aun quedaría pendiente un plan "B", que consistía en regresar al lugar tiempo después y pagar la deuda generada. Con todo bien anotado, devolver a sus gentes cada duro prestado o cada trozo de pan entregado de corazón. Porque una cosa es querer vivir una experiencia curiosa y otra ser un caradura. Y el fin de todo aquello no era otro que comprobar la amabilidad, el trato y la reacción de la gente en primera persona cuando uno le pide para comer o para vivir.

Al final pasaron los años y uno fue adquiriendo compromisos varios y aquella aventura no pudo ser, pero me hubiese gustado que en vez de contar hoy esto aquí, que al final no tiene interés alguno y no es mas que paja, hubiese contado como nos fue mi plan. Mi fracasado y absurdo plan.


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A aquellos que por circunstancias de la puta vida y sin quererlo, se ven obligados a vivir de la misma forma en que yo creí una aventura. Y a aquella anónima viejecita.

domingo 25 de enero de 2009

Todo lo que perdí


Echo la mirada hacia atrás y me doy cuenta de que en estos treinta y muchos años de vida que tengo, son muchas las cosas que perdí. Perdí varias veces la memoria. Perdí muchas ocasiones que hubiesen cambiado mi vida por completo. Perdí recuerdos que me hubiese gustado guardar para siempre. Perdí varios discos y algún que otro libro, varias veces las llaves de casa, alguna moneda y pocos billetes. Perdí el autobús y un bono de diez viajes. Perdí varios amigos que no hubiera querido nunca perder, unos por abandonar esta vida antes de tiempo, otros porque la distancia y los años sin verse no son buenos aliados y los terceros, porque vete tú a saber que concepto tuvieron en su día de este "amigo" y de la amistad. Perdí a mi padre de la noche a la mañana, a todos mis abuelos y a varios familiares de esos de no olvidar nunca jamás. Perdí varias novias que me trataron bien y que dejaron el camino libre a la que hoy es mi mujer. Perdí algún trabajo mal pagao y con él de vista al imbécil de mi jefe ya forrao. Perdí muchas veces la paciencia y alguna incluso el control, pero tengo muy presente que a pesar de tanto y tanto perder, también hubo mucho que gané.

Gané a mi hijo y gané a mi mujer. Gané un puñado de amigos con los que aun mañana sé que contaré. Gané a la familia que me queda y una pedrea en la lotería que ya cobré. Gané tu confianza y las ganas de querer.

viernes 23 de enero de 2009

Con la iglesia hemos topado


Recientemente y debido al fallecimiento de una persona de mi entorno, fui testigo, siempre bajo mi humilde punto de vista, de una de esas tantas y tantas caras oscuras de la iglesia de nuestros tiempos. De los nuestros y de los de antes, pues en cientos de años poco se han sabido renovar estos señores, la cosas como son. Sin quererlo y mucho menos sin desearlo, me vi envuelto en una especie de secta consentida, con cantos eclesiásticos, ridículos acordes de guitarra, rezos, lecturas difíciles de entender y extraños hermano varios salidos creo yo de hasta debajo de las piedras, con buenas caras frente a la galería que parecen ir de buenos y samaritanos, pero que fíjate tú, me inspiran menos confianza y menos amor que el mismísimo demonio, si es que este tipo existe, claro, que cada día esta historia suena más a cuento chino cutre y desfasado.
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Y aunque no soy persona indicada para juzgar, pues el caso me roza pero no me afecta de lleno, reconozco que por un momento sentí vergüenza. Vergüenza por aquel absurdo circo y vergüenza porque al fin y al cabo quien vio aquella escena desde la grada pudo pensar que yo formaba parte de tan dantesco espectáculo. Porque claro, nadie preguntó lo que me parecía a mí todo aquello. Ni a mí, ni a los otros ajenos al reparto, pero unidos al difunto.
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Y lo que más me aprieta las pelotas, es que muchos o casi todos de aquellos hermanos samaritanos de buena fe reunidos frente a un nicho donde quizá sobrase todo aquel que no fuese directo con el infortunado Señor José, mucha cara triste, mucho rezo, pedir a Dios y mucha polla, pero en vida quizá ninguno tuvo huevos para decirle: - Don José, ¿que tal le va? yo le ayudo, ¿qué necesita? -. Y digo "quizá" porque tampoco lo tengo claro, pero me lo imagino. El hombre es así de generoso y solo santifica tras la muerte.
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Días más tarde, el destino y el puto compromiso me volvieron a sentar de nuevo en la última fila de cualquier otra iglesia y aburrido de mirar siempre al suelo y escucha el mismo ronroneo, quise prestarle atención a las palabras de quien dirigía todo aquello. Porque hagan la prueba. Yo ya la hice. Cualquier domingo de estos pregunten a los asistentes de la misa de diez, de doce, o de una, de qué ha hablado el sacerdote ese día y verán que ni el más beato de todos tiene ni puta idea. La respuesta será siempre a misma: - ¿de qué va a hablar? de lo de siempre... -. Pero yo ese día, quien por cierto, a mi edad conseguí bajar un poco la media de edad del local, que no superaría sin mi ayuda los 70, decidí escuchar y al final llegué a una fácil conclusión: ¿de verdad somos tan ignorantes de creernos semejante tontería? ¿es normal que a día de hoy sigan teniendo tanto poder estas cosas? Porque aquí un servidor, aun dudando en ciertos momentos de que realmente exista, cree en Dios, pero en mi Dios. En un Dios creador, bueno y comprensivo que entiende la puta realidad y que no castiga ni lanza llamas al que folla o se hace pajas. Que el placer no es pecado, cojones. Pecado es ser hipócrita y engañar con el más allá. Y aunque es evidente que todos somos iguales, son ellos quienes más diferencias marcan. Así que como bien dice un viejo refrán, ellos en su casa, yo en la mía ...y Dios en la de todos.
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Amén.

martes 13 de enero de 2009

Por si las moscas

Me ocurrió hace ya bastantes años, pero es una anécdota que me costará olvidar. El colega llevaba ya varios meses dándonos la paliza para que fuésemos una noche a su casa y así mostrarnos sus dotes en la cocina. Y es que todo sea dicho, le encantaba fardar, la mayoría de las veces más de la cuenta, pues en el fondo no era más que un pobre pringao. Y cada día que coincidíamos, la misma historia: - a ver cuando venís a cenar un día a casa -.

Al final y más por las ganas de librarnos de él y que dejase de darnos la chapa, que por las ganas de probar sus dotes culinarios, pusimos un día en el calendario y fuimos a su casa a cenar. Algo normalito, nada fuera de lo común. Un poco de picoteo al principio y un trozo de carne "pa" después. Y algo de vinito, aunque como había que volver en coche, la botella se la bebió él solo. El resto tan solo la catamos.

Terminada la cena y sin tan siquiera ofrecernos la oportunidad de tomar un café, la sorpresa fue bestial. El muchacho sacó una cuenta reciente de algún supermercado donde venía absolutamente todo lo que había formado parte de aquel menú. Incluso las botellas de vino que tan solo degustó él. Y sin inmutarse nos dijo a todos: - en el super esto me ha salido cinco mil setecientas pelillas... que dividido entre seis, tocamos a novecientas y pico por cabeza, que redondeando, pues a mil pesetinas de -. Los demás nos miramos y sin decir nada, cada uno echó mano a su cartera, sacó el dinero y puso sobre la mesa la cantidad mencionada. Un rato después volvimos a casa con una extraña sensación de que algo había fallado, pero sin saber bien el qué. Desde aquel día, no he vuelto a pisar aquel lugar. Y no se porqué, pero ahora cuando alguien dice de invitarme a algo, sea lo que sea, le miro con recelo y antes de aceptar la invitación, miro en mi cartera por si tengo suficiente dinero para pagar al menos mi parte. Por si las moscas.

miércoles 31 de diciembre de 2008

Sentencias abusrdas y un invitado de excepción: Arturo

Tiene cojones lo que voy a contar. Y es que el Señor Arturo me ha jodido un artículo, así, por la puta cara. Y lo peor, la cara de tonto que se me quedó en el momento de leerle yo a él.
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Resulta que un par de buenos amigos me dijeron no hace mucho que alguna de las entradas de este blog tenían cierto parecido con algunos de los artículos que Arturo Pérez-Reverte firma los domingos en la revista XL Semanal, sin duda una de las mejores publicaciones que uno puede encontrar hoy en día y que elementalmente yo devoro de principio a fin, incluida como no la página "Patente de corso". Aunque tal afirmación resultó ser un elogio para mí, uno es de sobra consciente al cien por cien de que tal comentario no tiene absolutamente nada de cierto. Reverte es, aparte de uno de los miembros de la RAE y un tipo con mucha escuela por su pasado de reportero de guerra, un escritor con toda las de la Ley y yo no soy más que un insignificante hombrecito del montón que escribe tonterías en un blog con el único fin de que las lean sus cuatro amigos y algún que otro despistado que caiga por aquí. Pero bueno, al menos así me doy cuenta de que aun queda gente que me aprecia y que desean verme contento, aunque sea a base de mentirijillas.
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El caso es que en mi "pedeá" tenía preparada una entrada para publicar en este blog en la que hablaba sobre la lamentable sentencia dictada por un juez en la que condena a una madre a cuarenta y cinco días de cárcel y a un año de alejamiento de su hijo de diez años, porque hace ya unos años le dio una colleja, como bien dice Artuto. Y este domingo abro el XL Semanal y me encuentro con que Arturo Pérez-Reverte habla también sobre ese tema en su Patente de corso. Y además resulta que coincidimos en muchas cosas, solo que mi artículo contenía unos cuantos "tonto del culo" e "hijos de puta" de más, sabedor de que solo seré leído por tres o cuatro almas y de que por ello no iré a la cárcel, aparte de permitirme comparar a algunos representantes de la justicia con Mortadelo y Filemón.
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Ahora resulta que se me han quitado las ganas de publicar mi artículo, porque total, ya está todo dicho. Solo hace falta leerse XL Semanal. Además no me apetece ser acusado de plagio por esos amigos que tanto me aprecian. Pero sí que me apetece decir que qué se puede esperar de una justicia que te envía a la cárcel por conducir un coche sin consecuencias con cuatro copas de más o con medio gramo de perico danzando por tu cuerpo, a la vez que esas mismas cantidades sirven para rebajar una condena por ser un atenuante, si mañana te meten una puñalada. Gaby, Mikiki, Milikito y Fofito no lo hubiesen hecho peor.
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Otra cosa que tengo clarita también, es que si algún día y por alguna razón me viese obligado a darle un cachete a mi hijo y algún miembro de esas asociaciones de derechos infantiles me viese y me llamase la atención, es probable que me viese obligado a visitar al menos dos veces el juzgado. Una de ellas para responder por el absurdo e inocente cachete, muchas veces unido a una buena educación, que no es lo mismo un cachete que una paliza. Y la otra por la somanta de ostias que le iban a caer al cantamañanas de los cojones.

jueves 18 de diciembre de 2008

Las monjitas de Illescas y Sor María Isabel




En mi último post publicado hace solo uno días, hacía mención entre otras cosas al gran atracón de Nochebuena. Pues bueno, solo unas horas después de publicar dicho artículo, leí en una gran revista de tirada "semanal", nunca mejor dicho, una entrevista a una tal Sor María Isabel. La verdad es que en mi vida había oído hablar de esa mujer, que al parecer lleva ya unos cuantos libros publicados sobre cocina, pero me llamó la atención lo suficiente como para dedicarle un trocito de mi blog.


En dicha entrevista, Son María Isabel afirmaba que su menú para esta víspera de Navidad será como siempre: cardo con salsita de almendra y una tortilla francesa. Sin más lujos y sin más ostentaciones culinarias. Y no se porqué, pero fíjate que la creo. También dice que la cena del resto del año consiste en verduras y sopa de leche. Siempre lo mismo.


No deseo entrar aquí a valorar o a juzgar a este gremio de mujeres al servicio de una iglesia quizá algo anticuada, pues sin duda es algo que no entiendo ni creo que entenderé jamás, aunque no me cabe la menor duda de que su fe y su amor por Dios está muy encima de mi capacidad de razonamiento. Pero me apetece contar que cuando hace unos años, no muchos, tuve la ocasión de visitar el convento de clausura de Illescas, en la provincia de Toledo, me llevé una impresión imposible de describir. Por un lado, vi a varias personas encerradas entre cuatro paredes, como presas de una sociedad extraña, cumpliendo una dura condena perpetua por algo que jamás cometieron, pero por otro, vi a unas mujeres felices y encantadoras, las cuales desbordaban humildad, infinito amor al prójimo y un espíritu que el resto de mortales deberíamos de envidiar durante toda la vida. Cada monjita nos contó su historia y cada historia era digna de ser escuchada y guardada para siempre en el corazón de quien la escuchaba. Yo así lo hice, aunque cuando salimos de allí para continuar con nuestro viaje hacia Málaga y mientras el resto de vecinos de Illescas parecían ajenos a aquella realidad, no se porqué razón sentí una gran angustia en mi interior. Hoy es el día que al recordar aquel momento y aquellas conversaciones con aquellas buenas mujeres a través de unos fríos y oscuros barrotes, sigo sintiendo aquella misma sensación de angustia. Angustia, un enorme cariño y mucho respeto por ellas. Aunque jamás en la vida creo que las llegue a entender.

martes 16 de diciembre de 2008

Había una vez... un circo y una Navidad







Como todos los años por estas fechas, llega a mi ciudad el mayor circo del mundo. El Gran Circo Mundial de la Navidad. Un lamentable espectáculo lleno de payasos y domadores de absurdos esperpentos que cuelgan cada vez más, tanto en tamaño como en cantidad, de balcones y ventanas, acompasados por lucecitas que se encienden y se apagan, como si a estas alturas aun fuese algo que gustase y llamase la atención. ¿De verdad que a nadie le han entrado ganas de liarse a pedradas? Porque a mí me resulta el colmo de la ordinariez y la horterada. Y todo ello sin entrar en temas de seguridad, que más de un incendio ha tenido origen ya en la escasa calidad de dichas lucecitas, adquiridas muchas veces en comercios de dudosa confianza. Y a mí si un fulano quiere meterle fuego a su casa, tres cojones me importa, pero en la mayoría de los casos, acaban pagando justos por pecadores y eso empieza a importarme ya un poco más que esos tres cojones anteriormente mencionados.
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Un circo lleno de numeritos circenses trucados, como no, como ese del buena cara incluso del que sabes de más y de sobra que te odia de toda o casi toda la vida y que bien a gusto le hubieses partido la cara quinientas veces ya. Que si feliz Navidad y tal. Que si feliz año nuevo y cual. Como aquel refrán del "A Dios rogando y con el mazo dando". Vamos, que más falsos que Judas. Pero como es navidad, pues todos felices, contentos y sonrientes.
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Y por las calles de mi pueblo y creo que del resto de pueblos, cuelgan bulgares carteles publicitarios que nos venden la puta Navidad en forma de lucecitas y más lucecitas a modo casi de gran puticlub, que inocentemente pagamos entre todos, a la vez que estampitas metidas en mi buzón por los mismos que mandan colocar dicha iluminación, me dicen que ahorre cuanto pueda en gas, luz y agua. Que la energía natural escasea. Pero el consumismo puede con todo. Y manda huevos que lo diga yo, que sueño a diario con ese móvil de última generación, ese portátil al que solo le falta hablar o con el plasma de ocho mil millones de pulgadas.
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Y entre número y número de este circo, en la tele me saturan con anuncios donde algunos parece que tiran la casa por la ventana regalando miles o millones de minutos gratis de poder hablar por teléfono, como si de verdad yo quisiese hablar más de tres minutos seguidos con alguien sin ser cara a cara mientras se me calienta la oreja por el puto terminal, que digan lo que digan, de bueno tiene que tener bien poco. Aunque me lo diga una ovejita con una voz que me recuerda la ostia a Siete Vidas. Qué acertado el condenado animalito, por cierto, pues entre ovejas y borregos anda el juego, la verdad. Y tras la ovejita Alonso, que a pesar de todo parece divertida y así me entretiene y no leo la letra pequeña que pasa a toda ostia por la parte baja del televisor donde dice que me ataré para casi siempre con esa asquerosa compañía, más anuncios de turrones, de colonias en francés, adeseeles que prometen velocidades que no alcanzan ni de asomo, de la puta lotería, buena idea pa sacarnos los cuartos año tras año a cuenta de la puta ilusión que le pierde a uno, de juguetes y juguetes, de consolas que no consolan y lo que ya clama al cielo: telemaratones de mierda en cadenas que facturan millones y millones, donde famosos y famosillos, algunos de renombre y otros tan pringaos como el que más, intentan tocarme la fibra sensible para que done mi dinero, como si a mí me costase ganarlo tan poco como a ellos, que por un buen puñado de muchos euros, algunos cuentan hasta como, cuando y donde se la chupan a quien haga falta por sucia que la tenga y tan solo consiguen tocarme las pelotas con tanta hipocresía y en el mejor de los casos que cambie de canal, cuando no tirar la tele por la ventana y con algo de suerte hasta pillo debajo al del noveno, que es de los de buena cara en Navidad y pedazo hijo de puta el resto del año, o al alcornoque del papa noel que cuelga de su ventana y me da el reflejo con sus luces a todas horas en mi salón. Por dios... que asco me dan esos gordinflones importados de tan allá...
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Y llegada la noche clave, por cojones que me tengo que pegar el atracón, aunque mañana pase sed o hambre, pero estamos que nos salimos. Como si se acabase el mundo y hubiese que comérselo todo. Y si protestas, eres raro. Cuando no peor: - ¿tan poco te importa la familia? -. ¿Y que cojones tendrá que ver la familia con estos quince kilos de langostinos que no entran ni en la mesa? que digo yo. Así que prefiero pasar por raro que por antisocial. Aunque en la mitad de los casos esas entrañables familias que hoy tanto parecen quererse y disfrutar, se odien a muerte, que todos conocemos casos y casos.
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Y poniendo el broche final a este absurdo espectáculo circense o parodia internacional, nos llegan los Reyes Magos. Vamos, que estas alturas ya nadie cree en Dios y ni Dios cree en aquel niño Jesús, enjendrado sin necesidad de un buen polvo, como tú o como yo, pero los Reyes Magos parecen sagrados, incluida la cabalgata, que cada año se parece un poco más al desfile del día del orgullo gay e incluidos los roscos, que encima va y te toca la alubia o figurita, que a saber donde habrá andao antes de que el pastelero o el aprendiz, que en estas fechas hay mucho trabajo, la haya metido ahí, y todos te gritan que el año que viene te toca pagar el rosco a . Y yo siempre acabo preguntando: - vamos a ver: ¿a quien cojones se le ha ocurrido comprar esta mierda otra vez? -. Si es que tienen que rellenarlo con nata, por que si no, no hay cristo que le meta mano de lo seco que está. Pero años tras años, el rosco está presente en la mesa en el día de Reyes.
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Podría hablar también de los villancicos, pero créanme, solo de pensarlo, me entran hasta ganas de vomitar. Muchos dicen que ahora cambiaré la forma de pensar, que con un niño se vive diferente la Navidad,. Y sí, puede que cambie de forma, pero de forma de actuar. Jamás de forma de pensar.
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Lo triste es que al final a uno no le queda más remedio que formar parte de esta mierda de circo, aunque sea de mero y pasivo espectador. Aunque puestos a decidir, si de verdad pudiese elegir un papel, yo cogería sin duda el de taquillero. Así podría colgar de inmediato aquello de "no hay billetes". Y a tomar por el culo este circo de una puta vez.
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Dedicado a mi buena amiga "Ceferina", que me da a mí que este año tiene tantas ganas de tonterías navideñas como yo.




