lunes, 2 de febrero de 2009

Mi fracasado y absurdo plan

Hace ya muchos años tuve en mente un plan que al final nunca llegué a realizar y que me hubiese gustado llevar a cabo. La inspiración me vino a raíz de un hecho que me llamó extraordinariamente la atención y que se remonta al verano de 1.991, cuando me recorrí media Castilla y León haciendo autostop y caminando por los arcenes con la única compañía de una mochila y de un viejo walkman destartalao donde ya entonces sonaban Los Secretos. Aquel 14 de agosto, poco después del mediodía y bajo un sol abrasador, llegué a Herrera de Pisuerga. Agotado, sin comer y muerto de sed, le pedí a una anciana que estaba junto a la puerta de su casa un poco de agua para beber. Y no solo me dio agua, sino que aquella buena mujer me invitó a pasar a su casa para descansar e incluso me ofreció quedarme a comer. Me bebí casi dos litros de dos botellas distintas sacadas de la nevera; dos botellas de cristal de un litro cada una, con el viejo logotipo de Kas y tras una breve y amena charla con aquella agradable y bondadosa viejecita, continué mi camino rechazando aquella invitación para comer, no por falta de hambre o por querer hacer el feo, sino por las ganas que querer llegar ya a mi destino tras más de ocho horas de extraño viaje. Durante el resto de aquel verano no fui capaz de quitarme de la cabeza aquel gesto ni a aquella anciana. Años después he pasado varias veces por aquel lugar y me he quedado mirando la casita, contándole la historia a quien me acompañase en ese momento y aunque me hubiese gustado parar y llamar a la puerta, algo me decía que aquella mujer ya no iba a estar allí, así que nunca me atreví a probar suerte.

Inspirado por este hecho, aquel plan que nunca llegué a realizar consistía en pasarme una semanita en algún lugar de la península donde, elementalmente, no me conociese nadie y buscarme la vida para todo. Para comer, para dormir, para subsistir, incluso para pasada esa semana, poder regresar a mi casa. -Pues vaya plan - pensarán algunos. Al fin y al cabo eso es lo que hacemos todos cuando salimos de vacaciones o de fin de semana y no lo contamos en un blog. Pero mi plan era algo más complicado, pues consistía en no llevar ni una sola peseta en el bolsillo, ni tampoco tarjeta de crédito con la que poder sacar dinero. Ni tan siquiera teléfono móvil para llamar en caso de que las cosas se complicasen. Aquella sería una aventura de una semana tan solo con lo puesto, así que habría que escurrir el ingenio incluso para poder ponerse cada día un calzoncillo nuevo o limpio y no oler a jabalí. Y elementalmente en mis planes no figuraba cometer falta o delito alguno contra la propiedad. Para eso ya están los bancos y las cajas.

Mis planes pasaban por pedir si fuese necesario o por montar cualquier tipo de numerito para conseguir dinero, incluso hacer cualquier trabajo de pronto pago y si llegado el momento de tener hambre y no haber conseguido un duro, pues a la panadería y a la charcutería de turno a meter la paliza al tendero o tendera para conseguir al menos un churrusco de pan y unos gramillos de jamón york o de mortadela "by the face". Y si en una no había suerte, pues a por otra. Muy mal tendría que darse para no conseguir algo que llevarse a la boca. Y a la hora de dormir, más de lo mismo. Hostal por hostal, pensión por pensión y a tratar de conseguir cama gratis y si no había suerte, algo muy probable, pues a la iglesia del pueblo, a la Cruz Roja o a intentarlo con cualquier vecino que te quisiese cobijar.

Algunos de mis amigos al contarles el proyecto, pensaron que de un tiempo a esa parte se me había ido la pinza un rato largo. Otros lo veían como algo curioso, pero no evitaron decirme que estaba "chalao". Pero dos de ellos se ofrecieron a acompañarme y a vivir aquella experiencia conmigo, aunque querían negociar al menos la posibilidad de llevar una tarjeta de crédito por si acaso y un teléfono móvil. Por si las moscas. El asunto prometía, pues ya no iba a ir solo.

Tras aquella aventura, aun quedaría pendiente un plan "B", que consistía en regresar al lugar tiempo después y pagar la deuda generada. Con todo bien anotado, devolver a sus gentes cada duro prestado o cada trozo de pan entregado de corazón. Porque una cosa es querer vivir una experiencia curiosa y otra ser un caradura. Y el fin de todo aquello no era otro que comprobar la amabilidad, el trato y la reacción de la gente en primera persona cuando uno le pide para comer o para vivir.

Al final pasaron los años y uno fue adquiriendo compromisos varios y aquella aventura no pudo ser, pero me hubiese gustado que en vez de contar hoy esto aquí, que al final no tiene interés alguno y no es mas que paja, hubiese contado como nos fue mi plan. Mi fracasado y absurdo plan.


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A aquellos que por circunstancias de la puta vida y sin quererlo, se ven obligados a vivir de la misma forma en que yo creí una aventura. Y a aquella anónima viejecita.

3 comentarios:

nomolamos dijo...

la verdad que es un plan curioso... lo mas parecido a eso es hacer el camino de santiago.. pero claro siendo peregriño tienes donde dormir.... y a un peregrino se le mira de otra manera....
Seguramente hubieses podido escribir un libro de anecdotas... seguro que si... pero las cosas se nos complican y no pueden ser... necesitariamos otra vida para hacer lo que se nos quedo en el camino....
un besazooooooooo....

Drea dijo...

Me ha encantado. De verdad. Pero lo del agua sí que es verdad no?

Mundos Azules dijo...

Nomolamos: ese es otro de mi planes fracasados: el camino de Santiago, aunque este aun tengo la esperanza de que algún día acabaré haciéndolo. Andando o en bici y saliendo desde mi casa.

Drea: es verdad, es.