viernes, 8 de enero de 2010

Cerrado porque sí.



31 de Diciembre. Nochevieja. Cuatro y pico de la tarde. A pesar de ser el último día del año, se considera jornada laborable a todos los efectos. El pequeño que alegra nuestras vidas desde hace poco más de trece meses no deja de llorar. El termómetro digital nos indica que tiene fiebre. - Algo habrá que hacer - coincidimos mi mujer y yo. El ambulatorio de nuestro barrio tiene la persiana echada. Pero no es un caso aislado. Cierra a diario a las tres. Las tardes en mi pueblo no están hechas para ponerse enfermo. Tiene huevos la cosa. Sí, sí, a las tres. Aunque un cutre cartel pegado en su puerta nos informa que a pocos kilómetros de distancia tenemos otro pelín más grande para las urgencias e imprevistos. Creo recordar haber mencionado ya que todo esto ocurrió el 31 de diciembre. Nochevieja. Último día del año. Laborable a todos los efectos. O eso creo yo. Aun así, por ser el día que es, resulta que este otro ambulatorio pelín más grande también está cerrado. Una llamada al teléfono habilitado para las urgencias, atendido, todo sea dicho, por una persona muy correcta y cordial, la cual admite no entender lo que tampoco entiendo yo, nos indica y aconseja que acudamos a un hospital. Es la única solución. Que un niño llore y tenga algo de fiebre puede no ser tan grave como para colaborar a colapsar las urgencias del hospital, pero no hay más remedio. Y la culpa no es mía. Diagnóstico: una otitis. Sin más. Antibiótico y a disfrutar de la noche. Todavía queda la aventura de encontrar una farmacia cercana abierta. De guardia que las llaman. Feliz año nuevo. Urte berri on.

Paradójicamente, esa misma tarde y un par de horas después, todos los centros comerciales y la inmensa mayoría de tiendas de barrio seguían abiertas. Moda, hogar, calzado, decoración, regalos, joyerías, alimentación... Y mi ambulatorio cerrado a cal y canto. Es jueves y ya no abrirá hasta el lunes.

Hoy repaso la prensa y leo de nuevo un artículo que habla sobre la apertura del comercio en domingos y festivos. Y observo como algún cantamañanas ligado a la Administración Pública sigue dando la brasa con que es imprescindible abrir y carga contra la presión sindical de mi comunidad, la única que hasta ahora ha plantado huevos en todo este asunto. Y entonces se me enciende la vena gorda, me cago en todo lo fregao y me pregunto: ¿pero no es más importante un ambulatorio que el puto Media Markt? A ningún iluminado de estos con cargo público a lomos se le ha ocurrido jamás solicitar que mi ambulatorio abra de 8 a 22 como mínimo y de lunes a domingo. Y que lo hagan las farmacias también. Todas, no solo las cuatro de guardia. Que hay mucha gente sola y mayor que no puede desplazarse por sí sola. Pero no. Desgraciadamente, a los membrillos les importa mucho más que nos podamos gastar nuestra tela, que mi ambulatorio y la otitis de mi hijo. Triste, pero real.