domingo 14 de diciembre de 2008

1.990


Entre noches y noches sin dormir, a lo que seamos sinceros, uno lleva ya muchos años acostumbrado, rebuscando en los bajos fondos del disco duro de mi ordenador y en los viejos y olvidados albumnes de fotos que uno creía ya perdidos a causa de la mudanza de hace algún tiempo, me he encontrado con esta fotografía, la cual tiene ya casi 19 largos años y me recuerda lo viejo que soy. Yo era un crío de dieciocho añitos recién cumplidos, que acababa de empezar "la mili" y esa ambulancia, a la cual conocíamos como "500-3ª" fue mi compañera durante algo más de un año. Hoy aún sigo perteneciendo a la entidad, aunque por falta de tiempo quizá no le dedico el tiempo que me gustaría.
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Pero no es la Cruz Roja ni mi servicio militar lo que me ha llevado a escribir este post, sino el tiempo que ha pasado desde entonces... Algo me dice que ya no soy un niño. Y no digo que cualquier tiempo pasado fuese mejor o peor que hoy, pero lo que sí tengo muy claro, es que ya nada volverá a ser lo mismo.

lunes 1 de diciembre de 2008

Bievenida mi nueva vida

Han sido ya varias las personas que al llamarme en los últimos días, me preguntaban el porqué de mi abandono repentino de mis Mundos Azules, pregunta a la que yo no le daba mucha importancia, pues en ningún momento he considerado que haya dejado de lado mi blog, pero de repente cuando esta noche me ha dado por echarle un vistazo, me he sorprendido y me he quedado un rato en trance. Hace más de un mes que no escribía nada. Un mes, que se dice pronto. Y eso que tengo la PDA llena de bocetos con tonterías varias con las que llenar unos cuantos post, pero no consigo sacar un minuto para acabarlas y mucho menos para publicarlas. Y claro, con todo ello, algunas de las cosas están ya fuera de lugar. Porque seamos sinceros, a estas alturas, ya es un poco tarde para decir lo sinvergüenza que puede ser la Esperanza Aguirre por correr como una puta rata con sandalias y calcetines con olor a puro marketing, dejando en tierra de combate a sus compatriotas, verdad?

Estoy viviendo unos días, que a pesar de ser maravillosos, son también un tanto extresantes y apenas saco tiempo para mis cosas cotidianas de antes. Vamos, que mi vida ha cambiado. Y no para mal, que conste, aunque reconozco que es un cambio tan brusco, que hay momentos de agobio.

Ayer le enviaba un e-mail a Carmen, una vieja amiga de Peñaranda de Bracamonte que también está ahora embarazada y la contaba un poco como eran mis días, para que así no la pillase luego a ella desprevenida, y la decía algo así:

"Total, que le das o bien el biberón o bien el pecho, dependiendo de lo que cada una pueda, pongamos que a la 1 de la mañana, por poner una hora que sirva de ejemplo y porque las cosas como son, a cualquier hora le puede tocar. Tardas mínimo unos tres cuartos de hora, cuando no es más, ya que el niño no se lo bebe todo de golpe, sino que se queda dormido cada tris tras y hay que andar despertándole a cada instante. A la 1:55 te dispones a dormir, pero va el jodido y se pone a llorar. No sabes qué es lo que le pasa, así que le miras por si acaso se ha meado o se ha cagado, pero resulta que no, ni lo uno, ni lo otro, así que le vistes de nuevo, le das unos toquecitos en la espalda, resulta que te echa un par de eruptitos con pelín de vomito, que elementalmente tienes que limpiarle y ale, a dormir. Pero de repente y antes de dejarle en la cunita notas que huele mal y le miras otra vez por si se ha cagado y esta vez resulta que sí que se ha cagado. Ya son las 2 y media de la mañana. Le limpias, le cambias, recoges todo y a dormir. Las 3 menos cinco de la mañana. Entre que te duermes, te entra el sueño porque ya estás totalmente desvelado y demás, las 3 y cuarto. Y a las 4 suena de nuevo el despertador, pues le toca otra vez, ya que hay que darle cada tres horas, y son tres horas desde que empezaste la toma anterior, no desde que la acabaste, osea, tres horas a partir de la 1 de la mañana. Le das la toma, le miras por si ha cagado... llora, el eruptito... se mea... a la cama cuando ya son las 6 menos cuarto. Esta vez ha habido suerte y has ganado diez minutos, pero de nuevo estás desvelado y dormirse no es tan fácil. Y lo peor es que sabes que a las 7 le toca otra vez. Y eso si hay suerte y antes no le da por llorar, claro está. Luego ya de día, te suena y te suena el móvil. Y cuando no es peor y lo que suena es el portero automático: tus padres... los de tu mujer... tus hermanos, los de tu marido... tus amigos... tus tíos... tus primas... el vecino del octavo, el del bar de abajo de tu casa... y la madre que les parió a todos... Se te llena la casa de gente. No ganas para cervezas, coca colas, patatas fritas de bolsa y galletas surtidas de esas que una vez que abres, como sobre alguna se te ponen blandas para el día siguiente. Y todo dios con la misma historia: que si qué niño más guapo... que si ¿qué tal el parto?... que si se parece al padre pero con la sonrisa de su madre, aunque en la puta vida la hayan visto sonreír, pero... es lo que hay. Y tu con una sonrisa de oreja a oreja, mientras te mueres de sueño y te cagas en los más profundo. Solo deseas que llegue la noche para meterte en la cama y dormir, pero sabes que a la 1 le toca el bibe... y a las 4... y a las 7... Y mañana volverá a sonar el teléfono. Y lo que es peor... el portero automático."



Claro, que aunque la historia tiene mucho de verdad y uno vive entre la nube de ser padre y entre el agobio por la que se le avecina, el asunto merece la pena. Uno se puede tirar horas y horas mirando al pequeño príncipe de la casa, aunque este se tire las mismas horas sin hacerte ni puto caso y solicitándote tan solo cuando le entra el hambre. Es un sentimiento difícil de explicar. Y a pesar de todo, que nadie dude que uno agradece la visita de toda aquella gente a la que aprecia. Pero me resulta gracioso narrarlo así. Anda que no habré tocado veces el portero yo cuando los que parían eran los demás...

Por cierto, os presento a Gaizka. Forma parte de este mundo desde las 5:20 de la mañana del día 20 del pasado mes de noviembre. Un joyita con forma de niño.





Gaizka. 10 días.

lunes 27 de octubre de 2008

Los monos que suben y bajan


Esto no es mío. Me lo envió por e-mail Olga, me ha parecido interesante y me apetece publicarlo aquí para compartirlo con todos vosotros:




Un buen día llegó al pueblo un señor alto, elegante y bien vestido con un traje muy caro, que se instaló en el único hotel que allí había, y puso un aviso en la página del único periódico local que decía que estaba dispuesto a comprar cada mono que le trajesen por 10 euros.

Los campesinos, que sabían que el bosque estaba lleno de monos, salieron corriendo a cazarlos. El hombre aquel elegante y bien vestido compró, tal y como había prometido en el aviso, los cientos de monos que le trajeron razón de 10 euros cada uno sin rechistar. Cuando quedaban ya muy pocos monos en el bosque y era difícil cazarlos, los campesinos perdieron interés y dejaron de ir a cazarlos, por lo que el hombre ofreció entonces 20 euros por cada mono. Los campesinos corrieron otra vez al bosque. Nuevamente, fueron mermando los monos y el hombre elevó la oferta a 25 euros, por lo que los campesinos volvieron al bosque, cazando los pocos monos que quedaban, hasta que ya era casi imposible encontrar uno. Llegado a este punto, el hombre ofreció hasta 150 euros por cada mono, pero como tenía negocios que atender en la ciudad, les informó que dejaría el negocio de la compra de monos a cargo de su ayudante.

Una vez que viajó el hombre bien vestido vestido a la ciudad, su ayudante se dirigió a los campesinos diciéndoles: -fíjense bien en esta jaula llena de miles de monos que mi Jefe les compró para su colección. Yo les ofrezco venderles a ustedes todos los monos por 35 euros cada uno y cuando mi jefe regrese de la ciudad, ustedes se los venden por 150 euros cada uno. Los campesinos contentos y frotándose las manos, juntaron todos sus ahorros y compraron los miles de monosque había en aquella gran jaula, a la espera de que llegase el día de regreso del que ya llamaban "el jefe".

Desde ese día, no volvieron a ver ni al ayudante ni al jefe. Lo único que vieron fue la jaula llena de monos que compraron con sus ahorros de toda lavida.

Ahora tienen ustedes una noción bien clara de cómo funciona el Mercado de Valores y la Bolsa.


Anónimo.

martes 21 de octubre de 2008

La chica del tubito



Un día cualquiera, 8 de la mañana. Una chica joven que no llegará aun a los 30 entra en un ambulatorio de barrio. Su misión: entregar un tubito de orina. Los pocos asientos que hay en el centro médico están ocupados. Algunos por adolescentes. Otros por alguna pareja cercana también a los treinta, aunque quien sabe, a veces las apariencias engañan. Los que más, ocupados por personas mayores. Algunos quizá de sesenta y tantos años. Otros de setenta o más. Hay quienes creo que tienen algún tipo de bono, pues siempre están allí. La salud es lo primero. La chica del tubito espera paciente su turno. De pie, claro está. No hay sitios libres donde sentarse. Nadie mira a nadie. Ella no tiene prisa, pero quizás esté cansada. Es algo que salta a la vista. A la vista de todos. Menos a la de los gilipollas. Por fin la toca su turno. Nadie conoce a nadie, así que, ¿porqué iban a colarle a ella? Aunque su misión tan solo consista en entregar un tubito con algo de orina. Tan sencillo como: - dame! -, - toma -, - hasta otra -, - muchas gracias, buenos días -.

Mismo día. 10:30 de la mañana. La chica del tubito se dirige hacia la parada del autobús. De camino pasa por un parque donde, casualidad, pasean varios de los mayores del ambulatorio de esta mañana. Hay varios bancos libres, pero no se sientan, ahora prefieren pasear. Es posible que no estén tan cansados; tanto tiempo sentados en el ambulatorio, es normal. Prefieren caminar. Se fijan en la chica y hasta la sonríen, como si fuesen majos, pero ella les ignora. Vete tú a saber porqué.

Junto a la parada del autobús hay un supermercado y ella tiene hambre. Entra y coge una caja de Dónuts. Solo una caja de Dónuts. Espera en la cola. Hay cinco o seis personas con carritos llenos hasta la bandera y un cesto solo en el medio de la nada, lleno de comida, pero como abandonado. Pero a la chica del tubito nadie la mira. De repente aparece una tipa con una bandejita de jamón que sonriente suelta en la cola: - solo llevo esto -. Todos balbucean, pero la caradura de los huevos consigue colarse. Y según avanza la cola, aparece una tonta de los cojones llena de cosas entre los brazos que de mala ostia asegura que aquel cesto medio abandonado es de ella y que está antes que la chica del tubito y que alguna más. Y la muy hija de la gran puta va y se cuela, así por la cara. - En fin... estoy cansada, tengo hambre, pero no tengo prisa - debió pensar la chica del tubito. Guapita ella, por cierto.

Por fin coge el autobús. Este va lleno. Gente sentada y gente de pie. A la chica del tubito, que ya no tiene tubito porque se lo entregó a la enfermera que no la conocía de nada y por eso no la había colado en tan fácil operación, le toca ir de pie. Nadie se inmuta. Los que van de pie poco pueden hacer. Los que van sentados, no ven más allá de sus libros, sus periódicos o sus reproductores de MP3. Los más sencillos bastante tienen con ver el paisaje que ofrece una ventana sucia y llena de dedos marcados. Y como aquí tampoco nadie conoce a nadie, la chica del tubito hace todo el viaje de pie. Está cansada, pero no tiene prisa. Ni tampoco hambre. Y al fin y al cabo no son más que veinte minutos de ná.

Llegando a su destino, la espera otra enorme cola. Pero no hay más huevos que esperar y a estas alturas ya ha aprendido como nadie a resignarse. El lugar es un edificio perteneciente al Gobierno Vasco y la burocracia es tan complicada, que todo el mundo tiene cosas que preguntar y papeles que rellenar. De repente se le acerca una mujer que parece que trabaja allí. Una funcionaria quizá. No la conoce, pero por fin un poco de luz: - pasa por aquí por dios, pasa por aquí, no esperes esa cola. Tienes cara de cansada. ¿Que es, niño o niña?. Por dios, si estás a punto de explotar! -

Gracias a esta maravillosa funcionaria, la chica del tubito se dio cuenta de que no todo el mundo se da cuenta de las cosas. No. Los gilipollas no.

El resto de la historia, créanme, carece de importancia.

sábado 18 de octubre de 2008

El Maku. 10 años después.


Recuerdo que hace años tuve un amigo que estaba loco. Y cuando digo loco, quiero decir como una puta cabra.

Recuerdo que estaba tan loco, que a menudo se creía que era William Wallace, el protagonista de Braveheart, aquellla película dirigida e interpretada por Mel Gibson, a la vez que nos aseguraba ser inmortal, motivado también por la saga de películas de Los Inmortales. Aunque por algún parecido con no se qué dibujo animado, le llamábamos Makumba McKlau. O más cariñosamente, El Maku.

Recuerdo que a veces salía por la calle vestido con una extraña falda escocesa de cuadros e incluso se pintaba la cara, mitad de blanco, mitad de azul, imitando, como no, al escocés Wallace. Y hasta gritaba de vez en cuando subido en lo que pillaba, brazo en alto y palo en la mano aquello de "Freedom for Scotland. Y nosotros, inocentes o más bien gilipollas, le reíamos la gracia. Como si aquello realmente fuese gracioso.

Recuerdo las risas que nos echábamos con él cuando le daba el cuarto de hora y nos imitaba al gordinflón de Santa Claus con aquel "¡Ho, Ho, Ho, Feliz Navidad!" que juro por Dios que desde entonces cada vez que lo escucho, le veo a él, con aquella chaqueta gorda de la Cruz Roja. O cuando se sacaba unos billetes de su cartera y se ponía a gritar tartamudeando a los cuatro vientos: "¡estampitas!, ¡estampitas!", acercándose a la gente, quienes le miraban como quien mira a un loco, a la vez que se apartaban asustados de su lado.

Recuerdo que una vez diagnosticada su enfermedad, una supuesta esquizofrenia paranoide, le vacilábamos diciéndole que le habíamos puesto un chip en la cabeza para poder seguirle en todo momento. Y recuerdo que él se mosqueó... porque se lo creyó.

Recuerdo la música que le gustaba, de lo más extraño para un tipo como él: Parchís, Enrique y Ana, Los Payasos de la Tele, incluso Tijeritas. Y le fascinaba el sonido de las gaitas. Quien sabe si es por ello que hasta yo mismo adoro hoy en día el sonido de una gaita, único instrumento capaz de hacerme llorar.

Recuerdo que era un buen tipo y tenía un gran corazón. De hecho, dedicaba parte de su tiempo a ayudar desinteresadamente a otras gentes en la Cruz Roja, entidad que no solo nunca se lo supo agradecer ni estar a la altura, si no que sin saberlo le empujó un poco más hacia un incierto destino, e incluso hizo más fría la losa que un día le cubrió.

Recuerdo que un día, cansado de vivir esta puta vida que no era la suya y convencido de que esa era la única manera que tenía de irse con los suyos a la Escocia del año mil quinientos no se qué, se quitó de en medio de forma voluntaria ingiriendo vete tú a saber qué veneno.

Recuerdo que fue el 18 de Octubre del año 1.998. Era una puta noche de domingo y yo fui uno de aquellos que le encontraron tirado en la habitación de su casa. Hay quien dice que eso es de cobardes y puede que tengan razón, pero que jamás se crean ellos más valientes... Jamás. Hay que tener muchos huevos para tomar el difícil camino que él tomó.

Recuerdo su coche rojo, sus catanas, su oscura casa sin más luz que la que dan tres feos patios, precintada varios meses tras aquello, sus perros, su gato, su extraño y repugnante pacto con el mismísimo diablo, sus historias, sus paranoias... su cuerpo inerte tirado en el suelo e incluso su puta cara veinte segundos antes de ser incinerado, mostrándose feliz y riéndose de todos nosotros... a la vez que no se porqué, agradecido.

Ahora me consta que corre y grita a diario por los alrededores del lago La Ercina, en los bellos picos de Europa y por la costa de Llanes. Y no solamente puedo decir que le recuerdo, es que jamás le olvidaré.





A la memoria de Jon Joseba. El Maku. Diez años después, aun hay quien le recuerda. Un amigo. Ayer, hoy y siempre.



jueves 9 de octubre de 2008

...haberlas hailas... aunque no crea en meigas




En Septiembre de 2.002 la que hoy es mi mujer, entonces mi novia, y yo, pasamos unos días de vacaciones por tierras gallegas. Tanto para ella como para mí, era la primera vez que visitábamos aquellos bellos lares, que todo sea dicho, nos encantaron y estamos deseando de encontrar la oportunidad de volver.


Visitamos varios pueblos de las rías baixas y fue precisamente en uno de ellos donde tuvo lugar la extraña historia que ahora voy a contar. Un bonito pueblo costero al que llegamos gracias a una guía que habíamos comprado unos días antes en La Toja y que hablaba de las ruinas de una vieja iglesia.


