jueves, 19 de febrero de 2009

Los ochenta y tantos con Ana



Hay que ver lo creída que es la muchacha. Si hasta ella misma lo reconocía en el e-mail que me enviaba hace unos días, donde me sugería que hablase en mi blog sobre "aquellos maravillosos años" y que ya de paso, que diese mi versión de los hechos, sin tener yo muy claro a qué hechos se refería - o sí, quien sabe -. Lo que sí que tengo claro, es que la época a la que ella se refiere, es a la de los últimos coletazos de la adorada década de los ochenta. Y que son infinitos y entrañables los recuerdos que guardo de aquellos días y de aquellas gentes con las que me rodeaba. Recuerdos que por cierto, de vez en cuando me gusta desempolvar y darles un repaso.
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Ana entró en nuestras vidas a finales del año 1.986, cuando Mikel y Juan Carlos (ambos eran mis mejores amigos) y yo, no éramos más que unos simples mocosos que nos pasábamos las tardes comiendo pipas sentados en los bancos de aquel parque donde un día hubo un ferial y suspirábamos por tener nuestro propio coche (a ser posible un Golf) y por conocer a alguna niña que fuese guapa, agradable y sobre todo, y lo más importante, que nos hiciese algo de caso. Aunque no fue hasta 1.988 cuando debido a la proximidad de las fiestas patronales del barrio y al proyecto de montar una cuadrilla para ambientar las mismas, de verdad se amplió el grupo y aparte de Victor, Miguel Angel, Dani, Xaho, Nekane, Idoia, Rosa, Mertxe o Marimar, también se nos unió ella. Ana. La adorable Ana. 
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Ana lo tenía todo. Entraba dentro de ese tipo de niñas por las que suspirábamos mientras nos hinchábamos a pipas en el parque. Era guapa, agradable, inteligente y supo ser siempre una estupenda amiga, aunque no todo van a ser elogios; también era algo repelente en ocasiones y extremadamente pija y repipi. Pero nos encantaba a todos. Creo que no hubo un solo mocoso de la cuadrilla que no se enamorase de ella, aunque Ana era especialista en pasar de todos y en regalarnos calabazas un día sí y otro también. A todos, sin excepción. Incluido Juan Carlos, que siempre era el resultón del grupo. 
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Aunque como no éramos más que unos niños, todo nos daba igual. Ayer nos había enamorado con sus encantos y mañana sería nuestra mejor amiga, nuestra confidente y hasta mi celestina. A Ana le pedía consejo sobre aquella amiga suya inseparable que me gustaba ahora, sin contarle nada de que ayer había ocupado ella su lugar. Y ella nos soltaba la paliza a nosotros con aquellos que la gustaban, a la vez que la ayudábamos en lo posible a conseguirlos. Por mucho que tratásemos de convencerla de que solo la gustaban los tontos, como el Txutxi aquel, que aparte de tonto, era insoportable y engreído a más no poder. Incluso en la cuadrilla llegamos a bautizar unas patatas fritas de bolsa como "patatas de Ana", aunque ya no recuerdo porqué. O sí...

Tardes y tardes de lluvia en la Taberna Aitor. Aquel primer concierto de El Norte y sus "Diamantes Para Siempre" en la Plaza Nueva de Bilbao. Una pregunta sobre cine: "¿Quien engañó a Roger Rabbit?". Las reuniones de confirmación los viernes por la tarde o los domingos por la mañana, según les cuadrase a nuestros monitores, Julio, Maite, Conchi, Julia o Montse. Las inolvidables excursiones al Txarlazo, al Kolitza o al Pagasarri. Noches de verbenas en nuestro barrio y en los de alrededor. El inolvidable fin de semana rodeados de guitarras y de nieve en Ubidea. Los mejores amigos del mundo. Y cientos de horas gastadas en los bancos de aquel parque que aun hoy miro con nostalgia. Con mucha nostalgia. Con la seguridad de que allí nos juntábamos hace más de veinte años muchos de los mejores amigos del mundo.
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¿Mi versión de los hechos dices? Gracias, Ana. Un millón de gracias por aquellos años en los que fuiste tan importante. A ti y a toda aquella estupenda cuadrilla, algunos de los cuales aun siguen compartiendo el camino conmigo. 

3 comentarios:

ilu dijo...

La de pipas que se venderían en aquellos años, porque aunque fuera en distintas ciudades parece que la mayoría hacíamos lo mismo en nuestros parques.
Yo nunca fui la "Ana" del grupo, pero curiosamente si que existía una Ana que se incorporo a nuestra pandilla y por la que todos suspiraron, pero a ella le gustaban otros más mayores.
Yo tengo fotos parecidas a las tuyas con ese color tan caracteristico....aysss cuanta nostalgia.

Besos ya desde Bilbao

Kato dijo...

lo bueno que siempre tienes contacto...

Rosa Gómez dijo...

Uyyyy......Hoy.....no se como....(Bueno si,creo que me siento nostalgica y hoy me he acordado de mi parque,nuestro parque,,,y de ciertas cuadrillitas que por alli furrulaban)y de pronto me he visto reflejada en esas tardes ,comiendo pipas...en esas reuniones,donde me vienen a la mente tantos recuerdos,,,o esas convivencias,,,donde mi extrema timidez,no me dejaba dar muchos de los pasos,que me hubiese gustado dar.....Hoy....no se porque ...he recordado "" Aquellos maravillosos años"" ,y mi imaginacion se ha escapado a aquelos bancos llenos de cuadrillas....Y pensar...que habra sido de ellas????