viernes, 2 de octubre de 2009

Noche de miedo


 Principios del mes de agosto, un año cualquiera de no hace muchos, aunque sí unos cuantos. Un bonito y pequeño pueblo zamorano del que ya he hablado aquí más veces. Algunos de mis amigos. Una poca de familia por parte materna. Mi madre, mi mujer, entonces aun novia y un servidor. Un paseo por la carretera después de cenar. La meta, al igual que lo había sido durante años y años en aquel pueblo, un lugar conocido como "el empalme", que no es más que un cruce de carreteras en medio de la nada. Solo una señal informativa te dice que cerca de allí hay vida. Que no estás perdido. Pero no es un cruce cualquiera. Aquel es especial, pero que nadie me pregunte la razón. No sabría explicarlo. Muchos años atrás tuvimos allí hasta un colchón medio escondido donde descansar. Suena raro, pero juro que es cierto. Y el lugar aun me emociona. A mí y a muchos. Quizás ya para siempre.
Aquella noche llegamos a la meta como lo habíamos hecho decenas de veces antes. Quizá más de cien. Quien sabe si muchas más. A veces de noche. A veces de día. Unas andando, otras en bici. Una vez en el empalme, decidimos sentarnos un rato a descansar antes de iniciar la vuelta hacia el pueblo. Era de noche, pero había buena luz. La luna y las estrellas estaban de nuestra parte. De parte de los diez. Porque aun no lo he dicho, pero éramos diez. Y en noches así, apetece charlar. Poco después, algo llamó nuestra atención. La de todos. Un ruido. Como una voz. Y decía: - " eeooo" -. Una y otra vez: " - eeooo" -. Unos decían que aquello era una persona. Otros un animal. Pero, ¿qué animal?, ¿qué persona?. La voz seguía cada vez más cerca: "- eeooo -". "- eeooo -". Al final la cosa asustaba un poco y no por miedo, si no más bien por prudencia, decidimos bajar. Y digo bajar, porque el empalme está más alto que el pueblo. Un pueblo pequeño donde en invierno no llegan a cuarenta los que allí habitan. Y eso contando algún niño. Creo que hay más vacas que vecinos. Y ovejas. Y almas. Sí, he dicho bien. Más almas que vecinos también. La noche estaba despejada. Totalmente despejada y llena de estrellas. Tantas, que daba la sensación de que no cogiese ni una más. Es lo bueno que tienen los pueblos. Las noches son preciosas. Pero de repente nos envolvió la niebla. Dejaron de verse la luna, las estrellas y casi hasta las jaras que bordeaban la carretera. Todo era niebla a nuestro alrededor. Una niebla espesa. Y aunque algunos trataban de justificarlo, yo no había visto aquello jamás. Y menos en verano. Poco después empezamos a ver una luz a lo lejos. Aparecía y desaparecía. Pero cada vez más cerca. Como una linterna. Pero una linterna gigante. A lo mejor como la de un faro de costa. - Igual es un coche - decían algunos. - O una moto - pues solo era una. Pero se movía muy rápido. Aparecía y desaparecía. A derecha y a izquierda. Ahora sí. Ahora no. Y no venía precisamente de la carretera. Seguimos andando hacia el pueblo. A veces nos reíamos, otras parecíamos acojonados. Pero incluso en los ratitos de humor, nadie quería ir en los extremos. Eramos diez y todos bajamos pegados. Unos a otros. Por el centro de la carretera. Como si allí hubiese miedo. Demasiado miedo. 
Llegados al punto desde donde ya se divisa el pueblo, aquella niebla desapareció. La luz dejó de verse y aquel "- eeooo -" no he vuelto a escucharlo jamás. Ni de una persona, ni de un animal. Seguramente no fuese más que una tontería. Pero hoy, más de trece años después, reconozco que pasé miedo. Y estoy seguro de que no fui el único

9 comentarios:

Jeijo dijo...

Inquietante historia la verdad...

Cuando la estaba leyendo me imaginaba a Domingo, u algún otro ser peculiar de la zona, entre las jaras gritando "eeooo", pero lo de la niebla si que es preocupante...

Anónimo dijo...

¿Niebla en agosto y de noche? que raro, en ese mes a veces la he visto por la mañana. ¿Y la luz? que pasó con la luz?. lo del "eooo" lo mas seguro que era aiguien que os acojonaba.
Saludos.
Gumaro

Mundos Azules dijo...

Niebla en la noche, aunque parezca raro. La luz desapareció a la vez que la niebla una vez divisamos el pueblo. Y el "eeooo" fue curioso. Pocos se creyeron que fuese una persona y pensaban más en un animal. Pero que animal?. Menos mal que no estaba solo. Aparte de que me hubiese acojonado, si leen esto podrían dar su versión. Un saludete.

Verano de 2.002.

Anónimo dijo...

Es para acojonarse y mas denoche, aunque diendo en cuadrilla es mas díficil. Mas de cuarro veces me acojoné denoche en el camino del molino, aún en noches claras y con luna, aveces sentias grayar la zorra en los testarales de la llama, o rugir algo entre las jaras, y cuando ya se te habían puesto todos los pelos de punta, resuitaba que era el perro. El camino del molino era muy miedoso para toda la gente, no sé por qué.

jorgogi dijo...

Cuanto menos inquietante que diria el de Cuatro :D

Drea dijo...

Yo todavía me estaría rayando.

Mundos Azules dijo...

El camino del molino miedoso de noche? El camino del molino y todo el pueblo. La verdad es que ese pueblo de noche da un poco de cague. Drea: son tantas las cosas por las que debería de estar rayándome todavía, que uno no podría vivir agusto. Así que al final no son más que meras anécdotas. Y las hay peores, jejeje. Por cierto, Jeijo, de Domingo no, pero de su madre podría contar una, que a mí ya me tocó correr.

Jeijo dijo...

jeje,menuda ha sido toda la vida. Pues ya tienes otra historia más que contar en tu blog...

Es que el camino del molino se mete muy en el monte y hay mucha "bichería"

Anónimo dijo...

En mi epoca eramos mas valientes, un servidor a la edad de 12 años dormia con el rebaño, y ha veces alguien para acojonarte se tapaba con una sabana blanca y se te aparecía en la media noche y hasta se te cortaba la respiración y toda la noche acojonado al lado del perro con el culo mas apretao que el de una gallina.

Gumaro