Una vez encontrada aquella antigua sede del Vaticano y tras haber preguntado a varios vecinos del lugar por la forma de llegar, descubrimos que no era más que unas viejas paredes de piedra con unos arcos de lao a lao que suponían que allí un día había habido techo, pero aun así el sitio tenía su encanto. Alguien nos contó que aquel lugar había sido pasto de las llamas en varias ocasiones a lo largo de su historia y que al final lo habían dejado por imposible, aunque nunca supimos qué podía haber de cierto en tal información, pues nunca he encontrado nada al respecto.


El caso es que la puerta estaba abierta y tan solo se veía al fondo la silueta de un hombre, por cierto, no muy mayor. Quizás cincuenta y tantos años, a lo sumo sesenta. Entramos y caminamos hasta el lugar donde se encontraba aquel paisano, aunque lo hicimos como si fuese algo que hiciésemos a diario, sin darle importancia alguna a nuestro alrededor ni al lugar en el que nos encontrábamos. Una vez alcanzado el punto donde este se encontraba, pudimos comprobar que aquello era un viejo altar y que el tipo aquel estaba allí rezando. Quizás nuestra presencia le incomodó y abandonó sus rezos una vez nos detuvimos junto a él. Allí mismo, frente a aquel viejo y abandonado altar de aquella vieja y abandonada iglesia. Pero nosotros no le dábamos importancia alguna a nada. Aquello era Galicia y todo era precioso. Olía a marisco y sonaba a gaitas gallegas. Y sus gentes parecían ser buenas y acogedoras.


En cuanto aquel hombre abandonó el lugar sin llegar a decir ni esta boca es mía, de la nada y como aquella vieja y cutre canción de Alex y Cristina que decía "chas y aparezco a tu lado", apareció una mujer. Era una anciana y vestía de riguroso luto, pero su comportamiento no hizo que nos sintiésemos especialmente cómodos y desde aquel momento empezamos a ver las cosas de una forma diferente. Muy diferente. Según apareció, nos apartó hacia un lado con sus brazos de tal forma que hasta podría considerarse un empujón, a la vez que acercándose el dedo índice de su mano derecha apuntando hacia arriba a su propia boca, nos hizo el gesto de silencio; aquel que suena tal como "chssssssshh". Y comenzó a rezar mirando hacia el altar. Nosotros, sorprendidos hicimos amago de abandonar el lugar dejando allí a aquella loca, pero ella nos hizo un gesto para que esperásemos, nos señaló el suelo, volvió a dirigirnos el mismo gesto de silencio mostrando preocupación y continuó rezando. No parecía peligrosa y decidimos esperar.


Una vez terminó aquella mujer de rezar, se dirigió a nosotros hablándonos de una forma un tanto extraña y como si su intención fuese la de asustarnos. Lo primero que nos dijo fue que aquello era un lugar sagrado. Un cementerio. Y que cuando ella había llegado, nosotros estábamos sobre una tumba. Y fue aquí donde a los dos nos tembló el cuerpo, porque elementalmente, aquello era un cementerio y nosotros habíamos estado sobre una tumba. Y ni mi entonces novia, ni yo nos habíamos dado cuenta hasta ese momento de aquel detalle. Era evidente y sin embargo era algo que nos había pasado totalmente desapercibido. El lugar estaba lleno de viejas tumbas.


Aquellas eran nuestras primeras vacaciones juntos y quizás la ceguera del amor nos impidiese ver más allá de donde estaba el otro, pero los dos nos juramos y perjuramos no haber visto antes aquellas tumbas. Habíamos cruzado un cementerio de principio a fin sin haber visto una sola tumba y el lugar estaba lleno de ellas.


La mujer entonces, mostrando interés por nosotros y sin cambiar su extraña manera de hablar, la cual nos asustaba tanto o más que ella misma, nos contó que la tumba sobre la que habíamos estado era de una niña que había fallecido en el año mil ochocientos y pico, como así lo ponía en aquella losa, casi ilegible. Pero fijándose un poco, se podía leer. Y que aquel hombre que estaba rezando cuando nosotros habíamos llegado, era el padre de la criatura. Nos faltó solo un pelo para echar a correr sin saber bien por cual de las dos razones, si porque era totalmente imposible que aquel hombre fuese el padre de aquella niña que llevaba mucho más de cien años muerta y la mujer insistía ante tal observación, o porque no teníamos ni puta idea de donde podía haber salido aquella puta vieja y como cojones sabía lo del hombre rezando, si cuando nosotros llegamos, allí no había nadie más.


Sin tiempo para reaccionar, la anciana cogió del brazo a Ainara y la dijo: - ven, ven conmigo... tú que eres mujer... ven conmigo... que te voy a enseñar algo - . Yo hice el amago de acompañarlas, pero ella me replicó: - no, tú no... solo ella que es mujer. Tú no -. Elementalmente, hice caso omiso y las seguí, agarrando del otro brazo a mi novia y pendiente de todo por si en algún momento hiciese falta hacer lo que fuese para protegernos de aquel extraño ser enlutado. Y resultó que a escasos metros de donde estábamos y dentro de aquellas mismas ruinas, nos mostró la imagen de lo que parecía una virgen. Pero no una virgen normal, si no una virgen embarazada. Estaba tallada en la piedra y se veía claramente. Era una virgen embarazada. Y la anciana, ignorando mi presencia y dirigiéndose solamente a la que entonces era mi novia, dijo: - mira, es la virgen... tú que eres mujer. Es la virgen y está en estado. ¿A que nunca había visto a la virgen en estado? -. Reconozco que yo tampoco había visto jamás en lugar alguno una figura similar. Con mi vieja cámara de fotos de aquellas de carrete que hace años dejé de utilizar, disparé un par de veces apuntando con el objetivo hacia la imagen, aunque curiosa e inexplicablemente, nunca salió ninguna de ellas y aquello no hizo más que cubrir todo con un poquito más de misterio de ese que aun hoy no he llegado a comprender.


La anciana miró al cielo y antes de echar a correr hacia la puerta nos dijo con la misma voz y la misma entonación que no hacían más que acojonarnos más de lo que estábamos: - me voy corriendo, que va a llover -. Y se fue. Y cuando nosotros miramos al cielo, resultó que estaba totalmente despejado y brillaba el sol. Era una bonita tarde de verano. Y allí nos quedamos un rato más mi novia y yo. Por un lado observando con interés aquel lugar. Por otro, flipando por lo que acabábamos de vivir. Y al salir de aquella iglesia vieja y abandonada, sentada junto a la puerta estaba aquella anciana que hacía un rato nos había asegurado que corría hacia su casa porque iba a llover, quien nos saludo como quien saluda en un pequeño pueblo a quien ve por primera vez en su vida, a la vez que nos miró de arriba a abajo como si no nos hubiese visto jamás.


Con una extraña sensación y con algo de miedo aun dentro del cuerpo, nos metimos en el coche y abandonamos aquel pueblo pensando donde ir a cenar. Aquella noche nos apetecía pulpo. Pulpo a feira. Un manjar. Pusimos la radio del coche y comenzó a sonar "Haberlas Hailas", un tema de aquel grupo llamado Amistades Peligrosas que hablaba de meigas. No nos lo podíamos creer... "Hay, pruébame que hay, haberlas hailas, aunque no crea en meigas".


A la mañana siguiente desayunando en el pequeño y modesto hotel de A Lanzada donde estábamos alojados, le contamos al dueño, con el cual habíamos hecho migas y nos aconsejaba qué lugares visitar cada día, lo que nos había pasado y él sin dudarlo un momento y sin inmutarse lo más mínimo, nos aseguró: - ¡esa vieja era una meiga! -, - pero, ¿existen las meigas? - preguntamos nosotros. - Claro que existen. Y vosotros ayer visteis una -.

Es posible que tanto mi mujer como yo, de haber estado solos, hubiésemos pensado que todo fuese fruto de nuestra imaginación, pero ahí estamos ambos para decirnos el uno al otro que no. Que todo fue real.


Por cierto, que aquella misma tarde antes de regresar al hotel, llovió como pocas veces hemos visto llover.

lunes 6 de octubre de 2008

El niño con el pijama de rayas





En pleno mes de agosto pasábamos unos días de descanso en Noja, cuando cenando una noche en casa de unos buenos amigos, Pedro y Guadalupe, surgió el tema de la lectura. Entre picoteo y picoteo junto a Lidia y Aiala, las dos pequeñas estrellas de mis amigos, ellos nos recomendaron a mi mujer, a mi cuñada la mayor y a mí, un libro titulado El Niño Con El Pijama De Rayas, pero no quisieron contarnos absolutamente nada sobre él, ni tan siquiera un poquito. Tan solo se limitaron a repetirnos una y otra vez que lo leyésemos, asegurándonos que a ellos les había encantado.


Pocos días después de aquel encuentro con mi gran amiga de la infancia, nos hicimos con el libro y fue Ainara la primera en leérselo, aunque su impresión no fue muy buena. Me dijo que le había decepcionado, pero claro, yo, conocedor de sus gustos, que a veces pasan por cosas como Bea la fea, Los hombres de Paco, Hospital Central o House, decidí no tenerlo en cuenta y buscar el momento adecuado para poder leerlo.


Por una cosa o por otra, al final lo dejé un poco aparcado, hasta que de repente van un día los jode-rollos del celuloide y me joden el invento. Y es que me resulta muy curioso que la propia editorial del libro escriba en la contraportada del mismo que explicar su contenido estropearía la experiencia de la lectura, a la vez que asegura creer importante empezar la novela sin saber de que se trata, y en quince segundos de reloj van los de Estrenos TV o no se qué puto programa de la puta televisión, ponen un trailer y a tomar por el culo toda la magia que tenía depositada yo en esa historia.


En fin, que al final, casi un mes después de aquella recomendación, me he puesto con El Niño Con El Pijama De Rayas y he de decir que a pesar de que gracias a la dichosa televisión y a la costumbre del mundo del cine en querer hacer caja con aquellos libros que funcionan, yo ya sabía por donde iban a sonar las campanas, me ha encantado. Me ha parecido una historia sobrecogedora que me he devorado en poco más de dos horas y se me han venido dos cosas a la cabeza. Por un lado, aquella obra maestra de Roberto Benigni titulada "La Vida Es Bella", en la que el protagonista, aparte del mismísimo Roberto, es también un niño y por otro, el lanzar una complicada pregunta al aire: ¿en que lado de la alambrada hubieses preferido estar? A ver quien tiene cojones a responder.


Una última cosita: yo ahora quiero ver la película, pero os recomiendo la lectura del libro. Mientras tanto, veré lo que puedo hacer para que mi mujer deje de ver esas absurdas series de televisión.




sábado 4 de octubre de 2008

Atrapado por Gran Hermano



Tiene cojones... que a mis treinta y muchos años, asqueado a más no poder de la mierda que dan a diario por televisión y siendo de esa clase de tipos que desde hace más de ocho años echan pestes como montañas de ese repugnante concurso con el que una de las cadenas que tanto exige últimamente sus derechos y demás pamplinas de consentido adinerado se forra a costa de las llamadas y los "ese eme eses" de incautos e ignorantes, me he enganchado a "Gran Hermano". No se como me ha podido pasar. No le encuentro explicación. Y no es que me avergüence de ello, pero tampoco creo que sea para tirar cohetes.

No me pasaba algo así desde aquel primer Gran Hermano, cuando corría el año 2.000 y todo era novedad. Yo era algo más inmaduro y tanto Ismael como Iván me hicieron pasar unos buenos ratos sentado en el sofá. Luego todo me pareció cutre y repetitivo. Solo veía un a montón de personajillos intentando saltar a la fama sin más vergüenza que la pueda tener cualquier sinvergüenza de medio palo y como no, a una gran empresa frotándose las manos por las grandes cantidades de dinero que se embolsaba gala a gala gracias al invento de las nominaciones y las llamaditas telefónicas. Y aquello era el inicio de una gran bola de fango en la que se metieron poco después cutreces como Hotel Glam, OT, Factor X o el más reciente insulto al factor humano en el que tres adolescentes faltos de dos buenas ostias en su debido momento son expulsados de su casa por sus progenitores, con el único fin de llenar la parilla de otra cadena y hacerle la competencia a la del Gran Hermano.

Pero ahora no se que me puede haber pasado. El caso es que sin comerlo ni beberlo, me he enganchado a Gran Hermano 10. Espero que todo sea temporal y que no tenga que volver a escribir otro post contando las bondades y las subnormalidades de cada uno de los concursantes de esa mierda de programa, porque en ese caso empezaría a sentirme yo también un auténtico friki y nada más lejos de mis intereses.

No obstante, adelantaré que Loli, Iván, Gema y Carlos, su marido, me caen de puta madre y a Almudena, al Palomares, al Julito y a Ana no les puedo ni ver.

Que cruz... ya me siento algo friki...

martes 9 de septiembre de 2008

Entre la vida, la muerte y la mayor mierda de televisión. Y una noria.


Mientras un hombre se debate entre la vida y la muerte por tratar de ayudar a una mujer que supuestamente estaba siendo agredida por su pareja, un absurdo programa de televisión trata de conseguir audiencia, me imagino yo que tirando de talonario a base de dinero huntado en mierda, entrevistando a la mencionada tipa, la cual lejos del más bello gesto de agradecimiento por tal acto hacia quien acudió en su ayuda, se mostraba despectiva hacia él, sin mostrar el más mínimo respeto ni hacia quien por su puta culpa se encuentra al borde de un avismo del que el regreso se antoja difícil, ni hacia su familia.

Mientras un hombre se debate entre la vida y la muerte por ayudar a una desconocida a la que él creyó ver que se encontraba en grave peligro, ella, para quien mi imaginación no me alcanza a lanzar un calificativo de lo más sucio y mezquino, se limita a repetir una y mil veces que ese hombre no es ningún héroe, que se equivocó al tratar de ayudarla y que no tenía que haber hecho nada. Y con más cara que la que pueda tener cualquier inspector de hacienda o cualquier concejal de urbanismo, intenta vendernos que lo suyo es ser la víctima en esta historia y no deja de repetir lo mal que lo está pasando por el acoso que ella, pobrecita y cuitada, y su pareja, están recibiendo.

A veces uno es consciente de que las cosas se tuercen más de la cuenta y en ningún momento pondré en duda de que la intención de aquel tipo no era causar tales lesiones y mucho menos la muerte de nadie, incluso no dudaré de que tal agresión nunca existió, porque en el fondo y visto lo visto, hasta me la pela, pero llegados al caso, lo mejor hubisese sido ser humilde, guardar silencio, agachar la cabeza y respetar al máximo a toda una familia. Aunque llegados a este punto, quizás me dé aun mucho más asco la actuación de los gestores o programadores de esa cadena de televisión, que la pobre ingenua, a la que encima le cayeron ostias por todos los lados. Como si los patéticos tertulianos del corazón tuviesen corazón alguno... Una cadena de televisión que cada día se cubre un poquito más de gloria; una gloria que en realidad está rellena de mierda. Primero avivando llamas al tener los cojones de meter un equipo de televisión en el avión que al día siguiente cubría la misma linea de aquel que en pleno verano se estrelló dejando una larga estela de muertos y ahora con este lamentable circo, invitando a su programa a quien no se merece ni ser mirada a la cara... y todo mientras un hombre se debate entre la vida y la muerte.
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A Jesús Neira. Por su pronta recuperación.

lunes 8 de septiembre de 2008

Mi primer año de casado







Parece que fue ayer y ha pasado ya un año. Un año desde el día que nos dijimos aquello del "Sí, quiero". Y a pesar de que pueda sonar a tópico, guardo el recuerdo de ser el mejor día de mi vida. Y aunque desde entonces a veces tengo la tengo la extraña sensación de que hayan pasado veinte años en vez de uno, por la cantidad de sensaciones por las que la vida me ha hecho pasar, tanto para bien como para mal, sigo disfrutando de mi matrimonio como el primero de los días. Como aquel 8 de septiembre de 2.007.

Por ello y por segunda vez desde que me embarqué en el fabuloso mundo del blog, me veo obligado a decir: Gracias, Ainara. Gracias.
.
Y que sean otros cien...
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Fotografías realizadas por la gente de Fotogenia Digital: http://www.fotogenia-digital.com/

viernes 5 de septiembre de 2008

Gaizka. 28 semanitas.


Gaizka. 28 semanitas. Un kilo doscientos gramos apróximadamente. Si no hay novedades y todo va sobre lo previsto, a finales de noviembre le veremos la cara. La imagen es de la ecografía de las 4D, la cual tenemos también grabada en DVD y en color. Preciosa.

miércoles 27 de agosto de 2008

El supermercado del gato por liebre

Cada vez que hago la compra en algún supermercado de esos que ultimamente salen de la nada casi como los champiñones, observo colocaditos en en sus baldas cientos de productos de esos casi milagrosos que presumen de elegantes bondades, tales como mantener la línea, ayudarte a crecer, a tener unos huesos fuertes, a controlarte el colesterol, activar tus defensas o incluso hacer que tu corazón lata más fuerte o tu cerebro trabaje más rápido. Y son muchos los productos de este tipo que están pensados sobre todo para los más débiles de la casa: los niños.

También podemos contar por cientos todos aquellos alimentos industriales que presumen de ser sanotes a más no poder por carecer de azúcar, sal, conservantes, colorantes o grasas animales, por poner algún ejemplo, pero que si dedicásemos tan solo unos segundos a leer las pequeñas letras donde especifican sus ingredientes, muy posiblemente encontrasemos aditivos o añadidos mucho peores, como por ejemplo los edulcorantes o las grasas vegetales parcialmente hidrogenadas. Veneno puro. Tanto o más que el tabaco. Pero sobre ello no hay apenas información alguna. ¿Porqué no ponen en los envoltorios de los Tigretones que estos están llenos de unas grasas manipuladas mucho peores aun que la manteca pura de cerdo y que podrían llegar a causar la muerte, al igual que la Ley obliga a ponerlo en el tabaco? Lo mismo se podría decir de las palomitas de microondas: bombas de aceites hidrogenados. Tampoco estaría de más que obligasen a La Granja San Francisco, (por poner una, que no es la única) a poner en las etiquetas de su miel que al ser un producto pasteurizado, ha perdido todas sus propiedades y en vez de comprar un producto sano, natural y beneficioso para la salud, como así creemos, estamos adquiriendo un mero endulzante de color y sabor similar al de la miel.

Mi mujer o mis amigos más cercanos alucinan cuando hacen la compra conmigo y es que procuro leerme todo. Desde los ingredientes de cada producto que esté a punto de caer en mi carro, hasta la sede social de la empresa que lo fabrica, incluido el Registro Sanitario. Y créanme, si encuentro algo que no me satisface, pues dejo el producto en su sitio y que le den por el culo a su fabricante y a su distribuidor.

