viernes, 4 de diciembre de 2009

Los mandamientos de las mal cuidadas de Dios.


Una terracita de bar. Mi cortadito de media tarde, mi hijo y mi mujer. Que si vaya tiempo y tal. Que si en noviembre y veintitantos grados. Que si pajaritos por aquí, que si pajaritos por allá. En la mesa de al lado tres marujas mal cuidadas despachan su café. Poco más allá, sus retoños se divierten en los columpios ajenos al pedorreo de sus madres. Y digo lo de mal cuidadas porque a una de ellas la conozco y es más joven que yo, pero aparenta unos cincuenta o más. La otra, jersey de lana algo desfasado, zapatos de tacón y chándal. Y es que siempre he odiado el chándal como prenda de vestir. Es lo más cutre y hortera que he visto en mi vida y lo entiendo como prenda deportiva, poco más, pero allá cada cual. No hablan, gritan. Y al final, aunque uno no quiera, acaba por enterarse de la conversación. Acojonante, oye.

La que aparenta los cincuenta salta de repente con que: - es muy triste, los niños de ahora no se saben los diez mandamientos. - Las otras dos asienten, como dándole la razón, mientras la de los cincuenta continúa: - antes nos sabíamos los mandamientos de carrerilla -. Y la otra, la tercera en discordia, de la que todavía no he hablado porque no encuentro manera alguna de definirla sin llegar a ofenderme ni yo mismo, la responde emocionada: - uy, los mandamientos y el padre nuestro... y el Ave María... - Tras lo que la de los poco más de treinta aparentando cincuenta suelta aquello de: - primero, amarás a dios sobre todas las cosas, segundo, no tomarás el nombre de..., quinto, no matarás, octavo, bla bla bla y así hasta diez, para terminar con aquello de que esos diez mandamientos se resumen en dos, que son patatín patatín y patatán patatán.

A un servidor se le atraganta el cortado, malo de cojones, todo sea dicho y de no ser porque conoce de vista y de toda la vida a aquella que aparenta unos cincuenta, pensaría que aquello era una broma con cámara oculta. Lo más curioso es que siempre la he tenido por una tipeja algo imbécil y no muy buena gente, por lo que me dan ganas de aportar mi granito a aquel gallinero y resumir toda su conversación en un único mandamiento, norma o como dios quiera que se diga: a dios rogando y con el mazo dando. Pero opto por el silencio. Al final cada uno se castiga y se flagela como le da la puta gana.

De repente miro a mi hijo y aunque aun no se entera de nada y lo único que quiere es jugar, me pregunto como se tomará en un futuro la religión y en bajito le susurro: - cariño, tú ni caso a estas beatas. Ni mandamientos, ni mandamentiras. Aita y ama se conforman con que seas buena persona. Con que ayudes a quien te lo pida y con que nunca le hagas daño a nadie. Pero que no te engañen con promesas que nunca pueden demostrar. Y que cuenten el daño que causaron años atrás. Y es que a mí me pasa como a Tino: creo en Dios y hasta de vez en cuando hablamos con él. Pero no necesitamos intermediarios. Charlamos con él cada vez que queremos y está disponible. Y en una de esas Dios me dijo: - no le hagas mucho caso a lo que escribe el hombre en mi nombre -. También me dijo que él no leía mucho mi blog. Que contaba muchas bobadas y tal, pero ese es ya otro tema sin importancia.

Por cierto, señoras de treinta y tantos que aparentan cincuenta, no hace falta ser divinas de la muerte, pero cuidarse un poco y preocuparse de una misma tampoco está de más. Y dejen a los niños que jueguen y se diviertan, que ya tendrán tiempo de milongas y charlatanes.

Ah! y sugiero un nuevo mandamiento: no utilizarás el chándal más que para hacer deporte.

4 comentarios:

chaly vera dijo...

Generalmente son las mujeres maltratadas por la vida las que mas se preocupan por la religion. Y lo mas interesante es que no saben nada de ella. Creen que por recitar los 10 mandamientos, dos o tres oraciones ya han cumplido.
No voy a decir como educar a los niños, cada padre sabra como quiere que su hijo sea.
un abrazo

Jeijo dijo...

Como dice el dicho: la ignorancia es atrevida...

ana dijo...

hola Salva! soy una de esas mujeres, que aparentan más edad de la que tienen fruto del descuido, aunque no he llegado a usar tacones con el chandal, por ahí sí que no paso!
aunque en mi caso, no le puedo echar la culpa al maltrato de la vida sino al propio.
creo que estando en tu situación, sentado en una terracita, con mi pareja y mi hijo, hubiera desconectado de esa conversación horrorizada, porque vomitar no es algo que me apeteciera en ese momento.
lo más triste de todo no creo que sea la conversación en sí, que lo es bastante, si no que sea lo único de lo que se les ocurriera hablar en una terraza, con amigas, en una situación distendida.aunque, me quedan serias dudas de que sean amigas si para rellenar el tiempo recitan los 10 mandamientos, aquellos que desterré de mi memoria ni sé los años

Mundos Azules dijo...

Ana: ni aparentas cincuenta ni te pareces en nada a las marujas de mi relato. Créeme. A mí no obstante, aquellas tres anti-princesas me sirvieron de inspiración para contar una de mis tonterías.