Y es que me encanta la mahonesa, mayonesa o bayonesa, que cada fabricante la llama como le da la puta gana, pero me toca los cojones que en el bote me pongan que es sana. Me como las tostadas untadas con mantequilla o con margarina, pero nunca con aquellas que me toman el pelo diciendo que regulan mi colesterol y que son beneficiosas. Ambas son fatales para la salud. También me gusta desechar todo aquello que en la etiqueta presume de ser el mejor de los mejores entre los productos de su especie. Ya saben aquello del "dime de qué presumes y te diré de qué careces". Tampoco entiendo muy bien el hecho de que publiciten una marca y en vez de venderme su producto concreto, me vendan los cromos que regalan, el apartamento que sortean o lo paleto que es algún famoso. Que por cierto, me encantan los Ferrero Rocher y el queso curadito del tal García Baquero, sobre todo el que lleva Denominación de Origen Zamorano, pero también es cierto que últimamente me da un poquito hasta de asco. Aunque bueno, esto en realidad es un asunto menos grave. Quizás se solucionase cambiando de publicista. Lo que ya me mosquea un poco más, es cuando para vender el producto utilizan campañas solidarias de ayudas a necesitados. Esto clama al cielo. Que ayuden me parece estupendo, pero que no alardeen de ello para aumentar las ventas.

Y para rematar la faena, están luego todos aquellos productos que cada poco se anuncian en los medios alegando que han sido elegidos como mejor producto del año por los consumidores. ¿Y saben que? en realidad, "mejor producto del año por los consumidores" no es más que una marca. Me explico: una empresa es dueña de esa expresión y esta le concede la marca a quien previo pago la solicita para utilizarla en su publicidad. Con lo cual, ni mejor producto, ni consumidores. Es algo que ya lleva tiempo denunciado por diferentes asociaciones de consumidores y quizás hayan conseguido algo, porque ahora que lo pienso, hace tiempo que no veo ese tipo de publicidad.

Así que muchas veces uno va al súper totalmente concienciado de que le van a dar gato por liebre... o peor aun... pomadita de la mala.

lunes 18 de agosto de 2008

Riing... Riing... Spam... Spam...

Riiing... Riiing... Riiing... Número oculto.

- ¿Si? -

- Holaa, mi nombre es Adriana, le llamo de Timoestar ya que ha sido usted seleccionado por nuestra empresa para ofrecerle un contrato con nuestra compañía y le regalamos un teléfono móvil de última generación que... -

- No, no, gracias, no tengo intención alguna de cambiar de compañía -

- Si, si, caballero, tenga en cuenta que lo que nosotros le ofrecemos... -

- Que no, que no, de verdad, lo siento. Le agradezco su llamada, pero al menos de momento estoy contento con mi actual compañía y... -

- Si, si, pero fíjese todo lo que Timoestar le ofrece, ya que... bla, bla, bla... y más bla, bla, bla...-

Y aunque la cortes una y mil veces, la tipa aquella ni calla ni te escucha, por lo que al final, hasta los cojones de aguantar intromisiones en tu vida, uno tiene dos opciones. O mandar a tomar por el culo a la fulana, que en el fondo tampoco tiene la culpa, ya que la mujer se gana sus alubias de esa manera, o colgar sin más acordándose uno de la puta madre que parió al directivo aquel de Timofónica que cada poco sale en televisión sonriendo por las enormes ganancias de su puta empresa. Así que, como no han sido ni una, ni dos, pues según me dé.

A los pocos, días de nuevo desde otro número oculto, Tomás me dice representar al Banco del Tío Gilito o yo que sé y me ofrece no solo el abrirme de ya para ya una cuenta con ellos, si no también un crédito fabuloso que me ayudará a realizar ese viaje que nunca hice o a comprarme ese pedazo de plasma de 52 pulgadas con el que siempre soñé. Y claro, yo que algunas veces pienso rápido, me digo para mis adentros: - ¿qué cojones sabrá el notas este sobre mi vida? -. Y me corto de mandarle a la mierda, pero le cuelgo inmediatamente apretando el botón rojo de mi teléfono móvil, aquel que en su día me regalaron los de la naranja francesita por la puta cara con tal de no abandonarles de buenas a primeras, gestión íntegra que realizaron curiosamente a través de una llamada telefónica.

No habrían pasado ni quince días, cuando me llamaron, esta vez desde mi propia Caja de Ahorros, para ofrecerme un seguro de vida. Atónito, le digo a aquella mujer a la que apenas entendía por su cerrado acento andaluz, que no, que no quiero ningún seguro y que el día anterior había cerrado ya uno con Carrefour. Y es que aunque aquello era mentira y no tenía seguro alguno, lo cierto es que el día anterior me habían llamado de Carrefour, cágate...!, ya que como poseedor de la tarjeta del Club de no se qué pollas, me lo regalaban durante un par de meses. Y hasta el tercero no tenía que pagar. Que majos, me dejaban probarlo y todo; como quien se prueba una camiseta. A la tiparraca aquella del Carrefour no la colgué. Esta era más profesional. La dije que no, me pidió disculpas por molestarme y tras desearme las buenas tardes, casi fue ella la que me dejó a mí con la palabra en la boca. Digo yo que por no perder el tiempo y seguir intentando engordar su comisión.

Pero lo que ya clamó al cielo me pasó poco tiempo después: un día de hace solo unos meses me encontré una llamada perdida en mi móvil con un número oculto. Una llamada que por la razón que sea, yo no oí. Eran las 8 de la tarde. Si, si, las 8 en punto de la tarde. Curiosamente, al día siguiente a la misma hora volvieron a llamar, pero como vuelve a ser un número oculto, el menda cansado de tanto gilipollas pasa de coger, por si las moscas. Pero al otro día y a la ocho en punto una vez más, el móvil vuelve a sonar, aunque esta vez no pude atender la llamada, pero no por que no quisiese. El caso es que pasaron diez días, si, si, diez días en los que a las ocho de la tarde y con una puntualidad británica que al final casi me llegó a asustar, me llamó un número que sin saber quien era, por una razón o por otra, yo no atendí.

- Qué curiosidad, mañana sea como sea, a las 8 de la tarde tengo que estar pendiente de esa puta llamada -

Y vaya si lo estuve. No podía fallar. A las 8 en punto cogí el teléfono ¿y saben que? eran de la revista Quo, que me llamaban para que me suscribiese, sin más. Atónito, respondí: - no me jodas y no me digas que para esta puta mierda lleváis casi dos semanas tocándome las pelotas! -. El otro no dijo ni si, ni no, ni bien, ni mal. Colgó el teléfono y me imagino yo que seguiría dándole la paliza a algún que otro cuitadillo con mejores modales que yo. - Me cago en la puta Quo - fue lo único que luego acerté a decir yo.

Y hoy leo la noticia de que esta publicidad o spam telefónico en breve estará prohibida y por fin la podremos denunciar. Ya era hora.

Amén.




Nota: con mis comentarios no pretendo desprestigiar a la revista Quo, ni mucho menos. Hace años, cuando formaba parte de la directiva de una importante organización de ayuda humanitaria, tras solicitárselo a la redacción en persona, nos enviaron durante mucho tiempo la revista de forma gratuita y desinteresada, al igual que lo hicieron desde CNR, El Jueves o El Correo Español. Cosa que no hicieron, tras solicitárselo de la misma manera y bajo un absurdo pretexto, los responsables de Interviú.

lunes 11 de agosto de 2008

Te he echado de menos hoy... exactamente igual que ayer



Podría haber sido una bonita mañana de verano igual que la presente. Pero resultó ser diferente. Al igual que hoy, era 11 de agosto, pero de otro año. De hace unos años. Solo unos pocos años. Demasiado pocos como haberlo olvidado aun, aunque hay cosas que nunca se olvidan por mucho que uno envejezca.

Creo recordar que en Bilbao hacía buen tiempo, pero allí donde sucedió, llovía. Yo no lo vi, pero me lo contaron. Entre otros, aquel amigo de la infancia, el guardia civil. Qué casualidad que él estuviese allí... Fue quien más detalles me dio.

Era una mañana de madrugada, pronto, muy pronto. Una mañana de verano en uno de tantos y tantos pueblos de Castilla, de esos llenos de veraneantes, de gente con ganas de vivir, de divertirse. Pueblos de verbenas, de ríos y de embalses, de cerveza con gaseosa y un Fortuna a media tarde y de vacaciones. De ligues, de amores de verano que uno nunca olvida y de buenos amigos que a veces uno solo ve de año en año. Aunque aquel día a mí me tocaba trabajar lejos de todo aquello.

Era muy pronto y yo estaba durmiendo cuando sonó el teléfono y la noticia inundó de sombras a los presentes. Ya no estaba. Había fallecido. Un jarrón de agua sucia y helada hubiese sentado mejor. Era una de tantas. Solamente una niña. Quizá veinte años. Una víctima más que pasaría a engrosar las listas negras de aquel verano y de la DGT. Aunque son ellos precisamente quienes menos se preocupan. Solo sufren por los números. Si estos son altos, les duele, pero no las víctimas ni sus familias. Les duelen los números porque la oposición les recuerda que quizás hay algo que están haciendo mal. Y aquel día fueron once los muertos en toda España. Solo en el que yo maldije, fueron ya cuatro. Alguno carbonizado. El resto se repartieron por el país. Un pais de familias rotas y heridas de muerte.

Y van pasando los días... los meses y los años y todo sigue igual. Igual que siempre. Nada ha cambiado. Rara será la mañana que alguien no reciba una llamada similar en algún lugar no tan lejano. En verano y en invierno. Y a veces nos vuelve a rozar. Yo juro que perdí ya la cuenta de todos aquellos que conocí y que un mal día se quedaron para siempre en la carretera. En la puta carretera.

Y mientras yo, te he echado de menos hoy, exactamente igual que ayer.



A todos ellos y en especial, a ella.

jueves 24 de julio de 2008

Los Gaiteros del Faro



Agosto de 2.002. Bilbao en fiestas. Aste Nagusia. Semana Grande. Por la noche.


Tras varios katxis de kalimotxo por las txoznas del Arenal, nos dirigíamos alegres y contentos hacia la zona de la Granja, en la plaza de España, donde íbamos a seguir de katxis en otro tipo de ambiente algo más pijotero quizá. Pero más tranquilo también.

En el puente del Arenal que cruza sobre la ría, algo hizo que nos detuviésemos. Era un bello sonido de gaitas. Tres tipos. Dos adultos y un niño. Dos gaitas y un tambor. Dos gaiteros y un tamborilero. El más pequeño, el del tambor. Una jota, una polka o un pasodoble, ya no recuerdo. O quizás algún tema típico de Cantabria. La funda de una de las gaitas tirada en el suelo servía para que la gente que se arremolinaba ante el trío de músicos echase sus monedas, aunque la mayoría de los casuales espectadores optaba por abandonar el improvisado escenario antes de dar por terminada cada pieza. Digo yo que por no soltar la gallina, que a veces pa todo no llega. Pero nosotros aquella noche estábamos por derrochar. Eran fiestas y teníamos el bote o escote para beber recién puesto, así que tras cada tema, soltábamos algún eurillo. No era mucho, pero menos da una piedra. Aunque teníamos todos la extraña sensación de que aquellos tipos no tocaban por dinero. Tocaban por divertirse. Y vaya si se divertían...

Tema tras tema, eurillo tras eurillo, al final surgió la confianza. Que si de donde sois, que si me encanta la gaita. Que si os sabéis la Alborada de Pontevedra, que si toquéis el Alalá Das Mariñas o la de Cabana. O mejor aun, mi favorita: la Muñeira de Chantada.

-Que no somos gallegos, que somos de Cantabria. La que te vamos a tocar es de nuestra tierra. Te va a gustar-.

La voz cantante, aunque allí no cantaba nadie, la llevaba Hilario, quien por cierto, era hermano de José y el padre de Diego.

Y claro que me gustó. Y la otra. Y la otra. -Que pena que no sepais la de Chantada-

-Algún día la aprenderemos... O no... Que no somos gallegos-

No se porqué razón, desde hace ya muchos años me encanta esa muñeira. Puede que sea porque sonaba en todas las verbenas de aquellos pueblos alistanos llenos de magia durante las vacaciones de cuando uno no era más que un crío. Aquellas verbenas de las que tantos y tantos recuerdos guardo y guardaré para el resto de mis días.

-Venga, tocar una más- Y la tocan. Y otra. Pero tanto rato allí, estábamos ya secos, así que había que seguir hacia las txoznas de la plaza España para tomar unos tragos. Y va y se me ocurre: -oye, ¿porqué no guardáis ya las gaitas y os venía a tomar un lo que sea con nosotros?-, -que sí-, -que no-, -que sí-, -que no-. Que al final se vinieron. Tampoco hizo falta mucho para convencerles.

Y resultaron ser unos tipos cojonudos. Hilario, José y Diego. Diego el más pequeño. Seis años? Ocho? Diez? No muchos más. Un cacharrillo en la Granja, bar de moda en aquellos tiempos y nos despedimos. Nosotros a seguir de fiesta por las calles de Bilbao, ellos a su casa, camino Santander. -Encantados de conoceros-. Intercambio de manos. Y de números de teléfono. A ver si un día quedamos y tal. -Que majos, verdad? ¿Y como decían que se llamaban?-, -Gaiteros Del Faro. De Santander-. Fue tema de conversación durante el resto de la noche con la que entonces era mi novia, ahora mi mujer y con dos viejos amigos con los que hoy, cosas de la vida, apenas tenemos contacto.


Y con todo olvidado, llegó aquella Navidad. Y recuerdo la nochevieja, recién inaugurado el 2.003, a las puertas del Boss, uno de los locales de copas que frecuentábamos y que todavía de vez en cuando nos dejamos caer por allí. Mi móvil sonó y al descolgar reconocí aquella voz. Era Hilario, que gritando como de alegría me decía: -Feliz año nuevo! Salva, escucha. Salva, escucha-. Y en esto que al otro lado del teléfono suena una gaita. Una gaita tocada en vivo y en directo. Los pelos de punta y mis labios con una sonrisa de lao a lao. No me lo podía creer. Era la Muñeira de Chantada. La tocaba Pablo, el cuarto Gaitero del Faro, al cual aun no conocíamos. Pedazo de sorpresa. Hilario me había sorprendido.


Desde entonces, nos hemos visto un par de veces en Santander, me enviaron una maqueta con sus canciones y de vez en cuando seguimos en contacto vía móvil o vía e-mail, manteniendo por ambas partes la promesa de quedar un día para comer por tierras cántabras, a ser posible donde haya buena música y donde no falte el sonido de las gaitas. Y a pesar de lo poco que les conozco, juro que son buena gente. Muy buena gente. Y se merecían dedicarles este post. No es para menos.




Fotografía de Santander. Junio de 2.004


A Hilario, a José, a Pablo y en especial a Iñigo y a Deva. A los Gaiteros del Faro.






http://www.gaiterosdelfaro.com/

miércoles 23 de julio de 2008

La gaita del maestro Carlos Núñez




Corría el año 1.997 cuando descubrí un disco un tanto atípico para mis gustos musicales de aquellos tiempos, más cercanos al dance o al techno que a otra cosa. Aquel disco llevaba por título "A Irmandade Das Estelas" y en su portada aparecía un desconocido para mí con una gaita entre sus brazos que se decía llamar Carlos Nuñez. Tras escuchar aquella joya que cayó en mis manos así de casualidad, llena de preciosos sonidos de gaitas y flautas, fusionadas con algún que otro instrumento también de lo más puro y rural, pensé que aquella música era lo mejor que había escuchado en toda mi vida.
Han pasado ya más de once años desde aquello y hoy es el día que tengo en mi casa toda la discografía de Carlos, aparte de otros muchos discos de género similar, tales como Milladoiro, Luar Na Lubre, Berrogüetto o Tejedor. Y elementalmente, sigo pensando que es la mejor música que haya escuchado jamás, aunque soy de esos a los que les gusta casi todo tipo de músicas. Salvo Bustamantes, Bisbales y demás engendros similares que quedan bien lejos de la definición de músico, llegando con suerte a la categoría de karaokistas o incluso con mucha, a meros intérpretes.

Unos años después, posiblemente en el 2.000, tuve la ocasión de poder ver un concierto suyo en Bilbao dentro del programa de la Aste Nagusia, quedando demostrado para mí que Carlos era un músico como la copa de un pino, lo que me animó un par de años después, con motivo de mi única visita hasta la fecha a Vigo, a acercarme hasta su oficina, donde a pesar de no estar él, fui estupendamente recibido por su gente, charlando con ellos cerca de una hora, consejos incluidos sobre qué visitar en la bella Galicia.

Ahora, casi ocho años después, he vuelto a tener la ocasión de ver en concierto a Carlos Nuñez. Fue el pasado sábado en Barakaldo. Si tuviese que definir su actuación, no encontraría palabras tan bellas para hacerlo, así que me limitaré simplemente a decir que una vez más me reafirmo: Carlos Nuñez es uno de los mejores músicos que conozco.

Acompañado entre otros de su hermano Xurxo, del gran Pancho Álvarez y de Doces Lebranzas, una banda de gaiteros del mismo Barakaldo de la cual no había oído hablar jamás a pesar de conocer a uno de sus componentes, disfruté durante casi dos horas como disfruta aquel que por un momento lo tiene todo en la vida. Gaitas, flautas, mandolinas, violines, percusiones, incluso un txistu y una trikitisa hicieron que la noche del sábado se convirtiese en magia pura. La mejor magia en la que uno pueda creer. La de Carlos Nuñez y la de la música celta. Posiblemente una de las más puras. Posiblemente una de las más antiguas. Posiblemente la más internacional. Sin duda, la mejor. Aunque no dudo que para gustos están los colores.


viernes 18 de julio de 2008

El cubo de Rubik





Me imagino que cualquiera que haya nacido a finales de los años 60 o durante la década de los 70, sabrá lo que es el cubo de Rubik. Y estoy seguro de que quien más o quien menos, tuvo en sus manos uno, aunque no fuese de él.

Yo tuve uno y aunque le di mil vueltas o más durante no se el tiempo, jamás logré poner cada cara de su color. Bueno, miento. Un día cabreado de ser tan torpe, lo desmonté arrancándole todas sus piezas y lo monté de nuevo, haciendo coincidir todas sus caras con sus respectivos colores. Aunque no fue tarea fácil, me resultó mucho más sencillo que hacerlo tal y como en su día se le ocurrió a Ernö Rubik, su inventor.

Con los años, este juguete cayó en el olvido y aunque ahora diferentes campañas y varias asociaciones tratan de hacerlo resucitar, no creo que tenga mucho éxito en una generación dominada por Xbox, Wii's y Play Stations varias. A mí sin embargo, que a pesar de ser un fanático de la electrónica y de la informática, no me ha dado jamás por hacerme con ninguna de estas máquinas de perder el tiempo, me llamó un día la atención verlo en el expositor de uno de esos grandes almacenes que surgen ahora casi como setas donde antes hubo... setas y estuve tentado de hacerme con uno, pero reconozco que me echó atrás su alto precio. No logré entender que un juguete tan sencillo pudiese costar casi 40 eurazos. O más de seis mil de las antiguas pesetas. Y total, para seguir sin ser capaz de montarlo, salvo que en otro arrebato de mala ostia lo haga piezas.

Efecto parecido fue el que causó en mí el día que se me ocurrió hacerme con un Monopoly. Aquel juego con el que hace ya muchos años jugué horas y horas con mi vecina Ainhoa, donde había que comprar y vender calles, casas y hoteles al contado. Tampoco me lo compré, aunque al final sé que no podré resistirlo, a pesar de tener que dejarme en un simple trozo de cartón, unas fichas y unos pocos dados de plástico otros 40 euros. O seis mil y pico de las antiguas rubias.

Hoy en día los niños y no tan niños apenas juegan ya con estas cosas. Prefieren las consolas y matar dibujos tan reales que a veces hasta llegan a parecer actores de verdad. Y yo no puedo olvidar lo feliz que era con mi cubo de Rubik, el Monopoly de mi vecina Ainhoa, el Quien Es Quien que me regalaron mis padres un año por Reyes -seguro que aquel año también me pedí el camión de Rico- o simplemente bajando al parque de mi barrio a jugar al hinque, a las canicas o a las vueltas ciclistas que hacíamos con las chapas de Coca Cola, que para que pesasen un poco, las rellenábamos con un pedacito de cristal, que a la vez servía de protector al cromo con la cara de Marino Lejarreta que llevaba yo.

Ha pasado tanto tiempo... Y han cambiado tantas cosas...

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En el momento de publicar este artículo, me han informado de que el cubo de Rubik puedo encontrarlo por 15 euros. Eso ya es para pensárselo, así que quizás cuente mi experiencia otro día.

viernes 11 de julio de 2008

Las mentiras y el evangelio



Tras acabar la lectura de "Mentiras Populares", el último libro de Bruno Cardeñosa, director del programa de radio de Onda Cero "La Rosa de los Vientos", el cual sin tener interés literario alguno, sorprende por las cosas que cuenta, relacionadas con las leyendas urbanas que desde hace años circulan por el mundo, ahora empiezo a deshojar un relato de Patrick Graham titulado "El Evangelio del Mal".

No se porqué razón, lo primero que me llamó la atención de este libro hace ya unas semanas fue su portada, donde un extraño ángel parece salir del océano. Y como no, su título, por el cual uno ya se puede imaginar de qué va la cosa.
Casualmente, la pasada semana cayó en mis manos un pequeño extracto promocional del libro de quince o veinte páginas, el cual me impresionó tanto que no he podido evitar hacerme con él. Un libro que habla sobre los textos secretos de la iglesia, sobre el macabro suicidio de una religiosa auto emparedada para evitar entregar uno de esos textos... Sobre un ritual aterrador que sucedió hace siglos, donde murieron todas la monjas de un convento italiano a manos de una extraña fuerza y que en la actualidad se repite.... En fin, sobre el Evangelio del mismísimo diablo. Aquel que no debería caer nunca en las manos de ninguno de nosotros. Por si las moscas.

Llevo solo unas cuantas páginas leídas, que quizás no alcancen ni a la media centena y reconozco que pese a que desde siempre me han gustado las películas de terror y la lectura de este género, he pasado ya unos cuantos ratos de acojono. De auténtico acojono. Demasiado fuerte para cualquier mortal, aunque engancha. Y me gusta, vaya que si me gusta. Es por ello que lo recomiendo, pero no para quienes sean demasiado susceptibles o miedosos. Aunque siempre pueden surgir voces -como en todo- que digan: -que exagerado es el tío este...-.

Y ya puestos a recomendar, lo haré también con el de "Mentiras Populares", aunque son lecturas muy diferentes. Con este quizás muchos os penséis un par de veces las cosas antes de reenviar todas aquellas chorradas, consejos o advertencias que llegan a diario en forma de e-mail. Y sabréis todos los falsos mitos que se han contado a lo largo de los últimos años sobre la Coca Cola, el Red Bull, los falsos secuestros en centros comerciales o la leyenda aquella que cuenta que el señor Wall Disney está congelado. Todo mentira, aunque también es cierto que para creerte que todo sea mentira, primero hay que empezar por confiar en que todo lo que dice el señor Cardeñosa sea cierto, claro está.


miércoles 9 de julio de 2008

El trailer de "Rico"



Durante gran parte de mi infancia, soñé con tener sobre todo dos juguetes, los cuales aun no se porqué, mis padres jamás me compraron. Uno de ellos era un tren eléctrico y el otro un camión teledirigido. Concretamente un trailer Pegaso de la marca Rico, que entonces era la delicia de todos los niños. Recuerdo hasta el anuncio de la tele, en el que un niño en blanco y negro metía dentro de su remolque un conejo de verdad. Todos los años, uno tras otro, me pedía los dos en la carta que les escribía a los Reyes Magos, pero jamás me los trajeron. Reconozco que eran unos juguetes muy caros y aquellos no eran precisamente los tiempos en los que unos padres obreros y humildes se gastasen demasiado dinero en unos simples trastos.

A mi amigo Miguel Mendoza, un año los Reyes le trajeron un coche todo terreno de color rojo de la misma marca y al menos me pude quitar el chinche un rato jugando con él, aunque en aquellos momentos le envidiaba de manera exagerada. Que suerte tenía el tío. Y eso que eran cacharros teledirigidos a través de un cable en vez de por radio frecuencia como funcionan ahora, con las limitaciones que eso tenía para jugar.

Curiosamente, muchos años después y cuando ya había dejado muy atrás la bella infancia, mientras participaba de manera activa en una de las campañas de recogida y entrega de juguetes a niños sin recursos, organizada por la institución Cruz Roja, a la cual pertenezco desde hace ya más de veinte años, un anónimo particular donó un camión de Rico. Me pasé horas observándolo y no se a quien le hizo más ilusión, si al niño que tuvo la suerte de llevárselo a su casa o a mí.

Lo que sí que me trajeron un año los Reyes Magos, fue una bicicleta. Era de la marca BH, de color azul y con dos pequeños patines en los laterales de la rueda trasera que servían para no caerse. Y fue también aquella bicicleta la que un día me ayudó a desenmascarar a Melchor, a Gaspar y a Baltasar, para descubrir la gran mentira que viven todos los niños durante varios años. Mis padres tenían aquella preciosa bicicleta guardada en un armario detrás de un montón de ropa y un día empecé a revolver hasta que vi al fondo una de las pequeñas ruedas de uno de los patines. Medio emocionado, medio asustado, llamé a mi madre y la dije que en el armario había una cosa con ruedas, aunque ella en vez de darme explicaciones, me dijo que había visto mal y me sacó de allí, prohibiéndome volver a hurgar en aquel armario. Llegado el día 6 de Enero, para mi sorpresa, me encontré con que los Reyes Magos me habían traído una bicicleta. Me hizo muchísima ilusión y aquello superaba al tren eléctrico y al camión Pegaso de Rico, pero nada más verla, reconocí aquella pequeña rueda. Aquel día se cayó el mito de los tres de Oriente para mí. Vaya palo me acababa de llevar.

Y lo peor, es que cuando lo conté en el cole, los niños de mi clase no me creían. Los Reyes Magos eran mis padres. No cualquier padre, no. Los míos.
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"Fragmento extraido de "Mis Amores y Yo", arreglado el 8 de julio de 2.008. "

domingo 6 de julio de 2008

El Coloso de Asensio Goya




Reconozco que de cierto arte no tengo ni puta idea y soy de los que en toda mi vida no ha pisado el famoso Guggenheim por dentro más que en una ocasión, aprovechando la visita de mi amiga Esther de Móstoles, allá en el 2.001. A pesar de tenerlo a menos de una hora de mi casa andando y a escasos 5 minutos en coche o autobús. Y para una vez que fui, me resultó decepcionante, quizás por aquello que ya he explicado al principio de no tener ni la más repajotera idea de ese tipo de arte. Y es que ver unas piedras, como vi, tiradas en el suelo sin ton ni son, como las hay por cientos en cualquier pueblecito de por ahí, para mi es al arte lo mismo que un tal Bisbal puede ser a la música o Belén Esteban al periodismo. Bazofia pura y dura.

Partiendo por lo tanto de esa ignorancia reconocida por mí mismo sobre el arte, me ha resultado gracioso, cuando no increíble, lamentable, incluso de echar a correr, el tema de El Coloso, ese cuadro de valor incalculable que se creía había pintado Francisco Goya entre 1.808 y 1.812. El cuadro en cuestión era una obra de arte de esas que te la tienes que comer porque sí, porque uno lo dice y los demás, ignorantes como yo, decimos: Amen. Pero ahora, en el año 2.008, gracias a no se qué investigaciones de no se quien, que ni me molesto en averiguar por lo poco que en realidad me interesa, resulta que el cuadro no lo pintó Goya, o eso dicen, si no un tal Asensio Juliá, colaborador y discípulo de Francisco. Todo un logro llegar a tal conclusión.

El caso es que ahora el valor del cuadro ha debido caer en picado, pues Goya era Goya y Juliá es Juliá. Simplemente Juliá. Y si el cuadro era bonito, ahora ya no lo debe ser tanto. Y si era una obra de arte, ahora se puede quedar simplemente en una obra. Y si su valor era incalculable, ahora podría tener precio. Quizás hasta le cambien el título y ahora solo sea El colo.

Y es precisamente esto lo que yo no entiendo. Soy un ignorante, lo se y lo reconozco, pero prefiero ser así toda mi vida, a formar parte tan solo cinco minutos del circo ese que nos venden con tonterías varias y con el pretexto del arte y los artistas. Que más de una vez he escuchado eso de que quien no entiende el arte, es un pobre de alma.

Y ya puestos a hacer el papel de ignorante, me atrevo a decir que El Coloso no me interesaba lo más mínimo antes, cuando se le atribuía a Goya, pero tampoco me interesa ahora. Yo tengo por costumbre ponerle valores incalculables tan solo a las personas. Nunca a los objetos. Aunque lo haya realizado, pintado, compuesto, creado o narrado la madre que lo parió.


miércoles 25 de junio de 2008

Niño o niña...



A puertas de las 19 semanas, por fin sabemos cual es el sexo de la criatura. Mi mujer se inclinaba un poquito más hacia la niña, más que nada por aquello de vestirla en plan moñas y por intentar hacerla a su imagen y semejanza, digo yo, claro, que igual es hasta mucho decir. Dicen, y solo dicen, que por lo general las niñas son más pijoteras, más cariñosas y más fáciles de domar, aunque quizás no sean más que leyendas urbanas. Somos primerizos y reconocemos no tener la menor idea del tema.
A mí me daba igual que fuese niño que niña, aunque cierto es que unos días me inclinaba más hacia los pitilines y otros hacia los chetines, pero aunque suene a tópico, mi mayor deseo es que sea lo que sea, salga bien. Sano y fuerte. Como sus aitas. Como sus abuelos. O como sus aitites. Si bien, en el momento clave, no se porqué, de repente deseé una niña. Quizás yo también sea algo moñas.

Por fin hoy nos han dicho que será un niño. Y le hemos visto. Revoltoso y travieso como yo. Agitando sus manitas, cabezón y con un par de huevos para afrontar la vida como un campeón. Y es que quizás esté de moda tener niños, porque un niño les vino hace poquitos días a Natalia y a Jontxu. Otro niño esperan Valen y Marta. Y por si fuese poco, dos pitos les vienen también a Nieves y a Irkus. Así que amiguitos no le van a faltar. Aparte de Ibai e Igor, mis más pequeños vecinos. Dos pequeños diablillos encantadores.

Y he aquí el mayor problema: ¿qué nombre ponerle? Se aceptan ideas de todo tipo. Basta con pinchar en el enlace de comentarios y aportar tu granito.

martes 24 de junio de 2008

Todo cambia

Me gustaba la canción y quise hacerla en lo posible un poco mía:


Cambia lo superficial, también cambia lo profundo, cambia el modo de pensar, incluso el de soñar. Cambian nuestras relaciones y a veces hasta el modo de actuar. Y es que cambia todo en este mundo.

Cambia el clima con los años, cambia el pastor su rebaño, cambia el lugar de residencia mi vecino, cambia el gobierno y el alcalde, de gerente aquella empresa y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño.

Cambia... Todo cambia.

Cambia el más fino brillante, cambia el nido el pajarillo, cambia el sentir un amante, también cambia el tiempo, ayer hizo sol y hoy está lloviendo, cambia la bonita embarazada y cambia el niño cuando ya no es niño y se hace grande.

Cambia el rumbo el caminante, aunque esto le cause daño, cambian las tecnologías y el agujero del ozono se vuelve cada vez más grande, cambia el músico callejero de estación y a veces de guitarra y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño.

Cambia... Todo cambia.

Cambia el sol en su carrera, cuando la noche subsiste, cambia la planta y se viste de verde la primavera. Cambia el cabello del anciano y cambia la salud a medida que uno se hace viejo. Cambian el renacuajo y el gusano cuando se vuelven rana y mariposa Y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño...

Pero no cambia mi amor por más lejos que me encuentre, ni el recuerdo, ni el dolor de mi pueblo y de mi gente.

Lo que cambió ayer, volverá a cambiar mañana, así como cambio yo en esas tierras tan mías o tan extrañas.

Cambia... Todo cambia.

Y creas o no... Cuanto hemos cambiado, aunque yo siempre sea el mismo que no cambia. Y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño.




Inspirado- incluso en ocasiones plagiado- en el tema "Todo Cambia" de Shuarma (ex-Elefantes).

miércoles 18 de junio de 2008

De mayor quiero ser diputado

Yo de mayor quiero ser diputado y ocupar una de las poltronas del Congreso, allá en Madrid. Tener un presidente que cada poco vele por mis derechos y me pida subidas de sueldo y reducción de jornada. No le haría ascos al tal Bono, a pesar de reservarme la opinión que pueda tener de él.

Yo de mayor quiero ser diputado, me da igual si del Pepé, del Pesoe, del Peneuve o del Partido de los Imbéciles Caraduras. Quiero trabajar solo de martes a miercoles. Tener coche de alta gama de empresa. Ordenador portatil, pedeá, teléfono móvil de última generación, dietas de 120 euros diarias, viajes pagados en AVE, avión o similar y un sueldo de cuatro o cinco mil eurillos mensuales de ná. Y sueldo vitalicio aparte cuando cese en el Congreso, claro está. Que aunque me busquen algún cargo de gerente o asesor en alguna suculenta empresa de por aquí o por allá, nunca vendrán mal unos pocos de billetes de más.

Y como no me gusta el fútbol, los días de partido yo sí que iré a trabajar, así que me supongo entenderán que yo me tome libre alguno de los días en que en Disney Channel pongan La Sirenita o Merlín el encantador. Cada uno disfruta con lo suyo.

Prometo no dormirme en ninguna sesión, al menos intentarlo. No gritar más de la cuenta y decir a todo "Amen". No quiero líos. Solo vivir bien. Que me saquen poco por la tele y cuando lo hagan, decir solo que todo bien, ¿crisis? ¿que crisis? Y cosas del estilo.

Yo de mayor no quiero ser uno más. Quiero ser diputado. No quiero vivir entre gente normal de la calle. Gente que protesta, que hace huelgas, gente que se manifiesta, que trabajan como cabrones para ganar mil euros y que en vez de casa, tienen hipotecas. Que pringaos.

Yo de mayor quiero reirme de todos vosotros. Quiero ser diputado.

sábado 14 de junio de 2008

La puta crisis

Mientras atravesamos posiblemente la mayor de las crisis económicas de los últimos 50 años -o eso dicen- y mientras medio país se encuentra paralizado por la huelga de transporte, de pescadores, de taxistas, metro y autobuses urbanos, entre otros, nuestros gobernantes dale que dale cual loco con su tema. Y aquí no pasa nada. Más circo y más pan. Y todos tan contentos. Aunque la barra de pan nos cueste doscientas pesetas y la vivienda, algo de primera necesidad, pague un 7% de iva y la electricidad o el gas un 16.

El de los zapatos con su talante, su sonrisa a lo Mister Bean y su no consentir protestas ni protestantes. El pepito de las barbitas pidiendo a todas horas explicaciones que ni le interesan, pero es lo que marca su guión desde la cutre oposición. El de Madrid que si a por todas con las olimpiadas del dosmilnosecuantos. El de "los vascos y las vascas" erre que erre con su plan hasta en la sopa. El no se quien iluminado de Europa que si tenemos que currar hasta 65 horas semanales. La ministra de igualdad dando la paliza con la RAE, los miembros y las miembras, el fistro y el guay, a cuenta de su estúpida incultura. Hace falta ser idiota. Pero ni dimite ni la botan de la poltrona, tiene huevos. Si tanto aboga por la igualdad, que equipare mi sueldo al suyo y que cierre esa puta boca ya. Y por si fuese poco, las grandes empresas afectadas por la huelga en plan "daños colaterales" lloran como mandriles mientras no pierden na de na, pues de manera legal envían a sus operarios a la puta calle. Y se quedan tan anchos. Mientras, el Banco Botín-Santander presumiendo cada poco de sus enormes beneficios. Iberdrola facturando más millones que nunca. El Banco Europeo subiendo el euribor de los cojones cada quince minutos. Inditex aumentando día a día sus beneficios mientras sus empleadas de base no ganan ni pa la mitad de la puta hipoteca. Y en el bar "to dios" con la puta Eurocopa. O fíjate tú en el Alonso. Que si como corre. O peor aun: el cambio de la Bea. Que por cierto, de guapa tiene lo que mi culo de romántico. Ja,ja,ja risas mil.

Y que más da la crisis? Si hasta mi amigo Jose dice que no es pa tanto. Que me haga rico. Como quien se hace un piercing. Que no me queje. Pues yo me quejo y me cago en todo. Se que no consigo nada y la puta crisis me apretará fuerte hasta en las pelotas, pero yo me quejo, protesto y me cago en la puta madre de quien tenga la culpa de todo esto. Porque culpable, haberlo hailo. Aunque su madre sea una santa.

miércoles 4 de junio de 2008

Sábado por la tarde



Hacía mucho tiempo que no me sentaba durante la sobremesa de un sábado frente al televisor de mi casa. Quizás demasiado. Por eso cuando lo hice el otro día, no pude evitar recordar todos aquellos sábados de cuando yo no era más que un niño, hace ya muchos años. Como tampoco pude evitar lanzar juramentos varios contra todas las cadenas y contra sus programadores.

Y es que la televisión ha cambiado demasiado, no se si para bien o para mal, aunque yo soy de los que optarían a ojos cerrados por la segunda opción. Es más, me quiero arriesgar a decir que bajo mi punto de vista, la televisión es una puta mierda.

La programación de todas las cadenas de aquella tarde de sábado me resultó repugnante y vomitiva. En varias de ellas daban una película de esas que jamás pasaron por un cine. Uno de esos films malos hasta más no poder, hechos exclusivamente para televisión, basados casi siempre en unos hechos reales tan absurdos como patéticos, sin más calidad que la que pueda tener una buena cagada de paloma y tan aburrido como ver crecer un nogal.

En otra, varios engendros hasta el culo de esteroides disfrazados de cualquier cosa, peleaban simulando ponerse finos a ostias de las que con solo una bastaría para partir en dos a cualquier mortal que se precie, mientras ellos ni se inmutaban, a la vez que posiblemente el peor comentarista del mundo no dejaba de decir sandeces. Claro, que todo no es más que una aburrida coreografía la cual no alcanzo a comprender su interés por parte muchos.

En otra cadena repetían por enésima vez fragmentos del tal Buenafuente, al cual ya he dejado claro en otras ocasiones, que no acabo de tragar. Es un humor que me resulta tan absurdo como el de los putos Morancos.

Y el resto de cadenas se repartían entre el tenis, un aburrido y repetitivo programa sobre lo más "¿gracioso?" del resto de cadenas, algún lamentable concurso de llamadas a un 902 con olor a podrido presentado por una repelente chillona, además de puta mentirosa y un cutre partido de fútbol donde me dio la impresión de que el único público que había eran familiares directos de los pobres que jugaban y donde no repetían ni tan siquiera los goles, me imagino yo que por falta de medios técnicos. Tampoco andaré muy lejos si dijese que el cámara posiblemente no sea más que un mero aficionado grabando en miniDV.

Y de repente me vinieron a la cabeza varias preguntas: ¿donde están aquellos sábados por la tarde en los que los niños éramos los grandes protagonistas? ¿donde está David el gnomo? ¿y Mazinger Z? ¿y el Comando G? ¿y Willi Fog? ¿y la abeja Maya? ¿donde está Ruy el pequeño Cid? ¿y D'Artacan? ¿y Lucky Luk? ¿y el inspector Gadget? ¿que fue de Naranjito? ¿y de Tom Sawyer? ¿y de Ulises? ¿y de los hermanitos Jackie y Nuca?

Yo siempre deseaba que llegasen la tres y media de la tarde de los sábados para ver todas aquellas joyas por televisión. Era la tarde de los niños. Hoy no solo deseo que llegue pronto el apagón analógico, si no que como ya he dicho en otra ocasión, por mí como si llega el apagón digital.

martes 3 de junio de 2008

Resignación

Resignación ante la vida.
Resignación por vivir a veces lo que a uno le ha tocado sin pedirlo.
Resignación por perder muchas veces la batalla.
Resignación por ser quien soy y no quien quisiese ser, a pesar de querer ser siempre uno mismo.
Resignación por la muerte de mi padre.
Resignación por estar bajo el domino de unos pocos poderosos.
Resignación por llegar tarde muchas veces a donde uno hubiese tenido que llegar antes.
Resignación por no tener los cojones suficientes para hacer las cosas de otra forma.
Resignación por las guerras.
Resignación por tener que pagar por la barra de pan más de un euro.
Resignación por la muerte de mi prima.
Resignación por tener que trabajar para poder comer.
Resignación por entregarle solamente mi sueldo casi íntegro a una tal hipoteca.
Resignación por vivir con miedo.
Resignación por los muertos inocentes.
Resignación porque un día creí que era libre y nunca lo fui.
Resignación por la muerte de aquel
amigo.
Resignación por ser cobarde.
Resignación por pensar muchas veces más de la cuenta.
Resignación por no tener cerca a tantos y tantos que aprecio.
Resignación por oír día tras día a mis representantes políticos tontería tras tontería.
Resignación por todo lo que perdí en el camino.
Resignación por desconocer que me deparará el mañana.
Resignación por la muerte de aquel conocido.
Resignación por creer un día que la iglesia era buena.
Resignación por no poder ver nunca nada bueno en la televisión.
Resignación por tener que compartir tantos ratos con el mal.
Resignación por tener que aguantar casi a diario a tantos idiotas.
Resignación por la mierda de Leyes que yo nunca puse, donde a menudo manda más el dinero que el sentido común.
Resignación porque algún día moriré.
Resignación por no haber sabido escribir algo mejor.
Resignación.

Y aun así, juro que estoy lleno. O casi lleno.

jueves 29 de mayo de 2008

El Marte de los inocentes


Me resulta curioso que en los tiempos que corren, el hombre sea tan extremadamente inteligente como para enviar un artilugio hasta Marte capaz incluso de devolvernos al instante imágenes de aquellas lejanas tierras. En color y todo. Extremadamente curioso el hecho de ser capaces de construir un vehículo capaz de volar ni más ni menos que 679 millones de kilómetros a una velocidad de 21.000 kilómetros por hora durante meses sin necesidad tan siquiera de repostar. Por muchas milongas acerca de la falta de gravedad que muchos tratan de meterme cuando les hablo del tema. O paneles solares y tal... Que sí, que bla, bla, bla y las flores de colores. Quiero yo un panel para mi coche así. Kilómetros y kilómetros sin echar una gota de gasolina. Y mira que velocidades... Por dios.

Y claro, el hombre que es tan listo, sabe ya que Marte tiene un volcán de 25 kilómetros de alto y que su temperatura media es de 63 grados bajo cero. Centígrados, elementalmente. Y que hace millones de años hubo agua. Y hielo. Y puede que hasta vida. Quien sabe si en Marte no habrá ya un Mc Donalds... Yo creo que hasta puede que haya que un todo a cien regentado por chinos y todo. Por no decir una iglesia. Al menos, sí una ermita.

Ahora, me resulta infinitamente más curioso aun el hecho de que ese mismo hombre tan inteligente y tan capaz de llegar tan lejos sin tener nada claro que ostias se le habrá perdido allí, aun no haya logrado hallar un remedio eficaz, por ejemplo contra el cáncer. O contra el SIDA. O simplemente contra la psoriasis. Tiene huevos. Tampoco esa sobrada inteligencia ha servido para crear un sustituto de la sangre. O de una médula ósea. ¿Para qué perder el tiempo? Con todo lo que hemos perdido en Marte. Y en la luna. Y lo hombres que nos hace llegar a estos sitios. Que sería de mi sin saber que pasa en Marte...

Que nos lleguen imágenes de millones de kilómetros cielo arriba, mientras hay cientos de pueblos sin cobertura telefónica, me resulta de tebeo. O peor aún, sin agua. Y con Windows dando problemas y bloqueándose cada poco... Irónico, verdad?

Pero cada uno que crea en sus príncipes y en sus princesas, en las hadas o en las sirenas. Total, en eso consiste la fe. Yo por mi parte, creo que jamás un hombre ha pisado la luna. Ni la va a pisar, al menos en los próximos cien años. Y quien más cerca ha estado de Marte, posiblemente haya sido un lune o un miercole.

Ah, por cierto, que un servidor tampoco se ha creído en la puta vida que hace 65 millones de años existiesen unos animales llamados dinosaurios... Si aun no tengo claro ni lo del niño Jesús y eso fue hace solo 2.000.

Si alguien es capaz de demostrarme lo contrario, desde aquí le reto y que me convenza. Pero con hechos de verdad, no con palabrería absurda y facilona.

Queda dicho.

viernes 23 de mayo de 2008

Mis amores y yo


En pocas fechas, concretamente el día 31 de agosto, hará diez años que comencé a escribir como había sido mi vida hasta entonces. Me imagino que al proyecto podría denominarlo algo así como mis memorias, pero tampoco lo tengo claro del todo.

El caso es que a lo tonto, a lo tonto, comencé a hacer memoria y a contar toda o casi toda mi vida desde que tengo uso de razón, titulándolo "Mis Amores Y Yo", y añadiéndole como subtítulo "...Aunque Creo Que Nunca Creí En El Amor". Elementalmente esto último iba un poco en plan irónico, pero motivado por alguna que otra relación traumática de mi pasado, algo más reciente en aquel entonces. Salvo diversas correcciones a los textos, ortografía y poco más, que elementalmente me puede llevar aun más tiempo del que imagino, puedo decir que no hace mucho las di por terminadas, finalizando las hazañas justo en el mismo momento en el que la que hoy es ya mi mujer apareció en mi vida. Alguna vez he pensado en continuar, pero no he encontrado la motivación necesaria, aparte de que creo que terminar justo en el momento en el que aparece ella, puede ser similar a los finales de la inmensa mayoría los cuentos para niños -y no tan niños- con final feliz: "...y fueron felices!"

Mi objetivo es convertirlas algún día en un libro. En un solo libro únicamente para mí, que guardaré con celo y que de vez en cuando leeré, aunque sepa ya de antemano todo lo que me voy a encontrar en él. A pesar del título de esas memorias, no solo hablo en ellas de mis amores, hayan sido realidad, platónicos o frustrados, si no que en ellas hablo también de todos mis amigos. Amigos de ayer y de hoy. Amigos que fueron y que ya no son. Amigos que fueron y que siguen siendo. Amigos que ya no están ni estarán, porque algún supremo decidió que así fuese. De mis amigos, de mis grandes amigos y de mucha otra gente que sin llegar a serlo, pudieron ser importantes a lo largo de mi vida. Más de lo que ellos mismos se podrían imaginar. Y como no, también hablo de otros muchos hijos de la gran puta (en realidad son los menos) que intentaron pasar por mi vida haciendo daño y que uno supo mandar a tomar por el culo antes de tiempo. Es por ello que son la parte menos importante de "Mis Amores Y Yo", pero a la vez imprescindibles en la vida, al menos aunque solo sirvan para saber diferenciar a la buena gente que pasa junto a nosotros de la gentuza.

Y cuando alguna vez las repaso, me resulta curioso ver como a pesar de que están escritas exclusivamente para mí, me he permitido el lujo, como los grandes, de cambiar varios nombres y de modificar levemente algún dato por si acaso. Y es que a veces cuento cosas complicadas y demasiado comprometedoras que nunca deberían saberse, pero que tampoco quiero dejarlas de lado, porque la verdad es que todo, absolutamente todo lo que me ha pasado en la vida, ha sido importante y necesario para que hoy sea lo que soy y como soy. Para bien y para mal. Al igual que todos aquellos de los que en esas ciento y pico páginas hablo. Y es que como en la vida misma, nadie es imprescindible, pero todos somos muy importantes.

Gracias a todos.





Acompaño a continuación un pequeño fragmento de como empecé aquella historia hace ya diez largos años:



"Cruces, Barakaldo (Bizkaia). 8 de Noviembre. Año 1.9XX. Ese fue el día en que yo debí nacer, que si no me equivoco, era Lunes, aunque no me acuerdo ya de la hora que era. Era demasiado pequeño, pero me suena que mi madre me ha dicho alguna vez que eran las 6 de la mañana. Parece mentira, con lo poco que a mí me gusta madrugar... ¿o quizás es que aún no me hubiese acostado? Encima era lunes, con la manía que les tengo. Claro que de lo malo, malo, no tenía que ir a clase, ni tampoco a trabajar".

lunes 19 de mayo de 2008

Pequeña historia de miedo. Gran historia de un pueblo



Puede que la historia que voy a contar sucediese hace ya más de cincuenta largos años, aunque me resulta imposible afirmarlo con certeza. Y es que ninguno de los dos protagonistas viven ya para corregirme, aunque uno de ellos me la contó un montón de veces. Quizás nunca le di excesiva importancia, pero charlando una noche con mi amigo Alberto (Cambiarán Los Vientos) a través del messenger, salió el tema de las ciencias ocultas y los fenómenos paranormales. Él me contó su extraña historia con una güija y yo le conté lo que hace años me había contado mi padre que le había sucedido a él mismo una noche en el pueblo donde se crió.

Alberto me pidió que le enviase la historia con todo tipo de detalles para publicarla en su blog, pero pasó el tiempo y no llegué a escribirla. En parte por pereza y en parte porque las tres o cuatro veces que le pregunté a mi padre sobre el tema, se hacía el loco y me decía que en realidad había sido una tontería y estaba convencido de que tenía que haber alguna razón para explicar lo sucedido, lejos de estar relacionado con fenómenos paranormales o cosas del estilo. Mi padre no creía en según qué tipo de tonterías.

Hoy por fin me he animado y le envío a Alberto la historia para que él haga y deshaga a su antojo, a la vez que con su permiso, me permito incluirla en mi blog, siendo así este mi primer "articulillo" compartido de mi pequeño espacio en la red.

La historia, como bien he dicho ya al comienzo, sucedió posiblemente hace más de cincuenta años en un precioso pueblo perdido de la mano de Dios, más cercano a tierras portuguesas que a cualquier capital de provincia española, donde los vecinos vivían (y aun lo hacen) exclusivamente de la agricultura y de la ganadería. Entrados ya en el verano, los lugareños se dedicaban a la trilla. En realidad, este proceso que hasta no hace muchos años se ha seguido realizando en este bello pueblo, puede parecer sencillo, pues no es otra cosa que separar el grano de la paja, ya fuese trigo, cebada o centeno, pero resultaba mucho más laborioso de lo que puede parecer a simple vista. Todo empezaba con un sorteo en la plaza del pueblo, donde tras la misa de algún domingo y en una reunión a la que denominaban "concejo", se decidía la parte de la era que le tocaba a cada familia para realizar la tarea de la trilla. Aunque la era no era muy grande, la zona favorita era la más cercana a la fuente o chariz donde poder llenar los botijos de agua sin grandes desplazamientos, avalada además por la sombra de dos hermosos chopos que tanta personalidad le dieron a aquel pueblo durante muchísimos años. Claro, que llegados aquí, tengo la duda de si aquel lugar era el favorito para los lugareños, o para mí, un niño que a finales de los 70 pasaba las jornadas de sol a sol subido a un trillo junto a sus abuelos. Y tanto el agua como la sombra eran los mejores aliados cuando el sol parecía fuego.

Una vez decido el trocito de era que le correspondía a cada familia, había que ponerse en acción y el trabajo era duro. Muy duro. Lo primero, era ir a buscar a las tierras lo que ellos llamaban "el pan". Unas veces era trigo, otras cebada. A veces centeno, que anteriormente habían segado durante muchos días deslomándose en el proceso. El transporte se hacía generalmente en un carro tirado por dos vacas, aunque los más pudientes lo podían hacer en tractor. Una vez llevados varios viajes con aquellos montones de paja y espigas a la era, todo se expandía haciendo un círculo de varios metros de diámetro por donde luego pasaban una y otra vez varios trillos de nuevo tirados por vacas. Vueltas y vueltas sobre aquel montón de paja denominado, si la memoria no me falla, "parva", de sol a sol, día tras día. Dos vacas por trillo. Y una persona siempre sobre aquel artilugio de madera lleno de piedras cortantes en su parte baja, generalmente sentada sobre un pequeño taburete, entre otras cosas para hacer peso y poder cortar bien la paja, pero también para guiar a las reses, para que no se detuviesen en ningún momento y para ponerles un latón debajo del culo cada vez que los animales cagasen, porque el pan no podía mancharse. Quizás el rato más desagradable de la trilla. Por contrario, el más agradable podía ser posiblemente el rato de la comida. Siempre en la misma era, bajo cualquier sombra. De menú, cocido por lo general hecho lentamente en la lumbre y en un pote color negro. El mismo pote en el que luego entrarían una a una todas las cucharas de los comensales, pues quizás los platos fuesen un lujo.

Al final de varias jornadas, todo estaba ya bien trilladito. Bien trituradito. Y era el momento de abandonar la trilla, retirar los animales y hacer un gran montón con toda aquella paja, donde se podía ver uno de los momentos más emotivos de aquel laborioso proceso. Y es que casi todos los vecinos dejaban aparcados sus trillos para correr a ayudar a quienes les tocaba el turno de amontonar. Y a veces el humor estaba tan presente que aquello parecía una fiesta.

Una vez amontonada toda aquella paja, tocaba el turno de limpiarla. Para ello hacía falta que hiciese un poco de viento y de esa manera, al tirar la paja al aire, se iba separando poco a poco el grano de la paja. Poco a poco. Muy poco a poco. En un lado la paja llevada por el aire, en el otro el grano que caía por su propio peso debajo de uno mismo. Una pasada, y otra... Y otra... Uno tras otro. El abuelo, la abuela, el hijo, la nuera, los nietos... Allí trabajaba la familia al completo. Hasta los más pequeños. Todos terminaban llenos de paja hasta las entrañas.

El resultado final era un buen montón de paja por un lado y otro algo inferior de grano por el otro. A veces de trigo. A veces de cebada. Otras de centeno. Y aquel grano se metía en sacos y se llevaba a casa de nuevo en un carro tirado por vacas. Una vez en casa el grano y la paja, vuelta a empezar. Recoger la siega, llevarla en carro a la era, trillar de sol a sol en pleno julio o agosto, limpiar, separar la paja del grano... Llevarla a casa. Y vuelta a empezar.

Y he aquí donde empieza la historia que me ha llevado a escribir todo esto. La que un día le conté a mi amigo Alberto. Alberto el de Mérida.

Una vez separado el grano de la paja, había que llevarlo a casa, pero a veces no daba tiempo, caía la noche y había que dejar la tarea para el día siguiente. Y no hace falta resaltar el valor de aquel grano habiendo contado ya el largo proceso para llegar hasta él, así que tan preciado pan no día quedarse allí solo y siempre se quedaba a dormir en la era algún miembro de la familia para cuidarlo y que nadie lo robase.

Una noche de aquellas, quizás hace ya más de cincuenta años, les tocó quedarse a cuidar el grano a mi abuelo y a mi padre. Ya estaba todo el pueblo en silencio y totalmente a oscuras, cuando ambos se disponían a dormir en aquella era, junto a su grano, realmente a escasos metros de su casa, cuando comenzaron a escuchar cánticos. Al principio se extrañaron, pero no le quisieron dar importancia, pues eran cánticos lejanos. Pero poco a poco esos cánticos fueron acercándose cada vez más, hasta tener la certeza de que provenían exclusivamente de mujeres, de muchas mujeres, y lo que cantaban... era el rosario. No era ni la hora ni el lugar apropiado para que lo que allí estaba pasando fuese normal, así que asustados, huyeron camino de casa, donde a buen seguro, no fueron capaces de quitarse en toda la noche aquella escena de la cabeza. Eso sí, a la mañana siguiente, el montón de grano de trigo, cebada o centeno, vete a saber, estaba en su sitio y todo era normal en aquel pequeño pueblo.

Mi padre siempre me lo contó como una anécdota curiosa, pero a la vez procuró mantener en todo momento que tenía que haber una explicación coherente sobre lo que pasó. Algunos cuando les he contado la historia, directamente me han hablado de la Santa Compaña, una especie de procesión de almas en pena, creo que relacionada con la cultura gallega, la cual dicen que si se cruzan en tu camino, te llevan con ellos... para siempre.

Ahora el resto queda en la fe de cada uno. Lo que sí que puedo afirmar es que hace cerca de seis años, en el mismo pueblo yo viví también una historia extraña de esas que a uno aun se le ponen los pelos de punta cuando la recuerda, pero seguramente también tenga una explicación lógica, aunque esta ya la dejaré para otra ocasión.


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Dedicado a mi padre y a mis abuelos, por la parte que les toca.

Gracias a Alberto (ver Cambiarán Los Vientos) por ser en parte la fuente de inspiración para contar esta historia. Y a Jeijo (ver Las Historias De Jeijo y Aliste) por ser el primero en decidirse a hablarnos de aquel bonito pueblo en Aliste.info.

Fotografía de la trilla en Lober de Aliste cedida por Gezu (Jesús Río)

sábado 17 de mayo de 2008


No hace mucho leí con asombro en la prensa que ya estaban preparados para funcionar los supermercados sin cajeras, osea, sin personal físico que nos atienda y nos cobre, a la vez que los carritos de la compra irán acompañados de un pequeño gps para que en todo momento sepamos donde está cada producto sin necesidad de tener que buscarlo y mucho menos de tener que preguntar a empleado alguno sobre su ubicación.

-Que bien- dirán algunos de esos que se tienen por listos. Esos mismos que ya repostan sus coches en surtidores donde meten sus tarjetas de crédito en una máquina, o que pagan el peaje de la autopista de la misma forma, sin necesidad de tener que verle el careto al cabinero de turno.

Pues yo soy de otra especie. No sé si mejor o peor, pero otra especie. Soy de esos a los que el otro día le dio asco un tipo cuarentón de fea barba cerrada, que tras haber cogido varios cómics en el centro comercial Fnac de Bilbao, pagó su cuenta en una caja sin cajero o cajera de carne y hueso, sin darse cuenta el muy imbécil de que estaba aportando su granito de arena para que la sociedad gestora de dicha empresa ganase un poco más de dinero a cuenta de prescindir de personal. Si todos actuásemos igual, joderíamos el empleo en dos días. Y es que realmente la culpa no es del empresario, que hambriento de dinero se las ingenia para ganar más y más -si yo fuese empresario, posiblemente compartiese menú con ellos- si no del pobre gilipollas aquel de la barba cerrada, que de manera ignorante, pagó sus putos cómics sin pensar en que le estaba jodiendo las lentejas a otros muchos como él.

Por mi parte, solo me queda desearle que le aprovechen los cómics aquellos. Y que siga ajeno a la puta realidad y al futuro que nos espera por tipos como él. Pobre imbécil... Mientras, yo procuraré repostar mi coche en esas poquitas gasolineras que quedan, donde un operario te atiende. Aunque con el tiempo y al paso que van las cosas, me tendré que resignar y acabar haciendo lo que haga el resto del rebaño. La vida es así.

domingo 11 de mayo de 2008

A mi mujer




El otro día mi mujer me sorprendió con un comentario: -nunca has hablado de mí en tu blog-. Y claro, ponte tú a explicarla que sí, que tiene razón, pero que esa idea me rondaba ya hace tiempo por la cabeza y que en varias ocasiones había empezado a escribir algo para ella, sobre todo a partir del día en que nos enteramos que en el tiempo que la madre naturaleza ordena, será la madre de mi primer hijo, pero que quería que ese algo fuese tan especial, que como no me conformaba con cualquier cosa y nunca acababa de gustarme, al final siempre lo borraba. Sonaría a excusa. A excusa barata, a pesar de poder jurar una y otra vez que es verdad. Así que opté por guardar silencio, sonreír y dejar caer un leve y cariñoso comentario: -que tonta eres!-.

Es por ello que de nuevo me pongo en faena, aun arriesgándome a tener que borrar todo porque al final tampoco me guste. Y es que escribir "articulillos de aficionado", como alguno calificó uno de los que pueblan mi blog, me resulta fácil, por eso son "articulillos". (Y aprovecho para dejar algo más que claro que con mi breve experiencia, aun no llego ni a aficionado). Pero hablar de algo tan importante para mí como es mi mujer, me resulta extremadamente complicado. Solo por ser mujer, es ya especial, pero por ser como ella es y por tener que aguantar a un tipo como yo, estoy convencido de que la mujer tiene ganado el cielo ya hace tiempo.

Con ella comparto mi vida. Mis penas y mis alegrías. Ella es la que hace que cada momento haya una razón para sentirse vivo, la que consiguió que aquel día en que me planté acojonado delante de un altar a decir "sí, quiero!" fuese el mejor de mi vida. Quien también en los ratos más duros y cabrones que uno haya pasado, ha sabido estar a mi lado, dándome apoyo y sabiendo incluso engañarme para que no me diese cuenta de que ella se daba cuenta de lo que yo intentaba disimular.

La que me grita si corro con el coche, me despierta si ronco por las noches, me chilla cuando pongo la música a volumen brutal... O me dice que estoy chalao cuando al despertarme, lo primero que hago es encender el ordenador y ponerme a navegar por la red. Y es que, seamos sinceros, muchas veces me vuelve loco, pero aun así, es la mejor entre las mejores. Ainara. Mi amiga, mi confidente, mi compañera, mi mujer.

Es por ella y solo por ella, que estas letras estén escritas aquí hoy.





viernes 9 de mayo de 2008

Tetas y playa


Se acerca la temporada de playa y aunque no se porqué me da a mí que este año no voy a visitarla mucho en solidaridad a mi mujer, como siempre se llenarán de bikinis y bañadores. Unos a tomar el sol, otros a bañarse, algunos a pasear, otros simplemente a pasar el rato y los que más, como yo, ha hacer un poco de todo.

Pero lo que me lleva realmente a escribir estas letras, son las críticas de algunos sectores de esta sociedad, los cuales se han molestado incluso en reunir firmas para evitar el topless en nuestras costas, llegando a afirmar que tal operación es un espectáculo lamentable y ofensivo, especialmente para los niños, por lo que piden lo que ellos llaman "playas familiares".

Y digo yo, que a mí no me importa lo más mínimo acudir a una playa donde se practique el topless, ni mucho menos me importará que vayan mis hijos, porque estoy seguro que les educaré de tal forma que vean el cuerpo humano, sea de hombre o mujer, como algo bello, como una autentica obra de arte. Y sobre todo como cuerpo humano que es. A la vez que procuraré que el topless sea para ellos algo tan natural, que ni tan si quiera le presten atención, preocupándose de pasar un formidable día de playa en lugar de dedicarse a ver cuantas tetas son capaces de mirar en cada jornada. Claro, he de decir que yo también he sido, he pensado y he actuado siempre de esa manera. Pero me temo que quienes pretenden evitarlo, puedan llegar a ver en esos topless algo más que simples personas tomando el sol. Posiblemente solo vean mujeres desnudas, tetas y más tetas. Tetas grandes y tetas pequeñas, que no solo les provocan, si no que estarán deseosos de tocarlas, manosearlas... mmmm... Y dios sabe qué... Pero se quedan con las ganas y eso duele. Sobre todo por dentro de la bragueta. Y será eso lo que queremos evitar.

¿Me equivoco en algo?. Seamos serios y hablemos claro.

Yo, sobre todo, playas con libertad.

lunes 5 de mayo de 2008

A mí no me gusta el deporte... ¿y qué?


Puede que sea yo un bicho raro, vete tú a saber, pero he de reconocer que soy de ese tipo de gente a la que no le gusta el deporte. No me gusta practicarlo, pero mucho menos ver como lo practican otros. Y lo entiendo como juego, lo entiendo como diversión entre amigos, entre equipos de barrio sin ánimo alguno de lucro o incluso como mero trámite a una vida algo más sana, pero nunca podré llegar a entenderlo como espectáculo.

Aborrezco el fútbol. No le encuentro sentido ver a veintitantos tíos dándole patadas a una puta pelota e intentando colarla dentro de una red, mientras miles o millones de personas sufren si ven perder al que llaman "su equipo" o lo celebran como quien celebra el nacimiento de su propio hijo si este gana. Idéntica opinión guardo sobre el baloncesto o deportes de equipo similares, y no es que no lo haya intentado, pero no, no lo soporto, soy incapaz de permanecer más de tres minutos seguidos viendo un partido, sea este de lo que sea. Me supera y me encabrono. Y si ya lo aborrezco viéndolo en vivo o por la televisión, escucharlo por la radio me resulta tan duro y aberrante como antaño me resultaba escuchar a Elena Francis. Y es que lo comparo por ejemplo con el cine, con una obra de teatro o con un buen espectáculo. Me gusta verlo, pero no me haría ni puta gracia que alguien me lo retransmitiese.

Me aburre el tenis, tanto o más que cualquier ridículo programa de teletienda o teleconcurso de esos tan de moda y por supuesto, no le veo mérito alguno a un tipo que recorre el mundo en moto de agua o en catamarán o a uno que nada horas y horas sin parar aun arriesgando muchas veces su vida y la de los demás. Para mí, Meca no es ningún héroe, si no un pobre gilipollas con ganas de dar la nota. Y no deja de sorprenderme lo vacías que se quedan muchas veces las calles cuando hay algún partido de esos que dicen importante, o aquellos a los que les revienta madrugar para ir a trabajar, pero los domingos de carrera, son los primeros en ponerse el despertador corran a la hora que corran.

Tampoco le encuentro gracia alguna a la Fórmula1, ni al motociclismo, ni a lo de la puta vuelta ciclista, sea a donde sea... Y es que encuentro a casi todos los deportistas de elite faltos de humildad. Incluso muchos de humanidad.

A veces trato de buscarle el lado bueno, pero juro que no lo encuentro. Y soy consciente de que tiene que tenerlo, pues tantos millones de personas no pueden estar equivocados. Pero créanme, a mí no me gusta el deporte. Y aunque respeto a quienes lo adoran, y elementalmente, para gustos están los colores, la razón de este escrito no es más que por decir que uno está hasta los mismísimos cojones de escuchar aquello de que me tiene que gustar el fútbol o la Fórmula1 porque sí, porque le gusta a todo el mundo. O de que en las tardes de fútbol, si voy por la calle escuchando mi música en mi reproductor de MP3, algún alcahuete me pregunte eso de: -¿qué, como van?-

-¿y a mí que cojones me importa?-

miércoles 30 de abril de 2008

Donantes de vida


Tiene los ojos de su madre... La sonrisa de su padre... Y un órgano trasplantado.

Recuerdo que esa frase o una bien parecida, me impresionó hace ya algo más de dos años cuando la leí en la séptima planta del hospital de Cruces. La acompañaba la fotografía de un niño de corta edad, supuestamente trasplantado y un buen número de personas de las de verdad, llenas de cables, de tubos, de sofisticados aparatos y sobre todo de muchas ganas de vivir, a pesar de observar en muchos de ellos caras de cansancio y de sufrimiento.

Era la planta de recuperación de pacientes trasplantados de riñón. Un lugar extraño, un tanto oscuro, triste (en aquel mismo lugar citan a la vez a varios posibles receptores y muchos vuelven a sus hogares condenados a seguir atados a una máquina de diálisis que a la vez que les da la vida, les agota físicamente) y alegre a la vez. Un lugar donde se mezclan sentimientos y donde a pesar de que hablar de ello podría ser incluso tabú por lo delicado del tema, tan importantes como esas personas recién trasplantadas o los médicos y personal sanitario que inunda la planta, lo son esos anónimos donantes y sus familias.

Vayan entonces estas palabras como muestra de un eterno agradecimiento a todos ellos, a la vez que intento hacer un llamamiento a gritos para que todos seamos donantes. Donantes en vida, cediendo por ejemplo nuestra sangre o incluso nuestra médula. Y donantes en muerte, porque vayamos donde vayamos, ya nada nos servirá. Y por duro que sea, que todos tengamos la fuerza suficiente para decir "Si", si llegado el desgraciado momento, uno de nuestros más queridos familiares entra en ese pequeño porcentaje de donantes válidos inmediatos. Hay otras vidas en juego y todos podemos ser esos héroes anónimos que regalan vida a quien la necesita.

Quisiera también criticar a nuestros gobiernos por pasar olímpicamente del tema y no dedicar unos euros a informar o publicitar apenas nada sobre el tema. Y como no, a los medios de comunicación por su silencio.

No te cruces de brazos y hazte donante. Puede ser suficiente simplemente con hacérselo saber a tu familia. En nuestras manos está regalar vida y son muchos quienes lo necesitan.

Tiene los ojos de su madre... La sonrisa de su padre... Y un órgano trasplantado.

sábado 26 de abril de 2008

Música y un poco de mierda


En la corta vida aun de este, mi blog, no es esta la primera vez que me apetece hablar sobre la música. Ni será la última. Aunque esta vez, más que sobre la misma música, hablaré sobre la mierda que la rodea.

Algo que para mi opinión denigra al mundo de la música, aun más que la piratería, son los concursos bazofia tipo Operación Triunfo. En ellos nos muestran el lado ruin del ser humano. Por una parte, el afán recaudatorio de quienes lo organizan. Por otra, el afán de protagonismo de gilipollas faltos de respeto, tales como Risto, que bien se merecería que algún osado concursante le abriese de vez en cuando la cabeza. Y por otro lado, esos pobres niños faltos muchas veces de un buen padrino que les hubiese presentado a algún gallifante de la industria antes de llegar a conocer el cásting, dispuestos a hacer el ridículo en televisión, para al final en la mayoría de las ocasiones no aportar absolutamente nada a la cultura, más que un puñado de temas escritos por soplapollas, con letras de lo más insustancial y melodías fáciles que se acercan más a un puto tono o politono, que a una buena canción. Y es que para un servidor, la música es mucho más que jugar al karaoke. La música está formada por un largo trabajo de composición, letras, melodías, producción, arreglos, etc. Y quien solo sabe cantar -a veces ni eso- ni es músico ni es nada.

Luego tenemos a los tipos que como un tal Sergio, profesor de baile o que se yo de otro cutre reallity de esos parecidos de la tele, llamado Fama, aprovecha su popularidad para llenar el mercado de más y más mierda que algunos siguen empeñados en compararlo con la música, y luego pregonar a los cuatro -algunos a los cuatrocientos- vientos, que -el tal Sergio ya lo ha hecho- su disco no es oportunista, si no fruto de la casualidad el que se edite en estos precisos momentos. Al igual que un tal Leo de la vieja factoría de O.T. que, desgracias de la vida, se nos ha vuelto a colar en casa en forma de naufrago pijo, y justo, fruto de nuevo de esa puta casualidad, nos empaqueta otro producto lleno de más y más mierda en forma de asquerosas melodías.

Llegados ya este punto, toca hablar de Rodolfo Chikilikuatre, o como cojones se escriba, que hasta ese detalle me la trae bien floja, la verdad. Ya de por sí Eurovisión me asqueaba un rato grande, pero entre aquellas Ketchup y este Chiki Chiki de ahora, ha conseguido entrar en la lista de cosas que me dan asco a más no poder, al igual que una buena vomitona, una cagada de gallina o el mismísimo aceite de hígado de bacalao -quien no lo haya probado, que lo intente-. Hablo con la gente y descubro que a muchos les gusta. Me hablan del humor, de lo buen actor que es el tipo, e incluso rara es la conversación sobre el puto Rodolfo en la que no me sacan a relucir al Buenafuente de los cojones. Y creo que a estas alturas sobra que diga que me da tanto asco el del Chiki, como Andreu. Pero ese no es el tema. Que dejen a la música en paz y que se dediquen ha hacer el payaso, que es lo que saben hacer. Y no le quito mérito al payaso, mucho menos al de toda la vida, pero no conviene tampoco confundir payaso con actor.

Luego desde las altas esferas de la industria y desde asociaciones varias de autores y otros engendros, no hacen más que dar la vara con el rollo de la piratería, como si el resto de la mierda de la que aquí he hablado no fuese responsable de que el negocio se les vaya a tomar por el culo. Aun sin haber mencionado aquellos casos de fraude, tales como el de Modern Talking, el grupo alemán que triunfó dos veces, una en la década de los 80 y otra a caballo entre finales de los 90 y los primeros dosmiles. Con el tiempo, uno descubre que ni el rubio ni el moreno (Dieter Bohlen y Thomas Anders) que formaron parte de tan enigmático grupo -se dice que ha sido el grupo alemán que más discos ha vendido en su tierra- nunca pusieron a sus discos más que sus putas caras. Ósea, puro escaparate. Al igual que pasó con Blue System, el proyecto del rubio en solitario que duró el silencio entre etapa y etapa de Modern Talking. Las voces en realidad eran de otros con la misma cara dura que en su día tuvieron los creadores de los Milli Vanilli. ¿Quien no los recuerda aún? Una vez descubierto aquel fraude, salieron de nuevo al mercado como The Real Milli Vanilli. Ahora las voces de Modern Talking y de Blue System salen al mercado como System In Blue. Si te gustaban aquellos temas, no dudes en buscarlos en la red, que piratear a piratas no creo que sea delito. Que cuidadito... que puede que todo esto no sea cierto, que los bulos están también muy de moda. Pero es una información que no solo la podemos encontrar en la red, si no que también lo he escuchado en una radio de esas que uno toma por serias. Pero cuando el río suena...

Si todo esto no es mierda... Que baje dios y lo vea...

Yo, desde luego, me quedo con la música. Con la buena música. Me da igual que sea pop, que rock. Lo mismo celta que chill out.

jueves 27 de marzo de 2008

Las vacaciones de Semana Santa


No recuerdo una Semana Santa tan extraña como la que acabamos de dejar atrás hace tan solo unos días. Unas pequeñas vacaciones que siempre fueron esperadas y disfrutadas de forma que pareciese casi que estaban escritas de antemano. Año tras año.

Y es que salvo alguna extraña excepción, fueron siempre unas bonitas vacaciones que parecían seguir un guión escrito de un año para otro. Un guión que parecía no tener nunca fin, aunque como casi todo en esta vida, ese inesperado final llega antes de lo que uno se espera. Y en el fondo, tampoco es algo que me sorprenda, pues la vida nos va cambiando a todos a pasos agigantados.

Año tras año, la noche de jueves santo salíamos de copas por la preciosa ciudad de Zamora, hasta que a eso de las 5 de la mañana la parada era casi obligatoria para ver la famosa procesión del "Cinco de Copas", o más conocida por nosotros como la del "borracho". Después, el chocolate con churros haría que el alcohol marcase un poco menos nuestro acento ebrio y así estar algo más serenos, aunque no del todo, para el viaje de vuelta hasta el pueblo que vio nacer a muchos de nuestros padres, a no menos de 60 largos kilómetros. En rara ocasión, las sopas de ajo, o alguna inesperada visita a alguna discoteca sustituyeron al chocolate, pero no era lo habitual.

El viernes era día de compras en Rabanales, salvo que nos mosqueásemos con Santiago, el carnicero, aunque tampoco era lo habitual. Y aunque durante años, la iglesia se ha empeñado y se empeña en engañarnos con tonterías varias, tales como el pecado que uno comete si ese día come carne, para nosotros esa era la noche del gran atracón a base de pinchos de cerdo adobado por nosotros mismos y asado con el mayor de los esmeros en la lumbre de cualquiera de nuestras casas, especialmente en las de Pakito o en la mía.

El sábado, el guión nos decía que por la tarde teníamos que ir de compras a Miranda Do Douro, allá en tierras portuguesas, aunque la mayoría de las veces nunca comprásemos nada y por la noche tocaba tomar copas y más copas por los bares de Alcañices, entre los que debo destacar el Epoca, el Dos Duendes o el Yo Que Se, para que el domingo nos dedicásemos a vegetar todo el día por el pueblo y como mucho, disfrutar de una chocolatada una vez cayese la noche a modo de despedida, dejando escrito ya en ese mismo momento el guión para el próximo año. Y todos tan amigos. Casi hermanos.

Pero esta vez todo fue distinto. Esta vez el protagonista de esas breves vacaciones fue mi padre. Mi padre y la compañía de una importante parte de mi familia. Nada de lo escrito en el guión fue llevado a cabo. Y no se porqué, nada más pisar aquellas tierras alistanas, tuve la extraña sensación de sobrar allí y de querer irme inmediatamente. De repente me sentí extraño en mi propia casa.

Y volveré, estoy seguro de que volveré y hasta que eso pase, no sabré si de verdad me encuentro a gusto allí o si aquel no es ya mi sitio, pero soy consciente de que aquella película que tantos y tantos años duró, ya terminó. Y nunca lo olvidaré. Ni olvidaré aquel viejo guión, ni a ninguno de sus actores. No. A pesar de todo, a ninguno.

miércoles 12 de marzo de 2008

La Música


Quienes me conocen bien, saben que mi gran pasión es la música. Adoro la música. Da igual de qué tipo. Me gusta el pop, el rock, la música celta, el dance, el chill out, la clásica... Cualquier sonido de cualquier instrumento, ya sea una guitarra, un piano, una flauta, un violín, la percusión, una trikitixa o la adorada gaita. Me vuelve loco la música y mi sueño sin realizar es haber sido músico, pero no se tocar ni la pandereta. Mi culpa, no haberle echado nunca los huevos suficientes.

Es por ello que no entiendo a esos músicos que de vez en cuando dejan caer en la prensa que nunca escuchan música. A Rosanna por ejemplo, la escuché una vez decir que no quería contaminarse escuchando otras músicas que no fuesen la suya y al increíble Mike Oldfield, afirmando algo parecido hace solo unos días. Que solo escuchaba lo que él mismo hacía.

Sin querer quitar mérito alguno en lo que a su estupenda profesión tienen ambos, he de decir que, una de dos, o nos mienten descaradamente como vulgares concejales de urbanismo o son gilipollas del culo. Y es que un músico que ame la música, nunca diría semejante disparate, salvo que, y también podría ser, sea yo mucho más músico que ellos aun sin tener ni puta idea de que viene primero, si un Re o un Fa.

viernes 7 de marzo de 2008

El comercio y los festivos

La Comunidad Autónoma Vasca es de las pocas, incluso me arriesgaría a decir que la única, donde gracias a la fuerza de los sindicatos, aún no se abren los comercios ni centros comerciales los domingos ni festivos. Y digo aún, porque muchos empresarios hambrientos de dinero por aquello del que, cuanto más tengo más quiero y apoyados por importantes sectores de los gobiernos, tanto autonómico como estatal y por algún cantamañanas que otro, que alega no tener tiempo para hacer sus putas compras en las doce horas que muchos comercios permanecen abiertos de lunes a sábado, llevan años intentando abrir, sin importarles un comino la vida familiar de los empleados.

En más de una ocasión he leído u oído opiniones de estos cantamañanas, que defienden la apertura del comercio en festivo porque ellos no tienen tiempo de hacer sus compras entre semana, pero no son conscientes de que quizás tampoco tendrían tiempo de comprar los días en rojo si también ellos tuviesen que trabajar. Porque, de acuerdo, abramos el comercio y los centros comerciales los festivos, pero también todas las oficinas, y los bancos y cajas, los organismos oficiales tales como ayuntamientos, hacienda, tráfico, oficinas de DNI y demás, sin olvidarnos de Correos, ambulatorios o talleres. Y ya puestos, muchos de ellos no solo en horario bonito de mañana, ni tan siquiera en verano, si no como el comercio, hasta las 10 de la noche. Salvo la noche de Reyes o preparaciones de rebajas, que por solidaridad con el personal de las tiendas, deberían de permanecer abiertos todos ellos hasta las 5 de la mañana.

Solo así seremos todos iguales y solo de esa forma esos cantamañanas entenderán que hubo un día en que hubiese sido mejor que se hubiesen metido la lengua en el culo.

jueves 6 de marzo de 2008

Paranoia


A veces me transporto a mundos que hasta para mí mismo resultan extraños y difíciles de entender. Mundos llenos de nieblas, mundos oscuros, abstractos y espesos. Mundos que en realidad no deben existir. O quien sabe si esos mundos soy yo mismo. Y dentro de ellos me hago extrañas preguntas a las que quizás sea mejor no encontrarles respuesta.

Preguntas que al fin y al cabo nos haremos todos aunque no queramos. Preguntas extrañas. Preguntas frecuentes. Preguntas que nunca querríamos preguntar. Y de hecho, nunca preguntaremos. Preguntas de vivos. Preguntas de muertos. Preguntas sin más.

Dicen que soy hombre y que vengo del mono. Que voy a morir por culpa de una tal Eva y de una manzana y que alguien me espera sentado a la derecha de un tal padre. Padre que unos y otros se empeñan en decirme que dicen que ha dicho quien nadie sabe si así ha sido. Y quien sabe qué tiene todo esto de incierto.

Yo solo sé que nacemos, vivimos y morimos. Uno tras otro, siempre lo mismo. Todos igual, pero todos diferente. Algunos hoy, otros mañana. A lo sumo, algún que otro día.

Creo saber ya lo que es vivir, aunque no cual es la meta ni la razón. Ni tan siquiera si estas existen. Pero desconozco qué es nacer y me a asusta la seguridad de tener que morir. Y pienso el porqué de que de una semilla nazca un árbol, de un huevo un pollo o de una nota una canción. O porqué hoy hace frío y mañana calor.

Nadie... que nadie presuma de poder saber la diferencia entre la cordura y la locura.

Que paranoia!

martes 4 de marzo de 2008

La rotonda de los idiotas


No quiero presumir aquí de que sea yo un conductor experimentado, ni mucho menos, y admito que en la carretera cometo también mis errores y muchas veces negligencias leves o no tan leves fáciles de evitar con solo un poquito más de cordura y precaución, pero hoy quiero gritar a los cuatro vientos la cantidad de idiotas que llenan a diario nuestras carreteras y que muchas veces, por ignorancia sobre todo, se creen los putos amos del asfalto.

Y es que me jode cantidad cada vez que viajo por una vía de dos carriles en cada sentido y el de la derecha se encuentra vacío, mientras que el izquierdo parece una procesión de almas en pena. Cosa aparte es cuando la vía es de tres carriles y todo dios circula o por el del centro o por el izquierdo, como si el derecho fuese un carril solo para cobardes o pringadillos. Porque créanme, con esa actitud, los carriles derechos sobrarían en nuestras carreteras, con el ahorro que ello conllevaría a Fomento y con ello, a nuestros bolsillos.

Pero donde más me hierve la sangre, es en las rotondas. En mis más de 18 años de carnet de conducir, me he dado cuenta de que no solo la inmensa mayoría no tiene ni puta idea de hacerlas, si no que encima te pitan y se cagan en tus muertos si tú las haces bien. Razón por la que, y de manera breve y concisa, quiero explicarle a esos idiotas que en las rotondas, una vez dentro y salvo señalización específica, siempre tiene preferencia quien circula por su carril y debe cederle el paso quien tiene intención de abandonarla circulando en ese momento por un carril distinto al exterior. Eso es así y no hay más vuelta de hoja, pero no porque lo diga yo, ni mucho menos, si no porque así viene recogido, aunque con otras palabras, en el Código de Circulación. El mismo donde viene recogida la obligatoriedad de circular por el carril derecho. Y quien opine de forma diferente, que calle. Que calle, que se informe y después que hable. Más que nada por evitarle que haga el ridículo.

Lo peor de todo, es que conozco ya a varios que tras tener un disgusto por salir de una rotonda, golpear al que circulaba por el carril exterior y por su derecha, montarle el pollo y ponerle de tonto para arriba, ha tenido que pagar su reparación y la del contrario, pero aun así sigue pensando que la culpa no era suya.

Y es que hace falta ser idiota...

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PD: Echarle una ojeada a la ilustración del encabezado para ver como hay que hacer realmente una rotonda. Seguro que aún así, habrá algún tarugo que pensará que está mal. Que lo correcto es como lo hace él.

martes 26 de febrero de 2008

Y Antonio, tiene que votar?


En pocos días tenemos de nuevo elecciones generales y nos veremos en el derecho, que no deber, de votar para elegir un nuevo presidente de gobierno, a la vez que mientras, toda una enorme tribu de hambrientos buitres acecharán al humilde ciudadano con todo tipo de chorradas, promesas y pantomimas, que no se las creerán ni tan siquiera sus fieles afiliados. Salvo excepciones, claro está.

Pero no voy a entrar en temas de política diciendo quien es mejor o quien es peor, pues soy de los que a menudo piensan que lo mismo da uno que otro, ya que mis problemas me los tendré que solucionar yo solito y ellos solo se preocuparán de engordar sus cuentas corrientes y de intentar apartar nuestra atención de cosas serias e importantes con tonterías varias tales como la iglesia "pa'cá" la iglesia "pa'llá", la familia o diversos planes que independientemente de que sean apropiados o no, les hace olvidar incluso a ellos mismos los problemas reales de la ciudadanía.

El objetivo de estas palabras no es otro que criticar la forma dictatorial que tienen nuestros demócratas políticos de conseguir llegar al poder, partiendo por el mismo día de las elecciones. Y me refiero al caso de mi amigo Antonio. Hace unos días le llamaron a su casa y una voz de hombre le pidió que le abriese la puerta. Le traía una notificación. Lo curioso es que eran ya las 10 de la noche y Antonio, bastante sorprendido, supo comportarse y no mandar a tomar por el culo a aquel extraño. Yo quizás lo hubiese hecho. Y es que esas no son horas de notificaciones.

Una vez abierto el sobre, Antonio descubrió que había sido elegido para formar parte del personal que el día 9 de marzo tendrá que sentarse en las mesas durante más de 12 horas para que el resto pueda votar. Elegido así, al azar. Y en caso de no acudir, será condenado a una privación de libertad y a una multa.

Y yo me pregunto: ¿es esto democracia? Porque resulta que Antonio es de ese tipo de gente que en su legítimo derecho, pasa olímpicamente de la política, y la considera, sin faltarle muchas veces razón, la gran mentira de nuestros tiempos. Y no la política en sí, si no la política que se hace hoy.

¿No sería más democrático y "políticamente correcto" que el gobierno elaborase una lista de voluntarios para acudir? Porque por haber, hay gente a la que le alegraría ir a la mesa esos días, aunque solo fuese para llevarse los 50, 60 o 70 euros -ni lo se, ni me importa- que el gobierno paga por ello. Otra buena opción podría ser también recurrir a aquellas gentes que se encuentran cobrando por ejemplo el subsidio del paro.

Pero me resulta curioso que en más de 30 años de supuesta democracia, nunca se hayan preocupado de esto. Bueno, ni de esto, ni de los cientos de problemas que de verdad nos preocupan a la inmensa mayoría de los ciudadanos.


Por cierto, en 35 o 36 años, jamás se ha molestado nadie del gobierno en saber como le va la vida a Antonio o sobre si tiene un mísero trozo de pan que llevarse a la boca.





A mi amigo "Antonio".

sábado 23 de febrero de 2008

El último o penúltimo eclispe


¿Alguien sería capaz de explicarme los motivos del porqué cada vez que hay un eclipse, ya sea de sol o de luna, siempre nos dicen que es el último de esta decada, cuando no dicen que es el último en taitantos años? Si al poco tiempo vuelve a producirse otro. Yo al menos, he visto ya cerca de 20, o 30... y siempre he oido la misma película: el ultimo hasta... bla, bla, bla...

viernes 22 de febrero de 2008

A mi padre.


Quiero escribir y no puedo. Quiero expresar cosas que quizás desde hace semanas llevo conmigo, pero a la vez me encuentro vacío. Vacío de ánimo. Vacío por dentro y vacío por fuera. Vacío de alma. Y curiosamente, lleno de rabia. Rabia por la vida y rabia por la muerte. Rabia de odio a no se qué y rabia de amor a lo que un día fue y hoy ya no puede ser.

Quisiera gritar, pero no saco fuerzas. Quisiera callar, pero el silencio te mata por dentro. Y es que aunque el que suscribe es consciente desde hace mil años de que la muerte forma parte de la vida, uno no ha sido nunca capaz de asimilarla, de digerirla. De querer compartir ratos con ella. Odio la muerte.

Esa muerte que un mal día eligió, entre otros, a mi padre como compañero. Mi padre, aquel buen hombre criado en un pequeño pueblo de Zamora entre vacas y praderas, posiblemente en uno de los peores momentos que la historia le ha dado a este país. Aquel buen hombre que junto a su estupenda esposa, supieron criar a su único hijo como lo hicieran aquellos que fueron los mejores padres del mundo.

Aquel buen padre que se desvivía porque a su hijo no le faltase nunca de nada. Que pasaba las horas feliz paseando conmigo y mi pequeña bicicleta por las calles del barrio bilbaíno donde plantaron raíces. Aquel tipo que se aprendió a la fuerza los ríos y los montes de España a la vez que su historia, mientras se esforzaba porque yo hiciese lo mismo. Quien sufría si yo sufría y quien se revolvía en sus adentros si yo o los suyos lo pasaban mal. O tan solo regular.

Aquel padre que siempre tenía un buen consejo para cualquiera. Que a veces incluso de protector, resultaba algo pesado, pero siempre con la mejor de sus intenciones. Quien nunca pegó a nadie ni tan siquiera levantó su voz, salvo a mí en contadas ocasiones cuando liaba alguna de las gordas que yo solía liar y tenía la mala suerte de que él me pillase.

Aquel marido que vivió la enfermedad de mi madre como si fuese la suya propia y quien incluso la ofreció uno de sus órganos vitales para mejorar su calidad de vida.

Recuerdo que le encantaban las películas de vaqueros, porque decía que en ellas siempre se hacía justicia y si podía, no se perdía ninguna de aquellas que en su día hizo Manolo Escobar, al cual adoraba. Igual que sus canciones, sobre todo las que él denominaba "de toda la vida". Aunque en el terreno de la música últimamente me sorprendiese bastante, pues lo mismo me pedía que le consiguiese lo último de una tal Diana Navarro, que lo último de Gigi D'Agostino, un disc-jockey italiano que se dedica a crear temas discotequeros de los cuales huiría cualquier hombre curtido de su edad.

Conductor de autobuses urbanos en una gran ciudad donde conducir apesta, artesano de la madera debido a su enorme afición desde siempre por la carpintería y sin saber disfrutar de sus merecidas vacaciones o de su preciada jubilación de otra forma que no fuese trabajando para los suyos o cuidando de sus manzanos o castaños que quizás nunca le supieron estar a la altura, juro que dejó decenas de obras de esas que en parte hacen que uno se haga inmortal, al menos hasta que caduque la memoria de quienes tuvieron o tuvimos la suerte de conocerle.

Setenta años después de nacer... Setenta años, un mes y veinte días... ese hombre del que habló, quien durante algo más de 36 años respondió siempre a mi llamada de "papa" -curiosamente nunca le llamé aita-, se fue sin decir ni adiós. No creo que fuese su hora, pero tampoco creo que sea nunca la de nadie. Odio la muerte ajena. Y es curioso, pero aquella misma noche y sin yo saber que mi padre se estaba marchando, no pude pegar ojo debido a que el viento entraba en mi cuarto y hacía un ruido ensordecedor como no lo había hecho nunca. Ni lo ha vuelto a hacer.

Si algún día soy padre, solo pido que tras mi muerte, mi hijo se sienta al menos tan orgulloso de su padre como yo hoy me siento del mío. Aunque ya es mucho pedir si tan solo pido la mitad.

A la memoria de mi padre. Que en Paz descanse.



S. B. F.
22-11-1.937 / 11-01-2.008.




Salva.

Bienvenidos a mi mundo azul (Aquí empezó todo)

Bienvenidos a mi mundo azul. A partir de ahora ya tengo mi pequeño espacio en la red para contar todas aquellas historias que de vez en cuando se le ocurren a uno y le apetece compartir con el resto de mortales. El nombre del blog no es muy original, la verdad, pero no me interesa ponerle un nombre bonito, si no escribir aquello que siento en cada momento o que simplemente me apetece. Así que una vez más, bienvenidos a mi mundo azul.